EDITORIAL: Día del periodista

Ser periodista es un quehacer delicado y más aún en un país como el nuestro. Sostengo que sin libertad el periodismo no tiene sentido. Soy un guerrillero del periodismo independiente, responsable, no gobiernero. Soy contrario a la manipulación. Sólo en libertad el periodismo es un factor pedagógico y de respeto mutuo sin dejar de ser irreverente. Confieso que me impaciento porque mis ilusiones, por una sociedad justa, no terminan de concretarse en los hechos. Me pregunto, ¿qué adulterada relación hay entre el periodismo y el poder? No pensé jamás que nuestros militantes de la utopía terminarían emulando a quienes, desmereciendo la ética periodística, tuvieron por norma la injerencia en el trabajo informativo; encima, tenemos la calamitosa presencia de los llamados filibusteros de la comunicación; aquellos a quienes la veracidad sólo les concierne para sus intereses; poco o nada importa la baja calidad de la información, sobre todo en un país desmemoriado como el nuestro, donde incluso han desaparecido las hemerotecas y el medio sirve sólo para presumir de periodista. De militante de sueños, he llegado a la realidad brutal que significa la deserción de esa esperanza por la que muchos perdieron la vida innecesariamente. Nadie comprende en profundidad donde realmente se oculta el fascismo. Desalienta saber que no son pocos quienes le vendieron una farsa al pueblo. Ignoramos que los enemigos de la visión revolucionaria se disfrazaron para asaltar los dineros públicos. Hoy, en las condiciones del periodismo panfletario, las enseñanzas de los próceres dejan de ser imperecederas y la vocación libertaria se pierde en el estercolero de la historia. Pero me impulsa conocer que no todo está perdido, sobre todo si conservamos la entereza, el valor, el ejemplo que nos ha hecho periodistas las 24 horas del día. Se equivocan los impostores si creen que vamos a perder el orgullo y el carácter para distanciarnos de nuestro compromiso incluso, a pesar de que se ha debilitado la libertad porque el poder ha fragmentado la creatividad. El resentimiento está acabando con la información; él se expresa en la mayoría de los periódicos mientras, paradójicamente, la “libertad” de las redes sociales, lejos de apaciguar el atrevimiento autoritario del poder, lo ha fortalecido. Alarma el regreso de las rutinas propensas al control de la prensa y de las libertades. El mensaje revolucionario se trastoca en una conducta que mantiene viva la glotonería hegemónica del poder. Quienes pudieron ser los portadores del mensaje de cambio se dejaron absorber por la opulencia. Si hoy ha tomado cuerpo la desconfianza en la información es precisamente porque se ha perdido el rumbo ético, sin el cual una democracia puede desmoronarse. ¿Qué he hecho para que se multipliquen mis detractores? Simplemente lo que mi conciencia me dicta: he develado el manto de lo confidencial; por eso no tengo otra que tolerar sus embestidas y salirle al encuentro de los poderosos sin abandonar mi disposición, todo cuesta arriba, en un país atravesado de discordancias. Me niego a ser recadero del mandamás de turno y menos lacayo de sus intereses. En la bifurcación actual he tomado el camino decoroso que me separa de todo aquello que desdice del mejor oficio del mundo. Entre la libertad y la sumisión prefiero la libertad, así tenga que reiniciar el camino mil y más veces. A todos mis colegas Feliz Día del Periodista.

Miguel Salazar

 

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