¿Donde están los “Guardianistas”?

Segunda parte: los retos del exeditor Alan Rusbridger reseñados en su libro memoria: Noticias de última hora. Rehaciendo el periodismo y porque es importante hoy fueron similares a los que enfrentaron otros editores en los años noventa/milenio. Han albergado reservaciones sobre publicar online y en celulares por las dudas sobre resultados financieros. La mayoría parece haber optado por una política de mantener publicaciones impresas a la vez de aplicar online un enfoque de “reach before revenue” (alcance antes de entradas) esperando atraer avisos publicitarios más tarde, valor calculado por la cantidad de “clics” que reciben el sitio web. Por la situación económica de Venezuela, difícil y complicada, pensar abrir “paywalls” o acceso por suscripción no parece ser posible en este momento. Algunos periódicos tienen la suerte de recibir apoyo económico de patrocinadores o amigos con billete: otros cuentan con “fondos” de fuentes del extranjero. Para estar al día casi todos han abierto cuentas en Facebook y Twitter y otros medios sociales pero sin recibir dinero por los avisos que Facebook o Twitter les han secuestrado. ¿Qué hacer para no hundirse?

Los tabloides británicos batallan contra The Guardian tildándolo de ser el periódico británico más “políticamente correcto”. Los lectores del periódico los apodaron “guardianistas”, es decir, de clase media, liberales, e izquierdistas. Es un juego de palabras que se relaciona con los Sandinistas cuya rebelión se convirtió en moda para la izquierda británica. Los tabloides expandieron su sarcasmo aplicando el término a los seguidores del nuevo líder del Partido Laborista, Jeremy Corbyn llamándoles “corbynistas” pero pareciera que Rusbridger no quiso comprometer el supuesto equilibrio político manteniendo la etiqueta “guardianista». No hay mención en la memoria. Es una pregunta que le quisiera hacer a Rusbridger.

Otra duda que me cruzó la mente después de leer el interesante libro de Rusbridger fue la cobertura del periódico durante los años de Hugo Chávez. Tanto Rory Carroll, el corresponsal principal como su colega Sibylla Brodzinsky, residentes de Chacao, pecaron, según mi opinión personal, de parcialidad hacia la oposición, porque en todos sus reportajes me costó encontrar lo contrario, algo positivo. De hecho, en el libro que escribió Carroll El Comandante (donde tildó a Las Verdades de Miguel como «amarillista») antes de trasladarse como corresponsal de la farándula en Los Ángeles y Hollywood y que relataba los años de Chávez se llama la atención por ser negativo –nada positivo– ni una pizca. Todo era malo. ¿Periodismo equilibrado? ¡Nada desde el pueblo y todo desde los ricos de Altamira! Las malas lenguas aseguran que quizás la razón de la negatividad tiene origen en los círculos y “fuentes” entre los cuales merendaba el corresponsal o los corresponsales británicos. Por su parte Rusbridger, en su libro, admitió fallas en dar importancia a América Latina.

Las áreas de importancia para Rusbridger en su restructuración del periódico fueron EEUU y Australia para amarrar nuevas fuentes de entrada. Los esfuerzos del exeditor de hacer participar a los lectores se giraron por un tiempo alrededor de un programa “Guardian sin límites”, donde invitó a expertos a expresar una opinión alternativa. Ahora The Guardian consigue entradas ofreciendo cursos de periodismo, etc., a lectores.

Seamus Milne y Jeremy Corbyn

Una experiencia personal ha colorado la lectura del libro. Fue cuando traté de conseguir un acercamiento a The Guardian para concertar un intercambio entre el editor de asuntos latinoamericanos y nuestro ilustre editor, Miguel Salazar. Habíamos enviado un email a un columnista de izquierda que pensé que iba a ser el puente. Se llama Seamus Milne, personaje decepcionante que ahora es el jefe de comunicaciones de Jeremy Corbyn, líder de la oposición laborista y amigo del proceso bolivariano. Ni tuvo la gentileza de contestar. Sin perder tiempo nos acercamos a la sede del periódico liberal y nos encontramos con la burocracia, un vigilante de seguridad en recepción. Al explicar la razón por la cual estábamos allá, es decir para conversar con alguien de editor a editor visitante, nos contestó que habría que hacer una cita. ¡Qué diferencia con la recepción en The Financial Times donde el editor para América Latina, John Paul Rathbone, contestó el email y nos recibió con un cafecito en el comedor del periódico! En el caso de The Guardian quizás Milne se dejó influenciar por la opinión de su compañero Carroll sobre LVM.

En fin, un libro muy interesante de un exeditor en el ojo del huracán de una revolución mediática recibiendo visitas de políticos, empresarios, técnicos de Silicon Valley pero sin evitar contradicciones en la práctica y el quehacer diario. Ese no quita el valor del libro. Lo recomiendo.

Colombia reports: “nos están matando” dicen líderes comunales de Colombia que llevan su caso a la Comisión Interamericana de DDHH en Washington. Más de 340 asesinatos de dirigentes populares desde 2016, la mayoría en el campo. A pesar del acuerdo de paz. Con la caída de un Gobierno bolivariano se teme lo peor en Venezuela.

Patrick O´donoghue

Patrick.vheadine@gmail.com

 

 

 

 

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