11-A. Golpe de Radio (Extracto)

El 11 (abril de 2002) amaneció garuando. La oposición había convocado una marcha que saldría del Parque del Este y llegaría hasta Chuao. Las radios y las televisoras despertaron a la gente con cintillos y consignas: “¡Venezolanos, todos a la calle!… ¡Trae tu bandera!.. ¡Ni un paso atrás!”

Por la autopista Francisco Fajardo se veía ese río de opositores a Chávez embanderados y gritando. Pero cuando la cabeza de la marcha llega al local de Pdvsa en Chuao, los líderes se encaraman en la tarima y comienzan a decir que se van para Miraflores. Son once kilómetros hasta el centro de la ciudad, donde está el Palacio de Gobierno. Pero nada ni nadie los detendría. Dieron media vuelta y enfilaron hacia Miraflores.

La televisión atizaba la candela. Eso eran imágenes y más imágenes de la marcha. Entrevistaban a los manifestantes enfurecidos:

—¡A retomar el poder!… ¡Ahora sí sacamos a ese coño é madre!

—¡Chávez, comunista, ya nos tienes hastiados!

—¡No queremos un zambo como Presidente!… ¡Marginales!

—¡Y mira ese ministro que lo acompaña, el tal Aristóbulo, que parece un mono!… ¡Pál zoológico, donde debe estar!

—¡Desobediencia civil!

El ambiente era de rebelión. Por las emisoras y televisoras privadas se llamaba abiertamente a tumbar al gobierno. ¡Y después dicen que aquí no hay libertad de expresión!… Porque esa vez, hasta con la esposa de Chávez se metieron.

—¡Marisabel, si nos estás escuchando, habla con tu esposo y dile que renuncie, que se largue!… ¡Y si no renuncia, vete tú, abandona a ese tirano!

Fueron a la casa presidencial aquí en los Dos Caminos, en la Carlota, y rodearon la casa y golpearon la puerta.

—¡Sal, Marisabel, ten dignidad, salte con tus muchachos, abandona al tirano!

Y coreaban hasta desgañitarse: “Se va, se va, se va… se va, se va”. Y luego comenzaban las consignas:

—¡Ni un paso atrás!… ¡Fuera, fuera, fuera!

Janet, nuestra locutora, estaba en la marcha y logró, a empujones, acercarse a Antonio Ledezma. Con su celular logró sacar al aire los gritos del dirigente de la Coordinadora Democrática.

—¡Hoy vamos a recuperar el poder!… ¡Hoy sí!

-Pero lo que están haciendo es una locura –le urgía Janet– ahí adelante hay gente que los está esperando. ¡Van a chocar los dos trenes!

—¡Hoy salimos de Chávez, hoy salimos de este problema!… ¡Aquí hay que hacer como en Argentina con De la Rúa, cercar Miraflores y que se largue el tirano!

Cuando Janet colgó, nos derrumbamos en la cabina de la radio. Yo me eché a llorar.

—Hoy va a haber una matazón.

Al fin, después de mil desvíos y otros tantos callejones, llegamos a la casa del gobernador. Todavía hoy no sé dónde queda. En medio de aquella angustia, qué me iba a fijar en direcciones.

Cuando el carro toca la corneta, sale la hija del gobernador dando gritos:

—¡Ay, papá, a Chávez lo sacaron!… ¡Dicen que ya renunció!

—¿Cómo que renunció?

—¡Que lo metieron preso, que lo van a mandar para Cuba!

—Tranquilízate. Vamos para adentro.

—Y yo… –meto la cuchara– ¿para dónde voy?

—Amigo chofer –muy cortés el gobernador–, ¿cuánto le debo?… Ah, y por favor, lléveme a este muchacho a donde él le diga.

—¿Para dónde va usted?

—A La Urbina. A Radio Fe y Alegría.

No olvido la buena vibra del gobernador Liborio Guarulla cuando me despidió.

—Cuídese, Javier.

—Cuidémonos, gobernador.

Todavía no eran las tres de la tarde y ya estaban informando de los primeros heridos. ¿O muertos? Se escuchaban tiros, gritos. Pero, ¿quién tiraba y desde dónde? Yasmín, del equipo de prensa, había ido a cubrir en Puente Llaguno, que queda a un par de cuadras del Palacio de Miraflores, nos llama desde su celular.

—¡Aquí la broma está pelúa!… Están disparando… Yo estoy metida debajo de un carro porque…

De fondo, escuchábamos la plomazón, los alaridos, los pepazos. En la pantalla veíamos los alrededores de la estación del Metro El Silencio, atiborrados de gente.

