El Monje de Camoruco

“Votar o no votar, that is the question”. Ignoramos los motivos secretos que tiene la MUD para insistir en el llamado a la abstención, pero no nos queda duda que nuevamente los dirigentes opositores no analizaron con la calma debida algunas cosas. Por ejemplo: si es cierto lo que reflejan las encuestas sobre el rechazo a la gestión del presidente Nicolás Maduro –la cual supuestamente ronda el 70% o más–; y a ello se le suman los siguientes factores: deterioro del respaldo de las bases chavistas al Gobierno, el posible pase de factura de quienes internamente prefieren salir del Presidente con una estrategia que no los involucre directamente; y que una forma para ello, pudiese ser perfectamente votar en su contra (hecho que dicho sea de paso, afectaría  directamente a los gobernadores y alcaldes amigos del Presidente, permitiendo de esta manera “matar tres pájaros de un solo tiro”); razones que automáticamente, también aplican para los miembros de la Fuerza Armada Nacional, que silenciosamente ven con “buenos ojos” y anhelan un cambio de gobierno que incida directamente en la renovación de los cuadros de mando a niveles superiores, facilitando el ascenso a nuevos protagonistas dentro del mundo castrense; y sin dejar de mencionar la avalancha de votos que puede darse por inercia producto del desespero de los sectores que sienten y padecen los rigores de la escasez de alimentos y medicinas. No debería existir entonces ningún argumento para no acudir al escenario electoral.

Por supuesto, es cierto y nos consta que hay ciudadanos que están cansados del Gobierno y de la dirigencia de la MUD, pero, ¿acaso ese cansancio llegaría al extremo de permitir que las cosas continúen cómo están?, o vale la pena hacer un último intento porque no haya más derramamiento de sangre en nuestras calles, podamos impulsar un nuevo sistema económico que permita incentivar un desarrollo sustentable, abrir las puertas para la reactivación de las empresas, crear un sistema cambiario sobre bases reales y permitir el retorno de los familiares de todos aquellos que se han visto afectados por el éxodo de nuestros hermanos venezolanos. Realmente creo que no, y por ello podemos y debemos darle un chance a la Paz.

Por otra parte, miles de veces escuchamos hablar de una transición; incluso, frecuentemente, nos recuerdan el caso chileno cuando Pinochet, obligado por la presión internacional e interna, accedió a la entrega del poder pero no a los políticos tradicionales y como por arte de magia surgió la figura de Patricio Alwyn, quien no solo facilitó y garantizó la transición a la Democracia, a pesar de que Pinochet se reservara en aquel entonces el control del componente armado; sino que también dio inicio a un agresivo plan de recuperación de la Paz interna y el respeto a los Derechos Humanos.

Pregunto entonces: ¿Quienes hablaban de transición, lo hacían de manera sincera y desprendida, o solo era una transición que estuviese liderada por ellos?, ¿Es que basados en el juego de intereses la idea no era buscar quien garantizara la transición, sino el que avalara “un reparto equitativo de la torta”? ¿Son acaso los mismos quienes utilizaron todas sus armas para bloquear la candidatura de Lorenzo Mendoza, los que ahora alientan la abstención porque ninguno de los aspirantes representa sus intereses? ¿Quieren un cambio de gobierno para intentar reconstruir, recuperar, enmendar, impulsar, mejorar; o, solo para acabar con todo aquello que “huela a chavismo”, encarcelar o perseguir?, ¿Qué pasó con aquel dicho, ¡cualquier cosa es mejor que Chávez o Maduro!? ¿Estarán pensando los sectores populares en que esta es una oportunidad única para su reivindicación electoral? ¿Cuál es el futuro que le prometen los radicales y los abstencionistas a las familias venezolanas, muerte, sangre, violencia? Y por último, ¿cuáles son las propuestas de los políticos de oficio para un cambio de gobierno que no sea por la vía electoral?

Ahora bien, no basta con que el pueblo venezolano se vuelque a las urnas. En primer lugar debe firmarse un gran acuerdo nacional que sea la base para garantizar la gobernabilidad;  donde, aunque suene utópico e imposible, deben intervenir y firmar representantes del Gobierno, las FANB, representantes de la ANC, AN, Iglesias, Empresarios, Estudiantes, Raimundo y todo el mundo. Un documento firmado y sellado ante el pueblo, que ratifique que el compromiso sea el de garantizar la implementación real y efectiva de las diferentes acciones prioritarias y urgentes que incidan directamente en la mejora de la calidad de vida de todos nosotros, sin distingo de clases, credos o ideologías. En lo que respecta a la vigilia y supervisión del resultado electoral, deberían intentar asegurar la presencia de los veedores de la ONU y otros organismos internacionales. La logística para la movilización de los votantes debe tener condiciones óptimas; así como también los integrantes de las mesas de votación y en este punto se hace vital que los opositores agoten todas las instancias para que las FANB actúen con estricto apego a la Constitución y leyes electorales.

Entiendo que usted que ha leído esta nota hasta este punto, tal vez piense que lo plasmado en ella es irrealizable o tiene grandes rasgos de utopía; sin embargo, solo le pido que reflexione sobre lo siguiente, aquí no se trata de si a ustedes les gusta o no, cualquiera de los candidatos distintos al presidente Maduro, tampoco se trata de que piensa no votar porque ninguno de ellos es Henry Ramos, María Corina, Leopoldo, Capriles o Mendoza, mucho menos si el CNE es o no confiable, pues cuando hubo avalanchas de votos siempre se ganó con las mismas condiciones. Se trata simple y llanamente de que piense y reflexione sobre el hecho de que quienes les dicen que no voten o que se abstengan, no les ofrecen propuestas o alternativas para tener un mejor país, iniciar la reactivación económica, o cómo lograr que sus familiares o amigos no continúen abandonando al país sino, por el contrario, que mueran en las calles en acciones que nunca tendrán una salida o éxito cierto; porque si fuera así, aquí desde el 2011 hubiesen habido por lo menos tres gobiernos diferentes.

A diferencia de quienes le piden que no voten y los que intentan influenciarlo para que no lo haga, nosotros le pedimos que reflexione sobre lo que ha leído y tome su propia decisión apartando pasiones, fanatismo y odio (en el caso de que se haya visto tentado a sentir ese abominable sentimiento). Usted decide si continúa esperando por quienes durante 18 años han desperdiciado todas las oportunidades para gestar un cambio de gobierno y pretenden que usted y su familia siga en iguales o peores condiciones o, si desde ahora comienza a impulsar un movimiento cívico que rompa las cadenas de dependencia con supuestos líderes que no les importa si sus familiares se van o mueren. Votar o no Votar, he allí el gran dilema, pero siempre será preferible hacerlo que ir sentando las bases de una indeseable guerra civil.

 Hasta nuestra próxima entrega amadísimos fieles.

Sergio Márquez Parales

monjereactivado@gmail.com/@monje2021

Un comentario sobre “El Monje de Camoruco

  • el marzo 14, 2018 a las 4:53 am
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    De todas maneras… es casi seguro que una gran parte (por no decir la mayoría) de los venezolanos se volcarán por la senda de la sensatez, el civísmo, el respeto por los mas elementales valores y derechos, aún con el estado de cosas que hoy padece el venezolano estandard, el venezolano de a pie. Creo aún en ese sexto sentido que posee el venezolano en general, de alerta ante la posibilidad de eventualidades desagradables de toda índole y por ende; en ese instinto de conservación inherente a todo ser humano medianamente lógico, consciente e inteligente, independientemente de su origen, condición socio-económica, postura política e ideológica, religión, raza, sexualidad, cultura, entre otros.

    Debemos todos los venezolanos votar dentro de nosotros mismos; en nuestros soliloquios y por el bienestar de nuestras vidas y nuestros sentidos por la perdurabilidad de la paz, aunque no se manifieste como la gran mayoría deseamos y crepite en todos la flama del descontento, la frustración, la confusión en muchos casos y en muchos de nuestros hermanos, producto de un denso conglomerado de factores que inciden en la calidad de vida de todos los venezolanos.

    Solo espero que nuestro país no tenga y no se permita la oportunidad de siquiera rozar la posibilidad de tomar a modo de ejemplo las crudísimas realidades de otras latitudes en cuanto conflictividad y “diferencias” y prime sobre Venezuela la cordura y las ganas reales y urgentes de enderezar éste barco que aún no sucumbe a las tormentas que la mueven. Paz a todos los venezolanos, ahora y siempre.

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