“El Jeque” que estafó a la “alta sociedad” venezolana

En la época del gobierno de CAP II vino a Venezuela un famoso Jeque que lo trajo invitado y en su propio Jet, -según cuentan-, el hijo de un banquero a quien le habían intervenido su banco. El famoso “Jeque” quien llegó con su gran comitiva y se hospedó en el hotel Tamanaco con su harem que por cierto eran más de 25 “chicas” esculturales. Dicho “Jeque” vino al país hacer negocios con industriales y comerciantes de toda índole en nuestro país, es así como un minero del Callao le llevó una botella llena de pepitas de oro, para que viese la calidad del oro que contenía su mina. Durante los días que permaneció el “Jeque” en el Hotel Tamanaco lo fueron a visitar la crema y nata de los industriales, comerciantes, hombres de negocios del país y hasta constructores que no habían conseguido créditos en los bancos para terminar sus edificios.

También, dicen que, hubo damas que para conseguir créditos para ellas y para los negocios de sus maridos tuvieron sus romances con este “Jeque”. El cual dio varias fiestas en el Tamanaco y se sabe que era un gran bailador de salsa, las damas venezolanas que fueron a esas fiestas se encantaron con él, decían que, “era un hombre maravilloso”. La noche que dio su más fastuoso baile en el mencionado hotel, compró con una Tarjeta de Crédito falsa una gran cantidad de relojes Rolex en una joyería del hotel, se los regaló a sus invitados, las pepitas de oro que le obsequió el minero, las tiró al aire para que los que bailaban las recogiesen como un obsequio. Los caballeros asistentes a este gran baile se deleitaron bailando con las damas del “harem” del jeque y se lamentaron porque “las chicas” no hablaban español. Por su parte el “Jeque” negoció en esa fiesta con muchos venezolanos, quienes para engancharse en negocios con el “Jeque” les dieron lo que éste les pidió, se dice que entre esos estafados estuvo quien construía lo que es hoy el C.C de Sabana Grande y otros constructores de edificios. Al día siguiente de tan esplendido baile, el “Jeque” salió de su habitación con su secretario, sin maleta alguna, había llegado con una gran cantidad de maletas, “las chicas” de su harem se fueron una a una y sus maletas se las sacaron otros huéspedes del hotel de las habitaciones de al lado compinches del “Jeque”. Pasado unos días al ver que el “Jeque” no regresaba ni las “chicas” del harem ni su gran comitiva, se descubre que fue una GRAN ESTAFA. Las chicas del harem del “Jeque” eran “niñas” de los bares de la Av. Solano y la Plaza Venezuela, el “Jeque” desapareció y jamás se supo de él, hay quienes decían que, era dominicano y por ello bailaba salsa.

El “Jeque” hizo, según se publicó en el libro “!Ah! venezolanos bien pendejos” protagonizó la Gran Estafa Mundial de esa época. Estafó comenzando al doctor Rafael Tudela, dueño del Tamanaco, como a todos y cada uno de los vivos empresarios nuestros que quisieron aprovecharse del bondadoso personaje. El único venezolano que no creyó en este cuento del “Jeque” fue el Ex-Ministro de Energía y Minas Calderón Berti. Cuenta el propio Ex-Ministro, el que se lo presentó fue quien lo trajo a Venezuela, y se lo presentó como el Jeque.

Calderón Berti, que conocía a todos los Jeques, le dijo, “de cuál Jeque eres tú hijo, porque yo conozco a la mayoría de ellos” y echo los pendejos, el “Jeque” y quien lo trajo se fueron del restaurante. Y quien sí hizo un tronco de negocio fue el fotógrafo del hotel El Tamanaco, quien vendió a precio de pepitas de oro todas las fotos que le había tomado a los que fueron e esas fiestas y sus negativos para que nadie tuviese pruebas de estos “angelitos serenados” haciendo negocios con tan “ilustre y honrado Jeque”.

Hace falta que este “Jeque” regrese a Venezuela para equilibrar las estafas entre los que han comprado apartamentos y los constructores. No es mala la idea ¿dónde andará este “Jeque?. Seguro que muerto de la risa pensando en darse un paseíto por los Miamis a ver si pesca más pendejos venezolanos por allá que huyeron del país con sus mochilas llenas después de estafar a los compradores de apartamentos.

Gil Ricardo Salamé Ruiz

 

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