El reloj de la vida

Cuantas veces decimos, ¡si el día tuviese más horas para poder cumplir con todo! Así nos pasamos la vida y el tiempo, ¿por qué?, primeramente porque no hay un propósito de vida definido. Por tanto, para vivir y gestionar efectivamente el tiempo se debe tener un propósito, ¡sí! porque con propósito estableces metas y, para que esas metas se puedan alcanzar, hay que desarrollar objetivos que te encaminen al cumplimiento de las mismas. Cuando esto ocurre, entonces ya tus días no necesitan más horas porque tú le das prioridad a lo importante, te enfocas y te nutres con todas aquellas herramientas internas y externas que te motiven para aprovechar el tiempo y la vida al máximo.

Una vez que conoces tus propósitos y tus metas, ¿qué viene para llevarlas a cabo?

Lo primero es trabajar con una agenda; escribir todo lo que vas a realizar durante cada día involucrando tus actividades de rutina como: comer, leer, tomar siesta, ir al baño, llamar a un amigo, escribirle un mensaje a la pareja, entre otras; aunque no lo creas, estos pequeños detalles llenan tu ser de amor y bienestar logrando que tengas una energía armónica para atraer todo lo justo y poder cumplir con los objetivos establecidos. Comienza como una práctica hasta convertirse en un hábito. ¿Qué pasa si te cuesta escribir porque tu agenda está en la mente? Allí radica la diferencia de escribir. Cuando lees constantemente algo que te beneficia, le das sentido con tus palabras enviándolas de manera intrínseca al pensamiento, lo que determina una alta probabilidad para que las cosas ocurran.

Si conoces tus hábitos y creencias acerca del tiempo, ¿puedes contribuir para que efectivamente las cosas ocurran?

Evidentemente sí desarrollas hábitos cónsonos con tu propósito estás más cerca del objetivo. Cabe destacar que también existen hábitos que te atrasan e impiden desarrollarte, por tanto, cuando logres diferenciar y eliminar aquellos que no convienen, entonces aprendes a valorar el tiempo, contribuyendo a desarrollar hábitos como la organización, la disciplina, la constancia, la perseverancia; utilizando así herramientas oportunas, determinando las creencias que te limitan en tu desarrollo. Un ejemplo de esas limitaciones es creer que el trabajo bien hecho lo haces sólo tú, que mientras más ocupado te encuentres más exitoso eres o, sencillamente pensar que mientras mayor sea el estrés, mayor productivo eres.

El verdadero éxito de tus logros y metas se basa en saber manejar tu tiempo y no dejar que él te maneje a ti. Cuando te tienes a ti, por ende tienes todas las cosas, la vida te entrega aquello que tú estés dispuesto a recibir. Busca dentro de ti tus fortalezas para continuar la marcha, y trabaja en lo que te limita para transformarte y evolucionar; la vida es un precioso regalo por la que vale la pena luchar y esforzarse día tras día para lograr ser un rayo de luz que ilumina el mundo.

¿Sabes quiénes son los ladrones de tu tiempo? ¿Los has identificado?

Los ladrones suelen ser esas visitas inesperadas, esos correos inoportunos, esos libros que están ajenos al propósito por el que te desarrollas; esa llamada tóxica que sólo hace ruido en el corazón para más tarde convertir los pensamientos positivos en negativos. Todo ello suele afectar tu energía, esa tan necesaria para desarrollar cada meta. El mundo exterior no depende de ti, de ti depende como te enfoques, como mires la vida. Aprender a decir “no” cuando la ocasión lo amerite; no detenerte en la queja, en el “no se puede”, en la economía, que si el día está nublado o sale mucho el sol. La vida es ahora, el pasado ya pasó y el terreno del mañana es demasiado incierto para hacer planes.

¡La vida es una hermosa aventura que bien vale la alegría y no la pena vivirla!

Nayancy Castillo

vickivale@hotmail.com

Instagram @nayancicastillo

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