Bitácora de mi viaje a Venezuela

Venezuela, ese país maravilloso… (l)

11 de abril de 2018

Hacía cuatro años desde mi última visita a Venezuela, en la que estuve recorriendo el País y sus varios paraísos escondidos…,  como Los Roques, Roraima o Los Cayos, o el pequeño pueblecito de Chuao al que solo se puede acceder por Mar.

En aquella ocasión acababan de elegir a su nuevo presidente, Nicolás Maduro, en unas elecciones en las que todos los observadores internacionales certificaron como limpias y sin incidencias que reseñar. A pesar de lo cual, en las calles, grupos de manifestantes pedían ya su dimisión.

Al frente de aquel despropósito político, se situaba el hoy en detención domiciliaria, Leopoldo López. Ese para quien el gobierno del  Partido Popular en España, no se cansa de pedir la libertad.

Guarimbas

Aquellas, “guarimbas”, se zanjaron con varias decenas de muertos en las calles y varios detenidos, entre ellos el citado Leopoldo López que más tarde sería juzgado y condenado a varios años de prisión.

En esta ocasión, mi llegada a Caracas responde al interés que existe entre la opinión pública española, que comparto, por saber y conocer sin interferencias, qué es lo que ahora mismo está ocurriendo en nuestra querida Venezuela. En saber cómo se preparan las ya próximas elecciones presidenciales y legislativas, y en poder conocer de primera mano qué opinan los diversos sectores que componen la sociedad venezolana.

Un plan sin duda ambicioso para cubrirlo en los doce días que durará mi estancia en Venezuela en esta ocasión.

Mi primera impresión es la de que sin cambios radicales en el sistema económico y social, será muy difícil lograr una transformación suficiente en las estructuras sociales y en las actitudes de las personas, a todas luces cuestión imprescindible para una nueva Venezuela.

Quizás conviene recordar, llegados a este punto, que estamos ante un país rico, muy rico en recursos; y que sin embargo lucha a toda costa por no hundirse y no caer en la bancarrota de un sistema ineficaz y con demasiados agujeros por los que se escapan sus recursos.

Es como si no se hubiera aprendido nada de la grave crisis financiera que provocó la mega corrupción de la banca entre los años 2009/2012, y que hubo de afrontarse con la intervención de 21 Bancos, más de 50 Casas de Bolsa y siete Aseguradoras; todo a cuenta de los recursos públicos. Tal y como documentaron en su libro Sobre cómo actúa la delincuencia organizada en Venezuela,  Carlos Tablante y Marcos Tarre el año 2013 con un buen prólogo del juez Baltasar Garzón.

A estas alturas, y con todo lo sabido sobre la actuación de las mafias organizadas, debería estarse en ese tiempo en el que, el País, sus ciudadanos y ciudadanas con el Gobierno al frente, lucharan juntos por aislar a la delincuencia organizada y por mantener la independencia de sus decisiones al margen de las “poderosas injerencias interesadas” por sus recursos naturales de petróleo y oro principalmente.

Debería estarse en ese tiempo de poder elegir a los mejores, sean hombres o mujeres, para llevar a cabo esa tarea y la ingente labor que va a exigir la necesaria transformación de la economía que Venezuela necesita.

Una economía que debe estar basada, en gran medida, en conseguir a medio plazo una importante tasa de autoabastecimiento. Para lo cual se debe suspender  la subsidiación  de los precios y se debe acometer, gradualmente, la eliminación del Ticket de Alimentación conforme se normalice la situación de abastecimiento y de salarios.

De forma que los precios fluctúen en la misma banda de precios de los países fronterizos con Venezuela. Única fórmula  capaz de conseguir que los sectores productivos del País vuelvan a producir y a ser atractivos y rentables, que los productos vuelvan a los estantes de los comercios y que buena parte de la pequeña y mediana corrupción termine muriendo por “falta de alimentos y oportunidad de traficar”.

