Conquista de América: Sangre, fuego y dominación colonial

Eduardo Galeano

“En 1492, los nativos descubrieron que eran indios, descubrieron que vivían en América, descubrieron que estaban desnudos, descubrieron que existía el pecado, descubrieron que debían lealtad a un rey y reino de otro mundo y un Dios de otro cielo, y que este Dios había inventado la culpa y el vestido, y que había sido enviado para quemar vivos a quienes adoran al Sol, la Luna, y la Tierra y la Lluvia que los moja”.

Eduardo Galeano

Los Hijos de los Días – pag.198

El 12 de octubre de 1492 los navíos españoles comandados por Cristóbal Colón tocaron las costas de América, iniciando la conquista y colonización de nuestro continente. El 11 de octubre quedaba así en la historia como el último día de libertad de los pueblos originarios americanos.

Los discursos históricos dominantes siempre intentaron presentar la conquista de América como un hecho inofensivo e incluso loable: un “descubrimiento”, un “encuentro de culturas”, “la llegada de la civilización”. Así, se intenta borrar la propia existencia de los pueblos originarios americanos y, fundamentalmente, se niega el hecho de que lo principal que trajo la conquista a América fue un genocidio y un brutal sistema de explotación y saqueo colonial.

Una conquista a sangre y fuego

Al momento de la llegada de los españoles, en América existían millares de pueblos originarios con distintos niveles de desarrollo: algunos grupos seguían siendo cazadores-recolectores, había pueblos con una producción agrícola y ganadera incipiente, y otros habían llegado ya a desarrollar sociedades divididas en clases, con grandes ciudades y Estados imperiales. Los dos más extendidos y poderosos eran los Aztecas en Centroamérica y los Incas en Sudamérica, con unos 20 y 15 millones de habitantes respectivamente, y cuyas realizaciones arquitectónicas, sus terrazas de irrigación, sus jardines flotantes, dan cuenta del alto grado de civilización que habían alcanzado. La conquista cortó el desarrollo autónomo de los pueblos americanos.

En el siglo XV Europa se hallaba bajo el régimen feudal, basado en la explotación servil de la masa de campesinos por los señores feudales, y se había lanzado a la expansión a territorios y mares lejanos en busca de nuevas rutas de comercio para obtener bienes y metales preciosos, en particular hacia el Oriente. España estaba gobernada por los Reyes Católicos Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, que habían unificado el territorio español expulsando a los árabes –que habían tenido conquistada la península ibérica durante 800 años– y a los judíos en nombre de la Iglesia y el cristianismo. Los Reyes acordaron con Colón una expedición hacia “las Indias” en el Oriente, y confiado en el descubrimiento (bastante reciente en Europa) de que la Tierra era redonda, Colón intentaría llegar a ellas navegando hacia Occidente.

Colón llegó a América pensando que había arribado a “las Indias”, pero en lo que no se confundió fue en sus objetivos. En su diario de navegación del 13 de octubre relataba sobre los indígenas: “Traían ovillos de algodón hilado y papagayos y azagayas y otras cositas que sería tedioso de escribir, y todo daban por cualquier cosa que se les diese. Y yo estaba atento y trabajaba de saber si había oro, y vi que algunos de ellos traían un pedazuelo colgado en un agujero que tienen a la nariz, y por señas pude entender que yendo al Sur o volviendo la isla por el Sur, que estaba allí un rey que tenía grandes vasos de ello, y tenía muy mucho”.

La conquista española se realizó aceleradamente. Los conquistadores no solo hicieron valer la mayor efectividad de sus armamentos, sino que aprovecharon en su favor las contradicciones internas de los indígenas: incorporaron a sus ejércitos a poblaciones sometidas como hizo Cortés contra los aztecas, y usaron las luchas sucesorias como Pizarro con los incas. Tras esto, se valieron de los sistemas imperiales ya constituidos para imponer su nueva dominación. En las zonas en las que predominaban pueblos dispersos la conquista les fue más dificultosa, e incluso hubo territorios que jamás lograrían conquistar, como los de la Patagonia.

Los indígenas, aún en medio de la sorpresa y la confusión, llevaron adelante múltiples hechos de resistencia. Las primeras expediciones españolas fueron constantemente emboscadas, la población indígena de Tenochtitlán (México) echó de la ciudad a Cortés y los españoles en 1520; en el Perú tras la conquista se organizó un Estado Neoinca que mantuvo la resistencia durante décadas; muchas ciudades fundadas por los conquistadores fueron arrasadas por las poblaciones locales como el caso de la propia Buenos Aires, etc.

La Iglesia católica jugó un papel destacado en la legitimación de la conquista. En 1493 el Papa Alejandro VI otorgó a la Corona de Castilla el derecho de conquistar América bajo la obligación de evangelizarla. En 1512 se estableció el llamado “Requerimiento” que los españoles debían leer a los indígenas previo a atacarlos para legitimar sus actos con un fundamento religioso.

El resultado final fue el triunfo de la conquista y el aniquilamiento de la población indígena. Las brutalidades de los “civilizados” mercenarios españoles no tuvieron límites. Como producto de las guerras, de las enfermedades que trajeron los europeos y de la brutal explotación a la que fueron sometidos, un siglo y medio después solo quedarían 3 millones y medio de los alrededor de 70 millones de originarios que poblaban América antes de la conquista.