A las 3 y 45 de la tarde fue la cadena nacional de radio y televisión. Desde el Salón Ayacucho del Palacio de Miraflores, Chávez se dirigió a la nación:

—“Retírense, no lleguen a Miraflores, evitemos la confrontación”.

Fue entonces que los cuatro jinetes del apocalipsis, como el mismo Chávez los había llamado en su momento –Venevisión, Globovisión, RCTV y Televén– tuvieron la conchuda idea de partir la imagen. En el lado izquierdo de la pantalla aparecía Chávez llamando a la calma. En el derecho, los chavistas matando gente. ¿O no eran chavistas? Pero para el público sí eran, porque los comentaristas de las televisoras lo afirmaban así:

—¡Chávez se ha manchado las manos de sangre!… ¡Una masacre en El Silencio!… ¡Asesino, asesino!

Transmitimos hasta las siete de la noche. Después cerramos la radio y calabaza, calabaza, cada quien para su casa.

Cuando la matanza, Ortega y Carmona no estaban en la marcha. Invitados por Cisneros, se instalaron cómodamente en el búnker de Venevisión, junto con el presidente de la Conferencia Episcopal, monseñor Baltazar Porras, el empresario periodístico Rafael Poleo y el ex ministro del Interior chavista, el octogenario Luis Miquilena, quien iba a anunciar su separación expresa y pública del gobierno de Chávez. En determinado momento, Carmona dijo sentirse fatigado y pidió retirarse por algunas horas para ir a descansar y reanudar la conversación en la siguiente mañana. Pero desde el Fuerte Tiuna informaban que Carmona estaba allí, en la oficina del general Vázquez Velasco, comandante en jefe del Ejército. Ortega, visiblemente ofuscado, habló por su celular consecutivamente con Carmona y Vázquez, y se abstuvo de ir al recinto militar. La alianza obrero-empresarial aparentemente había terminado con una previsible traición”. Aram Aharonian, Petróleos de Venezuela, el gran botín del golpe, Brecha, Uruguay, 21 de abril del 2002.

Cuando llegué a la radio, estaba todo oscuro y cerrado. ¿Habría alguien adentro? El chofer me deja y se despide:

-Yo me voy, amigo, que la cosa se va a furruquear más.

Agarro el celular y veo que ya no tiene carga. Aporreo la puerta de la emisora.

—¡Abran la puerta!… ¡Soy yo, Javier!

Y comienzo a oír tiros a lo lejos. Tiros ya no tan lejos. De pronto, una bulla de gente que se acerca. Seguramente malandros, pensé. Pero no me abrían la jodida puerta y yo seguía como un huérfano con la maleta y los malandros que ya vienen por la esquina.

—¡Carlos, César, abran la puerta, coño!… ¡Me van a destripar aquí y ustedes encuevados como dos ratones!

Me metí en unas matas y cuando veo que ya se acercan los patoteros, oigo el chirrido de la puerta. De un salto estaba dentro y bajo llave.

—Aquí estamos –dice Carlos, el salvadoreño–. Es que le habíamos metido candados y sillas a todas las puertas.

—¿Están listos?

—Requetelistos, para lo que usted mande.

—¿Y tú, César, te quedas también?

—Me quedo, con una condición, que haya café y cigarrillos para pasar la noche.

—Hay –le digo–. Marisol compró como para una guerra.

—¿Vamos a salir al aire?

—No es que vamos, es que ya estamos saliendo. Carlos, búscate la libreta con los teléfonos a ver qué reportero queda por la calle. César, ¿listo en la parte técnica? Ve buscando conexión con Maracaibo. ¿Estamos?

Todavía no eran las 10 de la noche cuando abrimos los micrófonos.

—Saludos a todos los oyentes del país que nos escuchan a través de la red informativa nacional de Radio Fe y Alegría. Amigas y amigos de la 1390, estamos nuevamente en el aire llevando a sus hogares las noticias, las diferentes versiones de los trágicos incidentes ocurridos en esta jornada… ¡Fe y Alegría con todas las voces!

Cuando Javier llega a la radio de Caracas, vuelve a llamarme a Maracaibo.

—Ya estamos en el aire, Gerardo –me habla acelerado–. Pero tengo un problema.

—Feliz tú que sólo tienes uno –le digo–. ¿Qué pasó?

—Que nosotros no hemos pagado el recibo de DIRECT TV. No podemos sintonizar los canales internacionales.

—Eso es una gran vaina porque los canales nacionales están haciendo propaganda más que información.

