Ciencia para todos

Al igual que otros tantos fenómenos naturales, la radiactividad fue descubierta en forma accidental.

En 1896 Henri Becquerel observó que unas placas fotográficas se velaban cuando estaban cerca de unas sales de uranio.

Hizo ensayos con el mineral en caliente, en frío, pulverizado, disuelto en ácidos y la intensidad de la misteriosa radiación era siempre la misma. Por tanto, esta nueva propiedad de la materia, que recibió el nombre de radiactividad, no dependía de la forma física o química en la que se encontraban los átomos del cuerpo radiactivo, sino que era una propiedad que radicaba en el interior mismo del átomo.

Esas mismas propiedades fueron encontradas en el torio, polonio y radio por los esposos Pierre y Marie Curie.

Se puede decir que la radiactividad es una propiedad innata en ciertos elementos que al igual que un cuerpo caliente, emite calor, afectando a lo que tengan cerca y disminuyendo ese efecto a medida que se aleja del cuerpo emisor.

La radiactividad se produce de forma natural en muchos elementos de manera que el cuerpo humano está habituado a ciertos niveles de este fenómeno, por ejemplo en la población de Gipuzkoa, España, tenga más nivel de radiación natural que el resto de Euskadi. Y la causa está en

IIrun. En la ciudad fronteriza y sus alrededores “existen unas canteras, en el entorno de Peñas de Aia, que tienen alta concentración de uranio y torio”, ambos presentes en el granito del macizo, en cuya desintegración se liberan elementos radiactivos.

Junto a la configuración geológica del lugar, otros factores que inciden en la radiación son la altitud –cuanto más lejos del nivel del mar, más radiación– y la latitud –cuando más lejos de los polos magnéticos de la Tierra más radiación–. Las de origen natural son las que provocan 82% de la radiactividad en nuestro entorno.

¿Cómo se produce?

Después de muchos experimentos para establecer como se producía este fenómeno, para conocer la naturaleza de estos “misteriosos rayos” resultó que algunos de ellos eran átomos de helio sin los electrones. Su núcleo está compuesto por dos neutrones y dos protones y se les denominó “partículas Alfa”. Otros eran electrones de rápido movimiento y se les llamó “partículas Beta”. Los había verdaderamente rayos, tal como los rayos X y se llaman “rayos Gamma”.

¿Por qué unos elementos son radiactivos y otros no?

El núcleo del átomo está compuesto por dos tipos de partículas: neutrones y protones. El protón es como nuestro numero de cédula de identidad. Su cantidad establece el nombre de cada elemento; por ejemplo, el que tiene un protón se le llama hidrógeno, el que tiene dos es helio y así sucesivamente (oxigeno, 8 protones; carbono 6 y uranio, 92).

Cuando un elemento tiene la misma cantidad de protones y neutrones en su núcleo se le llama “estable” porque no produce radiactividad, en el caso que haya demasiados neutrones en comparación con los protones se le llama “inestable” y emite radiactividad en algunas de sus formas.

Esta emisión la realiza hasta que la cantidad de neutrones y protones es igual.

Este tiempo puede tomar segundos como en el oxigeno, hasta miles de años como en el uranio. Ese lapso se denomina “tiempo de vida media”. El yodo-131 se torna estable a los 8 días. Cuando un átomo radiactivo emite una partícula alfa, pierde dos protones y cambia de nombre (el cesio-137 a los 30 años se convierte en Bario).

Existen dos clases: La natural (Rayos ultravioletas del Sol, Radiación Cósmica y la proveniente de los elementos inestables en el medio ambiente) y la artificial (De origen industrial, de uso médico tales como Rayos X, radioterapia, braquiterapia, irradiación de alimentos, esterilización de material quirúrgico, reactores nucleares, etc.)

¿Cómo nos afecta la radiactividad?

Las partículas alfa y beta y los rayos gamma interactúan con nuestras células, específicamente con el ADN, cambiando sus características. Estos cambios van a depender (al igual que una fuente de calor) del tiempo de exposición y de la magnitud de la fuente. Igualmente, la distancia a esta ultima.

Estos cambios en el ADN pueden ser inducidos en el tratamiento del cáncer para eliminar las células malignas. Igualmente en la braquiterapia colocando una pequeña cápsula ionizante o radiactiva en el tumor por un tiempo determinado. De esta manera no irradia al paciente en cuerpo entero evitando los efectos colaterales como la perdida del cabello.

Una exposición prolongada sin control puede generar daños irreversibles.

Los primeros síntomas son náuseas, quemaduras, perdida del contaje de glóbulos, mareos.

A largo plazo se genera cáncer de la piel y leucemia.

En futuras entregas hablaremos de las diferentes aplicaciones en la medicina, agricultura, industria, etc.

Leancy Clemente

leancyclemente@gmail.com/@leancyclemente

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