Saqueo y explotación colonial

Conquistada América, la España feudal organizó el Estado y la sociedad colonial bajo su dominio. Primero fueron saqueadas todas las riquezas, en particular los metales preciosos, y tras esto organizaron un sistema de producción minera, agrícola y ganadera con destino al mercado europeo. Los indígenas sobrevivientes fueron repartidos en “encomiendas” entre los españoles y sometidos a relaciones de explotación servil o esclavista. Con el sistema de la mita, por ejemplo, los indígenas eran arrancados de sus comunidades por turnos para ir a trabajar a las minas de Potosí, de las que 7 de cada 10 nunca regresaban. A esto se sumaron millones de esclavos traídos de África para las plantaciones. Un estricto régimen de castas imponía a su vez la segregación y opresión racial.

La conquista, el saqueo y la explotación de América dieron un gran impulso al desarrollo económico de Europa, y, al decir de Marx, “aceleraron, con ello, el desarrollo del elemento revolucionario de la sociedad feudal en descomposición”, aunque más en otros países -en los que se desarrollaron las relaciones capitalistas de producción- que en la propia España. Pero en América, más que desarrollo, progreso o civilización, lo que la conquista española trajo fue sangre, opresión, saqueo y explotación, y una estructura económica centrada en el latifundio y en la producción de bienes primarios para exportar a las grandes potencias, lo que dejaría profundas huellas en nuestras sociedades.

Pero con la explotación y opresión colonial vendría también la resistencia. Durante tres siglos los indígenas, los esclavos negros y todos los sectores oprimidos enfrentaron en distintas formas la dominación española, que finalmente en el siglo XlX sería barrida con el estallido de las revoluciones independentistas.

Las brutalidades de la conquista

Fray Bartolomé de las Casas, un religioso español escandalizado por los abusos de los conquistadores, denunció en uno de sus escritos: “En este reino o en una provincia de la Nueva España, yendo cierto español con sus perros a caza de venados o de conejos, un día, no hallando qué cazar, paresciole que tenían hambre los perros, y toma un muchacho chiquito a su madre e con un puñal córtale a tarazones los brazos y las piernas, dando a cada perro su parte; y después de comidos aquellos tarazones échales todo el corpecito en el suelo a todos juntos”.

Su conclusión era que si la misión de los reyes de España era predicar la fe cristiana en América, “los medios para efecto de esto no son robar, escandalizar, cautivar, despedazar hombres y despoblar reinos y hacer heder y abominar la fe y religión cristiana entre los infieles pacíficos, que es propio de crueles tiranos enemigos de Dios”.

El “Requerimiento”

Este documento era leído por los españoles a los indígenas para cubrirse con un manto de legitimidad utilizando un fundamento religioso. Primero se les explicaba “que Dios nuestro Señor, uno y eterno, creó el cielo y la tierra, y un hombre y una mujer”, y designó a un Papa “para que de todos los hombres del mundo fuese señor y superior a quien todos obedeciesen”. Tras esto, les informaba que este Papa “hizo donación de estas islas y tierra firme del mar Océano a los dichos Rey y Reina y sus sucesores en estos Reinos”. La conclusión era la siguiente:

Por ende, como mejor podemos, os rogamos y requerimos que entendáis bien esto que os hemos dicho, y toméis para entenderlo y deliberar sobre ello el tiempo que fuere justo, y reconozcáis a la Iglesia por señora y superiora del universo mundo, y al Sumo Pontífice, llamado Papa, en su nombre, y al Rey y Reina doña Juana, nuestros señores, en su lugar, como a superiores y Reyes de esas islas y tierra firme, por virtud de la dicha donación, y consintáis y deis lugar que estos padres religiosos os declaren y prediquen lo susodicho.

 Si así lo hicieseis, haréis bien, y aquello que sois tenidos y obligados, y sus Altezas y nos en su nombre, os recibiremos con todo amor y caridad, y os dejaremos vuestras mujeres e hijos y haciendas libres y sin servidumbre […]. Y si así no lo hicieseis o en ello maliciosamente pusieseis dilación, os certifico que con la ayuda de Dios, nosotros entraremos poderosamente contra vosotros, y os haremos guerra por todas las partes y maneras que pudiéramos, y os sujetaremos al yugo y obediencia de la Iglesia y de sus Majestades, y tomaremos vuestras personas y de vuestras mujeres e hijos y los haremos esclavos, y como tales los venderemos y dispondremos de ellos como sus Majestades mandaren, y os tomaremos vuestros bienes, y os haremos todos los males y daños que pudiéramos, como a vasallos que no obedecen ni quieren recibir a su señor y le resisten y contradicen; y protestamos que las muertes y daños que de ello se siguiesen sea a vuestra culpa y no de sus Majestades, ni nuestra, ni de estos caballeros que con nosotros vienen”.

Vale aclarar que el texto era leído a viva voz y en idioma castellano ante los indígenas, que obviamente no entendían su contenido. Tras esto, los españoles se lanzaban “con todas las de la ley” a la guerra de conquista.

NR

 

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