—¿Ustedes sí pagaron?

—Maracucho cumple, compañero.

—Aquí en Caracas no podemos ver nada, ni siquiera lo que ocurre en Caracas.

—Y aquí en Maracaibo no podemos cubrir los hechos, porque el desnalgue es allá en la capital.

—¿Entonces?

—Hagamos lo del cojo encaramado sobre el ciego.

—¿Cómo es esa jugada?

—Nosotros les prestamos los ojos a ustedes, les decimos lo que estamos viendo en televisión. Y ustedes nos prestan las patas. Y mandan los reporteros a donde esté la candela. También les podemos adelantar contactos telefónicos desde aquí de Maracaibo. ¿Qué dices?

—Eso es un tiro al piso –Javier ya más sereno–. No tiene falla.

Yo me atornillé en la mesa de la cabina máster y comencé a informar y a intentar analizar lo que estaba pasando.

La información que se está manejando en casi todos los medios es que ha habido una masacre y que el Presidente Chávez es responsable de ella porque fue él quien dio la orden de disparar. Vamos a buscar otras fuentes porque en la televisión privada ya sabemos qué piensan.

Le digo yo a Carlos que encuentre donde sea, bajo las piedras, a Miguel Salazar. Es un periodista confiable y está vinculado con fuentes militares. De seguro nos puede dar otra versión de los hechos. Como no teníamos reporteros en la calle, teníamos que valernos del teléfono. Tuvimos tanta suerte que entró la llamada.

—Hola, Miguel, buenas noches. Dinos cuál es la situación hasta ahora.

—Bueno, hay una confrontación de carácter militar en estos momentos. Militares afectos al Gobierno y militares en contra.

—¿Y dónde está Chávez?

—Sigue en Miraflores. Está con sus ministros, con su gente. Están analizando. No se sabe más nada.

—Pero, ¿Chávez ha renunciado o no?

—Un grupo de generales que parecían de los más leales se han alzado contra él. Están en este mismo momento presionándolo para que renuncie. Si en diez minutos no se resuelve esto, hay la amenaza de un ataque sobre el palacio.

—¿Y qué está pasando en los cuarteles?

—En los cuarteles hay división. Se viene una confrontación de consecuencias impredecibles.

—Explícame lo de Puente Llaguno. ¿Chávez dio la orden de disparar como dicen los medios?

—No, no, así no es la cosa. Todo esto ha sido bien planificado por los sectores de oposición.

—¿Quiénes dispararon?

—Unos francotiradores que estaban apostados en los alrededores, en las azoteas. Mira, Javier, tengo información de que en el hotel Edén hace poco se hizo un operativo y se capturaron unos extranjeros. Tenían armas. Los lograron agarrar. Esos fueron mandados por quienes querían que se formara la matazón. La cosa no está clara.

—¿Entonces…?

—Cuando hay un crimen, la mejor forma de descubrir al criminal es averiguando quién se beneficia. Y la oposición está aprovechando muy bien a los muertos de El Silencio. ¿Me explico?

Con las palabras de Miguel Salazar, por primera vez, se escuchaban otras voces que permitían desmontar el terrorismo verbal de los medios privados.

—Chávez quiso activar el Plan Ávila -continúa mi entrevistado.

—¿Qué Plan Ávila?

—Bueno, tomar las instalaciones militares, petroleras, hospitales, aeropuertos, los centros clave, como una acción preventiva, disuasiva…

—¿Y por qué no se activó?

—Porque los que tenían que activarlo eran los militares que se rebelaron contra el presidente.

—Cuando venía de Maiquetía vi pasar tanques…

—Esos tanques los pidieron para proteger Miraflores. Pero hubo una contraorden de un militar rebelde que mandó a retirar los tanques.

—La cosa está muy confusa. Ahora se centra todo en Miraflores. Me consta que se está planificando un ataque al palacio por vía aérea o terrestre.

Por mi mente pasaban las fotos de otro día 11, el 11 de septiembre en Santiago de Chile. ¿Se repetiría la historia?

—¿Y qué va a hacer Chávez?

—Nadie sabe nada.

Agradezco a Miguel Salazar y empiezo a analizar con la audiencia. Pero… ¿será que alguien nos está escuchando? Aquel trío matamoros –Carlos,

César y yo– nos sentíamos hablando a nadie, como los locos. Además, aquella cabina en tinieblas a medianoche, transmitiendo como si fuera guerra…

Es que era la guerra.

José Ignacio López Vigil

11 abril 2006

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

error: Content is protected !!
A %d blogueros les gusta esto: