El Manifiesto de Cartagena

Redactado por el entonces derrotado y desterrado coronel Simón Bolívar, el 15 de diciembre de 1812, en la ciudad de Cartagena de Indias, se constituye en el primero de los trascendentales documentos que en su larga carrera política y militar corresponda escribir al futuro Libertador. El texto revela su estado de ánimo, pues se produce luego de la caída de la denominada Primera Republica, que se inicia con el movimiento del 19 de abril de 1810 y concluye con la capitulación firmada por el generalísimo Francisco de Miranda, con los ejércitos españoles en julio de 1812.

Antes de lograr salir de Venezuela, mediante salvoconducto expedido por las autoridades españolas, cuyo mando supremo ejerce Domingo Monteverde, el joven coronel Bolívar ha protagonizado dos de las más polémicas actuaciones en su vida pública, cuyas consecuencias lo perseguirán por el resto de su existencia: ha fracasado militarmente al permitir que el Castillo de Puerto Cabello, importante fortaleza militar donde se encuentra buena parte del parque de la república, amén de su interés estratégico, caiga en manos de los realistas, generando en el comandante supremo de los ejércitos libertadores la expresión “Venezuela está herida en el corazón”, dada la importancia de esa plaza. En segundo lugar, en una de sus más controversiales posiciones, ha encabezado a un grupo de patriotas, que en desacuerdo con las actuaciones del general Miranda que han concluido con la capitulación, lo detienen en La Guaira y lo entregan a las autoridades españolas, lo que significará el inicio de su vía crucis final.

En el Manifiesto de Cartagena, el entonces bisoño militar comienza definiéndose “…Yo soy, Granadino, un hijo de la infeliz Caracas, escapado prodigiosamente de en medio de sus ruinas físicas y políticas, que siempre fiel al sistema liberal y justo que proclamó mi patria, ha venido a seguir aquí los estandartes de la Independencia que tan gloriosamente tremolan en estos Estados”. De seguidas y en alto tono crítico pasa a enumerar las causas a las que atribuye la frustración del movimiento emancipador venezolano, escribiendo “… El más consecuente error que cometió Venezuela, al presentarse al teatro político fue, sin contradicciones, la fatal adopción que hizo del sistema tolerante, sistema improbado como débil e ineficaz, desde entonces, por todo el mundo sensato y tenazmente sostenido hasta los últimos periodos, con una ceguedad sin ejemplo”.

Revisando los errores que a su juicio decretaron el colapso del ensayo republicano, señala la falta de contundencia en la acción militar que permitió tomar fuerzas a los enemigos, la adopción de esquemas liberales y federales, improbables de tener éxito en medio de una contienda bélica, la lenidad, la amnistía y el perdón, frente a sus implacables adversarios, el papel de la Iglesia, la dilapidación de la renta y los caudales públicos, el terremoto, y en una de sus partes resalta en su crítica: “…por manera que tuvimos filósofos por jefes, filantropía por legislación, dialéctica por táctica, y sofistas por soldados. Con semejante subversión de principios, y de cosas, el orden social se resintió extremadamente conmovido y desde luego corrió el Estado a pasos agigantados a una disolución universal, que bien pronto se vio realizada”.

En lo relativo al manejo equivocado de los fondos del Estado, la posición del futuro libertador es aún más severa al denunciar “… la disipación de las rentas publicas en objetos frívolos y perjudiciales, y particularmente en sueldos de infinidad de oficinistas, secretarios, jueces, magistrados, legisladores provinciales y federales dio un golpe mortal a la República, porque le obligó a recurrir al peligroso expediente de establecer papel moneda sin otra garantía que la fuerza y las rentas imaginarias de la confederación”. En cuanto al sistema federal adoptado, Bolívar descarga sobre él toda una serie de cuestionamientos: “…Pero lo que debilitó más al Gobierno de Venezuela fue la forma federal que adoptó siguiendo las máximas exageradas de los derechos del hombre, que autorizándolo para que se rija por sí mismo, rompe los pactos sociales y constituye a las naciones en anarquía”. Concluyendo: “…si Caracas en lugar de una confederación lánguida e insubsistente, hubiera establecido un gobierno sencillo, cual lo requería su situación política y militar, tu existieras ¡oh! Venezuela y gozarías hoy de tu libertad”.

En cuanto al papel de la mayoría de los sacerdotes que estuvieron al lado de la monarquía española y decididamente en contra de la Independencia, el futuro Libertador los fustiga: “…Abusaron sacrílegamente de la santidad de su ministerio a favor de los promotores de la guerra civil”. y al enjuiciar la política de amnistía y mano blanda de las autoridades republicanas recrimina “…Al abrigo de esta piadosa doctrina a cada conspiración sucedía un perdón, y a cada perdón sucedía otra conspiración que se volvía a perdonar, porque los gobiernos liberales deben distinguirse por la clemencia, ¡clemencia criminal que contribuyó más que nada a derribar la maquinaria, la máquina que todavía no habíamos enteramente construido!”

El manifiesto de Cartagena y las polémicas y particularísimas ideas y críticas que Bolívar emite sobre la suerte de la primera República Venezolana, serán antecedentes de su consagración, pues solo meses más tarde, luego de haber desarrollado una exitosa campaña militar en la Nueva Granada, obtiene autorización para continuarla en Venezuela, desarrollando la llamada Campaña Admirable que se inicia el 14 de mayo de 1813 en Cúcuta, y que culmina el 6 de agosto de 1813 con su entrada triunfal a Caracas, donde recibe el titulo de Libertador.

 

Rafael Simón Jiménez

rafaelsimonjimenez@hotmail.com

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