¡El 69 al poder!

* Unos dicen que nivela el yin y el yang, otros aseguran que representa la cumbre del placer oral. Lo cierto es que esta postura iguala a ambos miembros de la pareja y es parte de “la previa” desde que el mundo es mundo. ¡Le contamos la corta, pero erótica historia de una de las posiciones más excitantes a la hora del amor!

Sí, la erótica posición es tan antigua como el tiempo. Ya en la India se practicaba hace más de 2 mil años, y tiene un nombre particular. En el templo Laksmana de Khajuraho, construido en el siglo X a.C., se ven apasionadas esculturas en lo que Vatsyayana denomina en el Kamasutra “kalila” o “postura del cuervo”; seguramente, esto se deba a la costumbre de estos pájaros de entrelazar las cabezas. Bien visto también en el taoísmo, el 69 es un símbolo taichi en el que el yin y el yang fluyen en armonía. En el tantra, esta práctica crea una corriente energética entre los amantes que nivela e integra los planos físico y mental. La pareja se convierte en el dios Ganesh holgando con su ‘partenaire’ en un estado de paradisíaco nirvana. Quizá por ello, representan continuamente la postura en libros y templos. En Bundi (India) se conserva una bellísima ilustración del siglo XVIII donde una pareja real goza del ‘kalila’ o 69.

Mientras tanto, en algunas partes de Europa, durante la Edad Media, esta práctica resultaba simplemente inconcebible, pero constituyó una de las prácticas fundamentales del taoísmo, ya que es con el 69 que fluyen armónicamente el yin y el yang; para quienes practican el sexo como un camino religioso, esta práctica recíproca nivela, integra y regenera el cuerpo y la mente.

En Occidente, en cambio, hubo que esperar hasta mediados del siglo XIX para ver el arte de la erótica plasmando la postura. Del año 1848, una litografía de Achille Devería, da el primer testimonio de este placer amatorio que aún el lenguaje no se animaba a nombrar. Es así como en todas partes del mundo, aceptada o no, esta actividad representa uno de los mayores placeres sexuales del hombre, por lo que ha sido representada en diferentes formas artísticas para recordarlo.

¡Es la posición más igualitaria de todas!

Para el refinamiento oriental no hay una sola forma de 69, sino, al menos, tres.

– La primera, la clásica: la mujer tendida de espaldas sobre el lecho y el hombre, encima.

– En la segunda posición, el hombre está de pie mientras la mujer, con los muslos anudados a su cuello, posa la cabeza en su sexo.

– En la tercera, ambos amantes reposan de costado en sentido inverso.

Xaviera Hollander, la alegre ‘madame’ que dirigió durante años el consultorio sexológico de la revista Penthouse, describe la tercera posición como su favorita: “Me gusta la posición del 69 estilo francés, en la que los amantes se complacen el uno al otro oralmente. El hombre se tiende sobre el lado izquierdo con la cabeza frente a la vagina y la mujer se tiende del lado derecho con la boca frente al miembro del hombre. Se trata de un juego preliminar antes del acto, pero durante estos juegos se puede alcanzar el orgasmo, y con mucha intensidad, por cierto. El acto sexual en la posición 69 me proporciona satisfacción absoluta tanto psicológica como física”.

Esta posición resulta, sin duda, la más igualitaria de todas, ya que ningún miembro de la pareja se sostiene sobre el otro.

El número erótico por excelencia

Postura infaltable en la batalla entre las sábanas, parte indiscutida de la previa, número erótico por excelencia, mucho se ha dicho sobre el origen de su nombre. ¿Gozaron nuestros abuelos del 69? Sin duda, porque no hay nada nuevo bajo el sol. Aunque, desde luego, no disfrutaron de él con la intensidad con que lo hicieron nuestros padres que, en este terreno, se llevaron la palma, pues los hijos han reculado al toparse con la amenaza del sida. Todas las expresiones que hacen fortuna han dormido previamente en la antesala de la lengua, es decir, en la jerga de las clases marginales. Fue en Francia donde se acuñó tan ilustrativa metáfora, que debió de vivir previamente muchos años en el argot de los garitos, prostíbulos y ‘peep-shows’ de Pigalle.

¿La verdadera historia del 69? Bien, ocurrió en Francia cuando el escritor surrealista Raymond Queneau aseguró que “uno más uno es 69: dos personas entrelazadas una sobre la otra, específicamente sobre su sexo”. Una frase que describe perfectamente una práctica sexual ya conocida; mismo número que durante la revolución sexual, que inició en los años sesenta, se volvió iconoclasta de mayo del 68, cuando en una bandera se leía: ¡La imaginación al poder! ¡El 69 al poder!

Justo cuando llega 1969, el cantante francés Serge Gainsborough, junto con Jane Birkin (famosos ya por su “je t’aime moi non plus), cantan “¡69: año erótico!”. Y a partir de ese momento la expresión se vuelve internacional y empieza a ser usada en todo el mundo, como si desde siempre hubiera existido; ¡probablemente es sólo la mejor manera de describir dicha pose sexual!

Dentro de este número, hay un gran peso respecto de la revolución sexual y sobre todo, frente a la liberación femenina, pues no existe postura alguna que suponga mayor igualdad; arriba o abajo, no importa. De hecho, se realizaron teorías sobre el placer que produce esta postura, que se practica desde hace muchos años.

Si en 1848, una litografía de Achille Debería presenta a una pareja practicando la pose cuando aún ni siquiera tenía nombre, en 1869, Doré dibuja la misma postura y en 1880 nuevamente aparece en un relieve de bronce alemán, pero con dos mujeres. A partir del siglo XX, cada vez es más común la aparición de la imagen y en los setenta el término logra entrar al mundo de la literatura; se pueden leer entonces diversos testimonios unidos a la revolución femenina, donde muchas mujeres aseguraron que la pose les gustaba porque les permitía tener –cuando estaban arriba- mayor control sobre lo que hacen.

Lo cierto es que a partir de ese momento, y cual explosión orgásmica, el nombre de esta postura superó todas las fronteras e idiomas, convirtiéndose en un clásico hot que equipara a los dos miembros de la pareja: ambos dan y reciben, lo que está abajo puede, luego, estar arriba…

Fabricio Yarica

 

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