Arsenal terapéutico

Hoy con sumo placer, gracias al semanario Las Verdades de Miguel, inauguramos esta columna llamada Arsenal Terapéutico; en ella trataremos temas de índole socio político, nacionales e internacionales, enfocados desde la perspectiva de la salud en especial con foco en el mundo de los medicamentos y la Farmacia, esperando sea de su interés.

Medicamentos, causa de muerte

Es más fácil determinar la muerte a causa de los medicamentos que por falta de ellos. A los medicamentos se le atribuye la tercera causa de muerte en EEUU y Europa. Los efectos adversos o reacciones secundarias como consecuencia del uso de los medicamentos ocupan lugares importantes en las estadísticas de muerte tanto en pacientes hospitalizados como en los que permanecen en sus hogares. Estos efectos que muchas veces son conocidos afectan indistintamente a las personas que reciben un medicamento por prescripción facultativa o por voluntad propia.

El fenómeno es tan común que la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) han destinado buena parte del capítulo XX de la Clasificación Estadística Internacional de Enfermedades y Problemas Relacionados con la Salud en su Décima Revisión (CIE-10) a codificar la morbilidad y mortalidad a causa de los medicamentos, incluyen los efectos adversos, errores en la prescripción, falta de eficacia y eficiencia, problemas de calidad, ingesta accidental e intoxicaciones, entre otros.

A modo de ejemplo, recordamos que en octubre pasado el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, declaró una emergencia nacional de salud pública en respuesta a las muertes atribuidas al consumo de analgésicos opiáceos, medicamentos bajo prescripción médica, cuyo consumo en sobredosis matan al año a más personas que las armas de fuego o los accidentes de tránsito.

Denunciar la “epidemia de opiáceos” le valió el premio Pulitzer 2017 como mejor trabajo de investigación al periodista Eric Eyre del Charleston Gazette-Mail, medio que por cierto acaba de declararse en banca rota. Desde entonces el tema de las defunciones a consecuencia del consumo de analgésicos opiáceos no ha dejado de arrancarle titulares a los periódicos, desde las muertes de artistas famosos ex-estrellas de rock, pasando por las relaciones internacionales de Estados Unidos con China, hasta las demandas interpuestas por los ayuntamientos contra las farmacéuticas que los producen.

 Las dimensiones mediáticas que ha tomado la “epidemia de opiáceos” es de tal magnitud y sorprendente, que ahora hasta se pone en duda las cifras de todas las muertes achacadas a este grupo de medicamentos.

¿Será una “olla montada”? Sospechosamente la tercera temporada de la popular serie Dr. House se encargó de recalcar el supuesto carácter adictivo del Vicodin, un potente analgésico opiáceo.

 Aunque la preocupación mundial son las muertes causadas por los medicamentos, en Venezuela nos ocupa las muertes que se producen por la falta de ellos, que como dije al principio del artículo son más difíciles de determinar.

 Cuando fallece un paciente con cáncer por falta de la quimioterapia nos invade un sentimiento de impotencia con culpa, a pesar de estar conscientes que la enfermedad muy difícilmente la cura el antineoplásico, bien sea por falta de eficiencia del medicamento o por su altísima toxicidad, la razón es que sentimos que no hicimos todo lo posible para salvar a nuestros seres queridos, el dolor es doble si el afectado se trata de un niño o una niña y ningún argumento o excusa lo consuela, ni los exagerados precios que imponen las farmacéuticas, mucho menos la negligencia de las fallas en el suministro público.

Hay un grupo de medicamentos que no dejan duda de cuya falta no puede salvarse una vida, son los medicamentos del petitorio de las salas de emergencia de los hospitales, solo por citar unos pocos a modo de ejemplo: desde un simple suero fisiológico, una ampolla de adrenalina, un anestésico o un determinado antídoto. Resulta inaceptable que por falta de algo, a veces tan sencillo y de tan poco precio, se pueda perder una valiosa vida.

No solo los medicamentos hospitalarios salvan vidas, cuantas personas hemos conocido que mueren asfixiados porque durante un ataque de asma no tienen a la mano la bombita del broncodilator o la pastilla sublingual del antianginoso a la hora de un infarto del corazón, aquí lo que cuenta es tener disponible el medicamento, no vale llamar a un 0800 ni da tiempo sacar del bolsillo el Carnet de la Patria, la muerte llega primero.