Y paralelamente se debería estar en ese tiempo en el que el mensaje a la delincuencia organizada de todo tipo que hasta ahora ha venido campando  a sus anchas en el País, fuera claro y rotundo; con detenciones y juicios rápidos, hasta revertir los tremendos datos oficiales de que sólo  un porcentaje mínimo de los homicidios que se producen son esclarecidos y juzgados. Según los datos del Observatorio Venezolano de la Violencia se determinó que en los tres años desde el 2010 y hasta finales del 2012, habían quedado impunes 91 de cada 100 homicidios. O sea, solo se había hecho Justicia en el 9% de los casos de asesinatos…

Y ahí siguen estando las estadísticas para cualquiera que las quiera mirar…

Venezuela, ese país hermoso… (II)

27 de abril de 2018

Los Roque

Decía hace cuatro años, en mi anterior estancia en Venezuela, que hablar de su situación política sin simplismos ni ideas preconcebidas, era el objetivo fundamental de aquel trabajo en el que, bajo el título “Del chavismo sin Chávez”, les conté también aquí, en Nueva Tribuna, la situación vivida por mi sin intermediarios…

El  mismo propósito que hoy guía mis pasos  en estos doce días que va a durar mi estancia en Venezuela.

He dicho ya, en la primera parte de esta nueva trilogía de artículos, que una de las prioridades, desde mi visión, debería ser el combate contra las delincuencias organizadas hasta terminar con ellas. Y que debiera ser eliminada cualquier subsidiación de los precios de los productos que sirve de alimento para todo tipo de corrupción y de corruptelas….

Paralelamente, el paso  imprescindible de acompañamiento sería el establecimiento de unos salarios suficientes que permitieran vivir  con dignidad. Y ello acompañado de un férreo control de la inflación.

En los días que llevo recorriendo Venezuela hasta aquí, he estado en Caracas y me he entrevistado con diferentes personas de sensibilidades políticas y responsabilidades mayores o menores o ninguna, en el proceso bolivariano.

Escuchando mucho y sin dar nada por supuesto o por sabido. De forma que, más allá de lo que son mis recuerdos de cuando hace ahora cuatro años estuve recorriendo el País, he querido volver a hacerlo con los ojos del recién llegado que tiene ante sí una realidad nueva y compleja…

Con amig@s que han seguido trabajando en el País a pesar de las dificultades, y con amig@s que han salido a buscarse la vida dejando atrás familia y amistades.

Es una realidad nueva, sin duda. Porque han pasado cuatro años que para la inmensa mayoría de venezolan@s representan un mundo nuevo con sacrificios y carencias.

Y es una realidad compleja, porque la situación que está atravesando Venezuela, con una inflación descontrolada y salvaje, hasta el punto de tener que intentar paliarla actualizando los salarios bimensualmente. Dos veces en lo que va de año, en enero y marzo. Y lo mismo con la bolsa Ticket de Alimentación que se entrega mensualmente para ayudar a compensar el desbordamiento de los precios que hace imposible que la gente pueda adquirirlos con lo que cobra  por su trabajo.

En lo que va del año 2018 como decía, los salarios han experimentado dos revisiones (lo mismo ha ocurrido con la bolsa Ticket).

En enero, el salario mínimo había sido fijado en 248.510 Bs y el Ticket en 549.000, lo que hacía un total de 797.510 Bs.

Cantidad que en marzo pasó a ser de 392.645 el salario mínimo y 915.000 el Ticket, con un total de 1.307.646 Bs.

Les puedo señalar, para comprender mejor la situación, que con el salario mínimo establecido en marzo, no alcanzaría ni para el desayuno del hotel en el que estoy, de un solo día. Esa es la triste realidad.

Existe una guerra no declarada para ahogar el sistema monetario venezolano. Lo que lleva a que por un dólar hoy, se estén ofreciendo 400 mil bolívares; en una escalada constante que no encuentra final. Sí, han leído bien. Un dólar vale hoy más que el Salario Mínimo establecido en el mes de marzo.

Ayudas directas del Gobierno

El Gobierno tiene en marcha una serie de apoyos para facilitar que algunos alimentos básicos le lleguen al grueso de la población. Está por una parte la bolsa Ticket que reciben todos los trabajadores y valorada en 915.000 bolívares, en la última revisión de marzo. Y existe también la Caja CLAP, que el Gobierno tiene establecido que llegue cada quince días a todos los hogares. Y donde aparecen una o dos botellas de aceite, dos o tres kilos de lentejas, dos o tres kilos de Arroz, un kilo de Harina de Trigo, tres kilos de Harina de Maíz, un kilo de Espagueti, un kilo de caraotas (alubia pequeña), dos kilos de leche en polvo, un bote de tomate y otro de salsa mayonesa. Entregas que sirven, puntualmente, por una muy módica cantidad de bolívares, para paliar la necesidad extrema de la gente, pero que también pone en evidencia la falta de una alimentación mínimamente equilibrada especialmente en niños y jóvenes. Y que además, tampoco tiene un funcionamiento perfectamente regulado que llegue a todos los hogares cada quince días… Lo cual hace que se propague cierta idea de proselitismo en el reparto, ya que donde funcionan mejor los Consejos Comunales la Caja llega puntualmente a todos y donde no, simplemente no llega.

Pequeños empresarios y la voz de la calle

Las visiones que pueden contrastarse en la calle y en los estamentos oficiales son evidentemente contradictorias.

Unas voces, como la de los pequeños empresarios, en la que destacan cómo la inflación les impide tener un mínimo de stock necesario para poder tener una producción solvente. Porque un saco de harina o cualquier otra materia prima, hoy cuesta un precio y siete días más tarde cuesta tres veces más…. El desfase que se produce entre lo obtenido por lo vendido y los nuevos costes de la materia prima para poder seguir produciendo no les alcanza o les deja sin margen alguno, haciendo imposible en muchos casos, la continuidad. Me cuentan que sólo por ese hecho son miles las pequeñas empresas que han tenido que cerrar. Porque, añaden, que si se quiere actuar respetando la ley, los productos deben venderse con arreglo a como costaron los medios y las materias primas para producirlo.

Y por si la situación inflacionista no fuera suficientemente grave, anómala y preocupante, por las dificultades que añade a la población, estaría la falta de dinero en efectivo; que convierte cada actuación en un reto.

Es sabido y comentado en todos los ambientes, que el dinero sale hacia Colombia y Brasil a toneladas, y que regresa poco a poco, convertido en 150% del valor que marque su billete ¿Por qué se da esta anomalía corrupta? Muy sencillo. Me explican que si pagas con efectivo (ese que no hay y que tienen que adquirirlo a las mafias que lo manejan) el precio a pagar es el fijado para los productos; pero si pagas con tarjeta el precio te lo cobran como con un 500% más. Y esto, que ha venido funcionando como si fuera parte del propio sistema anormalmente instaurado, acaba de tener en estos días una buena noticia,  la detención de una red de más de cien personas en la frontera con Colombia y millones de billetes intervenidos…

Medicinas y hospitales públicos

Empezaré  por recordar lo que decía con anterioridad relativo a los salarios aprobados en marzo, y donde el salario máximo a pagar en la función pública está también fijado en poco más de 24 millones de bolívares (hoy, cuando tomo estas notas, es 20 de abril y cien euros son o equivalen a 45 millones de bolívares).

Bien, a lo que iba. Me cuentan familiares de enfermos ingresados en estos hospitales públicos, que las medicinas que envía el Gobierno a los hospitales “desaparecen” para luego ir apareciendo, poco a poco, para quienes pueden pagarlas.

Me señalan con resignación y cierto humor, que sólo pueden hacer frente a los pagos los del “grupo fe” que es como son conocidos quienes tienen familiares en el exterior del País, y que con pequeños envíos de euros o de dólares hacen que sus familiares logren sobrevivir.

La explicación desde el lado oficial es que Venezuela aún teniendo los recursos suficientes para poder comprar las medicinas necesarias, se está viendo imposibilitado para hacerlo por el bloqueo decretado por los EEUU y la amenaza a las empresas que vendan o colaboren con Venezuela.

Venezuela, ese país hermoso… (III)

 5 de mayo de 2018

Candidatos

A estas alturas de mi recorrido en Venezuela, tengo que decir que no hay, o yo no veo, una sola Venezuela.

De una parte y representada por el treinta por ciento de la población, están los sectores convencidos del chavismo principalmente en sus barrios. Crecidos aun en las tremendas dificultades que afrontan cada día con la escasez de alimentos y de insumos necesarios como las medicinas.

En este sector de la población, el convencimiento de que todos los males que padecen son consecuencia del bloqueo económico decretado por los EEUU, con el apoyo de los gobiernos que le deben obediencia, es un acto de fe que no necesita de más historias. Y que lleva además, a que cualquier error real del Gobierno, sea visto como un mal menor que será enfrentado cuando toque. Ahora toca resistir la agresión de esta guerra no declarada, pero real, y que tanto sufrimiento les está costando.

De otra parte, está un sector (antes apoyo del chavismo y hoy crítico con la falta de medidas y avances del gobierno de Nicolás Maduro) que aun entendiendo el daño que el boicot financiero está produciendo en el pueblo venezolano, opinan que el Gobierno ha mostrado demasiada ineficacia a la hora de afrontar y enfrentar dichas situaciones. Que todo debería y podría estar funcionando mejor para el conjunto del pueblo venezolano, si se hubieran tomado las medidas adecuadas de apoyo a la producción propia y de diversificación de la economía.

Efectivo

Hoy representarían en torno a 10% de la población y aspiran a tener su propia representación en la Asamblea, como parte de la oposición que sí cree en el diálogo desde el qué construir la nueva Venezuela.

Y por último estaría una franja de la población que, sin ser homogénea ni participar de los mismos intereses políticos y sociales, estaría formada por fieles opositores y partidarios de la intervención más decisiva de parte de EEUU (algo que no nombran porque saben que no tiene apoyos sociales). Son poseedores de propiedades muchos de ellos, y temen que un afianzamiento de Nicolás Maduro, lleve a la socialización de sus propiedades como ocurriera en la Cuba del siglo pasado…

Igualmente, y desde el extremo opuesto, operarían pequeños sectores reclamando las esencias de una revolución para ellos traicionada o fallida por falta de firmeza.

Y completando el cuadro, sumamente heterogéneo, habría abstencionistas convencidos, desanimados, de que el proceso camine hacia algún proyecto que sólo sea la mera subsistencia en el poder…

De estos datos extraídos de la lectura entre líneas de las informaciones publicadas, de muchas horas de conversaciones, y tras largas charlas con unos y con otros; puedo concluir y deducir la victoria de Nicolás Maduro en las próximas elecciones del día 20 de mayo. Y no por ningún acto de fe, sino porque cuenta con prácticamente el 50% del voto decidido. En una consulta electoral en la que se prevé una participación en torno al 65% del censo electoral Nicolás Maduro tiene asegurado, con su franja de 30% de la población, el casi 50% de los votos decididos y que se van a depositar en las urnas. Lo que hace que pueda preverse como una victoria incuestionable sin ningún tipo de sobreactuación.

Y ese es el motivo y la necesidad de la inútil parte de la oposición venezolana que no se presenta a las elecciones, de desprestigiar el proceso electoral antes de que se produzca. Y seguramente también, el tremendo interés por parte del Gobierno venezolano de que haya observadores internacionales que puedan certificar la limpieza del proceso electoral.

Porque todos están ya pensando en cual vaya a ser el siguiente paso, en el acoso económico que viene desarrollando EEUU contra Venezuela. ¿Va a quedarse ahí la estrategia golpista o va a continuar escalando posiciones como reclama el sector inútil opositor abstencionista? Esa es la cuestión. Porque el cerco económico es cada día que pasa más fuerte y evidente, y la amenaza de sanciones a quienes negocien con Venezuela, también.

El bloqueo económico lo sufre directamente la población, que es el objetivo para crear malestar y tratar de romper el apoyo en el bloque chavista.

Por el contrario, para el chavismo, ganar las elecciones es una necesidad para ganar tiempo a su planeado cambio económico, ese que les permita escapar del bloqueo a su moneda y a su economía, y que les tiene condenados a no poder comprar lo que necesitan aun teniendo los recursos económicos para hacerlo.

Sólo queda por ver cuál vaya a ser el chance electoral de la oposición que sí se presenta a las elecciones. Está por verse si su voz organizada con varios candidatos presidenciales, consigue imponerse más allá de la llamada al boicot electoral de las cuatro fuerzas no presentadas y cuanto apoyo consiguen y como termina afectando a la abstención prevista.

Pero, fuera del proceso electoral y de la importancia que indudablemente tiene para el desarrollo del curso de los acontecimientos futuros del País, me interesa seguir profundizando en las dos realidades que vengo observando en el País.

La guerra no declarada de los EEUU contra Venezuela, es hasta aquí, una guerra financiera terrible en las consecuencias que de ella se están derivando para el pueblo de Venezuela:

La escasez de alimentos o la imposibilidad de adquirirlos a los precios dolarizados en una sociedad que cobra en bolívares y cuyo acoso ha conducido a un cambio paralelo de 400 Bs/dólar.

La falta de medicinas y las dificultades para poder llevar adelante cualquier tratamiento médico y de salud por sencillo que pueda parecer desde fuera.

La emigración de jóvenes preparados que están decidiendo emigrar de su País en busca de un bienestar y de un futuro que no ven posible ahora mismo en Venezuela.

-Y como ya decía en la primera parte de esta trilogía de artículos, la inseguridad y la sensación de que la delincuencia organizada campa a sus anchas mientras el Gobierno está ausente…

La realidad de los hospitales públicos es sin duda terriblemente lacerante. Quienes tienen la desgracia de ponerse enfermos hoy en Venezuela, saben de la incertidumbre que eso representa para sus vidas.

Desde muy cerca del Gobierno me contaban que esas situaciones de falta de medicinas e insumos tienen los días contados. Que a través de las nuevas transacciones en Petros (la nueva cripto-moneda con la que se van a realizar las operaciones de exportación e importación) va a permitir comprar las medicinas e insumos donde no llegue el bloqueo del imperio del dólar.

No lo sé. Quizás sea una visión demasiado optimista sabiendo el desafío que está en juego. Nada menos que el sistema financiero del dólar y su omnipotencia en las finanzas del mundo…

Pero desde luego, si hay un País que pueda respaldar una cripto-moneda con garantías, ese es sin duda Venezuela. Poseedor de la mayor reserva mundial de petróleo y de la tercera mayor mina de oro por toneladas calculadas.

Seguramente son los dos mayores activos de Venezuela para afrontar la situación, pero a la vez ese objeto del deseo, es también para su desgracia su mayor problema y desafío. Porque mientras en el tablero internacional se está jugando esta durísima guerra financiera, es el pueblo venezolano quien está poniendo el sufrimiento y todo tipo de sacrificios.

Martín Landa

Las elecciones pasarán, las ganará Nicolás Maduro porque no hay proyecto autónomo fuera del chavismo con fuerza para aglutinar unas mayorías diferentes. Y porque, volver a entregar las riquezas de Venezuela a la presión financiera de los EEUU como plantea la inútil oposición, no es una opción que guste a la mayoría de venezolanos.

Martín Landa (español) es columnista de Nueva Tribuna

 

 

 

 

 

 

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