El Día “D”

Al despertar el 2018, todavía con la resaca por las festividades de fin de año 2017, el martes 2 de enero apareció publicado, con el aval del Project Syndicateorganización internacional de medios de comunicación que publica y distribuye noticias en la prensa mundial, en una red de cerca de 500 medios de comunicación en 155 países, un artículo de opinión del exministro venezolano, Ricardo Hausmann: El día “D” para Venezuelaen el que el autor propone, abiertamente, la intervención de fuerzas militares extranjeras en nuestro país y hasta ofrece una “hoja de ruta”. El método Hausmann, seguramente pensado en sofisticados laboratorios al servicio de la guerra de cuarta generación contra Venezuela, se puso en circulación desde comienzos de año para medir la reacción que en el mundo produciría una intervención militar en Venezuela y “reclutar” aliados al servicio de este despropósito. Veamos parte de su contenido:

“Esto nos deja con una posible intervención militar internacional, solución que asusta a la mayoría de los gobiernos latinoamericanos a causa de la historia de agresiones contra sus intereses soberanos, especialmente en México y Centroamérica. Pero es posible que estas no sean las analogías históricas correctas. Después de todo, Simón Bolívar pasó a ser llamado el Libertador de Venezuela gracias a la invasión de 1814 organizada y financiada por la vecina Nueva Granada (hoy Colombia). Entre 1940 y 1944, Francia, Bélgica y los Países Bajos no lograron liberarse de un régimen opresivo sin una acción militar internacional (…) Si se trata de soluciones, por qué no considerar la siguiente: la Asamblea Nacional podría destituir a Maduro y al narcotraficante de su vicepresidente, Tareck El Aissami, sancionado por la OFAC y a quien el Gobierno estadounidense le ha embargado más de US$ 500 millones. Dado este vacío de poder, la Asamblea nombraría de forma constitucional a un nuevo gobierno, el que a su vez podría solicitar asistencia militar a una coalición de países amigos, entre ellos, latinoamericanos, norteamericanos y europeos. Esta fuerza liberaría a Venezuela de la misma forma en que canadienses, australianos, británicos y estadounidenses liberaron a Europa en 1944-1945. Más cerca de casa, esto sería semejante a la liberación de Panamá de la opresión de Manuel Noriega por parte de Estados Unidos, la que marcó el inicio de su democracia y del crecimiento económico más rápido de América Latina. De acuerdo al derecho internacional, nada de esto requeriría la aprobación del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (que Rusia y China podrían vetar), puesto que la fuerza militar sería invitada por un gobierno legítimo en busca de apoyo para defender la Constitución de su país”.

Es así como la primera semana del año se ponía a circular por el mundo, con el respaldo de uno de los más poderosos sindicatos de dueños de medios de comunicación del planeta, una propuesta de intervención militar multinacional contra nuestro país, la cual se ha venido perfeccionando en estos casi nueve meses del 2018 y que pareciera haber conseguido su “deus ex machina” en el presidente colombiano, Iván Duque.

Rex Tillerson

GUERRA AVISADA

Un mes después de la publicación del “globo de ensayo” de Hausmann, en un acto realizado en la Universidad de Texas el primero de febrero Rex Tillerson, quien ejercía como secretario de Estado de los EEUU, previo a la gira que lo llevaría a México, Argentina, Perú, Colombia y Jamaica, planteó la posibilidad de un cambio de “régimen” en Venezuela: “Por una intervención militar, o por la dimisión de Maduro”. La agenda del periplo del alto funcionario norteamericano estuvo marcada por la “situación” venezolana”. Comenzó por México y siguió para Argentina. En ambos países conversó sobre la posibilidad de un embargo petrolero contra Venezuela. Desde Perú, Tillerson agradeció a las autoridades de ese país por el “liderazgo ejercido en el Grupo de Lima” y afirmó que Venezuela “ya no es un problema sólo de los venezolanos, sino un problema regional”. Desde Colombia dijo lo que ha sido desde ese momento una línea política fundamental de la administración Trump: “Colombia ha sido un jugador muy importante para restaurar la democracia en Venezuela (…) intercambiamos ideas de cómo podemos trabajar con otros países de la región a través del Grupo de Lima y de la OEA para restaurar la democracia en Venezuela”. De Bogotá, el secretario de Estado que luego fuera defenestrado por el presidente Donald Trump, viajó a Kingston para examinar con las autoridades de ese país el impacto que sobre su economía tendría un embargo petrolero contra Venezuela. En el vuelo que lo llevaría a Jamaica, Tillerson anunció un acuerdo con Canadá y México, “para formar un grupo que analice cómo mitigar el impacto de posibles sanciones petroleras a Venezuela”. La “diplomacia de guerra” comenzó el 2018 explorando varias opciones, que ha venido aplicando “in crescendo” en el transcurso del año, promoviendo la adopción de sanciones para estrechar el cerco económico, financiero y diplomático contra Venezuela, iniciativa a la que se han sumado algunos países de la Unión Europea, el Grupo de Lima, el secretario general de la OEA, Luis Almagro, el expresidente de Colombia, Juan Manuel Santos, y el ahora presidente de ese país, Iván Duque.

Alvaro Uribe e Iván Duque

COLOMBIA DISPUESTA

El papel asignado al vecino país en la operación contra Venezuela, la élite política que gobierna Colombia lo ha sabido cumplir a cabalidad. Sobre este tema hemos escrito ampliamente en reiteradas oportunidades en Las Verdades de Miguel. La incorporación de Colombia a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) en mayo de este año como primer “Socio Global” de esta alianza militar en Latinoamérica, el inusual equipamiento de las siete bases militares estadounidenses en territorio colombiano, los ejercicios militares en aguas marítimas colombianas próximas a las de nuestro país, las declaraciones permanentemente hostiles del presidente Iván Duque, y la intensa campaña mediática internacional colocando el tema migratorio venezolano como un peligro para la paz y la tranquilidad de la región, son indicios que conducen a una conclusión que a estas “alturas del juego” no luce descabellada. Los EEUU parecen dispuestos a intentar una intervención militar contra nuestro país desde la “hermana república”. Las palabras finales del discurso de Álvaro Uribe, jefe político del presidente colombiano, en el senado de ese país la noche del pasado 4 de septiembre parecen confirmar nuestras sospechas: “…en estas circunstancias en las que está la dictadura de Venezuela, causa eficaz de ese éxodo, esa dictadura pierde toda la legitimidad y obliga a los estados a tomar las medidas para superar esa calamitosa situación (…) el principio de la no intervención es una excusa inaceptable porque hoy prevalecen las obligaciones de todos frente a todos, de acuerdo con la Carta Democrática y con la Naciones Unidas”. La suerte está echada.

José Gregorio Rodríguez

Jotaerre577@gmail.com

 

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