La muerte por falta de medicamentos no es cuento de caminos, nos puede suceder a todos, no importa nuestra ideología o tendencia partidista, sólo la reseñan los periódicos si a quien le sucede era político, artista, exguerrillero, exgrandesligas o dirigente estudiantil.

Si somos afortunados y no nos alcanza la muerte, los daños que sufrimos por no tener oportunamente un medicamento no son despreciables, a veces irreversibles. Los diabéticos “mueren” de angustia a diario por tratar de asegurar su insulina. Para finalizar este escrito, en espera de llamar la atención de los responsables del Gobierno en garantizar la disponibilidad y el acceso a tan preciado bien social, quiero recordar parte de un mensaje desgarrador enviado por un viejo camarada en un acto desesperado por obtener insulina, quien contaba dramáticamente que estaba sintiendo en su garganta el sabor agrio, como a manzana verde, producto del incremento de cuerpos cetónicos previos al desenlace y a sabiendas de lo que le esperaba dijo “parafraseando a Carlos Andrés Pérez, hubiera preferido otra muerte”.

Dicom

El nuevo Dicom 2018 generó gran expectativa, muchos pensamos o nos hicieron pensar que sería un alivio a la situación de desabastecimiento, sobre todo en el sector farmacéutico, que además serviría para sincerar el precio de la divisa y restar el componente especulativo del innombrable dólar today que finalmente conduciría a incrementar el acceso de las personas a los medicamentos. No obstante toda esperanza se desvaneció al publicarse la lista de adjudicaciones con la cifra que raya en lo ridículo de cerca de 300 mil dólares, cuando el propio ministro y vicepresidente del gabinete económico había prometido que el nuevo sistema podía dar cabida para el retorno de cerca de 300 millardos en capital fugado, contimás ni un solo dólar adjudicado al sector farmacéutico para la importación de materias primas o medicamentos. ¿Qué está pasando?, ¿qué es lo que no está funcionando?,  ¿dónde está el error?, ¿será el diseño del sistema?, ¿por qué los empresarios pagan cualquier precio por el dólar paralelo ilegal y sólo están dispuestos a pagar 30 mil por el dólar Dicom?, ¿por qué se descartan los métodos de contingencia si estamos en medio de una guerra económica?, la última pregunta, por ahora, ¿somos nosotros los ingenuos o es que el equipo económico del Gobierno piensa que la oferta y la demanda del mercado nos va resolver los problemas?

Movida de mata en Salud

Previo al asueto de carnaval, fecha tradicionalmente utilizada para realizar cambios en puestos sensibles de Gobierno, se realizó más que una movida de mata un movimiento sísmico. Este alcanzó dos despachos de viceministros y tuvo como epicentro el área de medicamentos. Los cambios álgidos se dieron en la dirección general del Servicio Autónomo de Contraloría Sanitaria; la empresa Profármacos, responsable de producir medicamentos genéricos ubicada en el estado Mérida; Qimbiotec, empresa que se dedica a la extracción de hemoderivados como la albumina y gammaglobulinas; y la empresa Espromed Bio, antigua fábrica de vacunas, que lleva el estandarte del conglomerado farmacéutico para la producción pública de medicamentos destaca porque quién recibe la responsabilidad de conducir esta última es el actual presidente del Instituto Nacional de Higiene Rafael Rangel. Qué más quieren que les diga, hasta la semana que viene.

Eduardo Samán

samanedu@arsenalterapeutico.com

Un comentario sobre “Arsenal terapéutico

  • el febrero 18, 2018 a las 12:13 am
    Permalink

    A,veces somos muy frÁgiles de la memoria, los años 80 y 90 en auge neoliberal se ocurrían ocultamientos, ahí o, enriquecimiento ilícito, estas mismas tácticas son utilizadas para sabotear a gobiernos revolucionarios, Evo Morales prohibió la exportación de productos de 1era necesidad, priorizando el mercado interno, el tema medicamentos y sus propietarios (corporaciones)es más complejo, porque pende la vida y precisamente es un factor de debilitamiento, inducido obviamente por el Imperio. Que hacer? Crear propias industrias farmacéuticas bastante complejo también, y si se podría en un futuro, dentro del marco de Unasur o la Celac en coordinación regional.

    Respuesta

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

A %d blogueros les gusta esto: