“Enfermedades” ahuyenta romances

* ¿La última vez que tuvo una cita le fue mal? ¿Él/ella no l@ volvió a llamar? ¿Qué barbaridad murmuró que empañó el atractivo de esa cita de amor? ¿Qué todo marchaba exquisitamente hasta que intentó besar y abrazar o luego de brindar con champaña? Le decimos cinco potenciales enemigos de un encuentro romántico mil veces soñado. No los subestime.

Aliento de hipopótamo

Son llamadas “bocas asesinas”. Tal vez la persona no sienta el olor, pero su otra costilla, que no tiene por qué mantener semejante “secreto”, lo hará cuando le susurre “mi amor” en la patica de la oreja o le quiera estampar el primer ósculo de la noche precisamente en la boca. ¡No hay nada que ahuyente más que una boca con aroma a hipopótamo! El hombre puede lucir muy guapo y ella demasiado seductora en ese traje rojo, ambos pueden ser excelentes conversadores, pero si uno de los dos asesina con el aire de su aliento, ¡adiós luz que te apagaste! El “culpable” no irá pal’baile.
Sí, definitivamente, nada arruina más rápido un encuentro, la primera cita que el mal aliento, uno de los problemas más comunes por los cuales las citas no van a ninguna parte, se esfuman, como dice Harold Katz, autor del libro Bad breath Bible (La Biblia del mal aliento), fundador de la California Breath Clinic y creador del “alientómetro”, un aparato capaz de medir cuán mal huele la boca de los demás.

Según Katz, el tip número uno para oler bien es aprender a cepillarse los dientes durante al menos dos minutos. También es aconsejable tomar al menos seis vasos de agua por día (renueva el oxígeno de la saliva); aprender a respirar por la nariz (hacerlo por la boca es contaminarla de olores); no beber alcohol (menos antes de una cita), limitar las tazas de café y preferir té (Madonna, la ¡cincuentona! Material, toma mate); no fumar (si se rompe este precepto, entonces hay que conformarse con hablar de lejos y olvidarse de besar al (o a la) pretendiente). Está comprobado: el tabaco es el peor enemigo de una boca sana y limpia.

Gases indiscretos

Son muchos los adultos que padecen de flatulencias, una distensión de estómago o intestinos debido a la acumulación de gases. Gases que pueden tener origen gástrico o intestinal. En el primer caso se eliminan mediante eructos, y en el segundo se expulsan por vía anal. Gases que se cuelan entre las sábanas, y lo que es más indecoroso (ignominioso, bochornoso o despreciable) durante las relaciones sexuales. Cuando se trata de parejas que se conocen porque hace tiempo viven bajo el mismo techo, se puede hablar del “advenedizo” con humor, pero en una primera cita, ¡oh, Dios!, es como para echarse a correr y no parar hasta llegar a casa, y exclamar: ¡Qué bochorno me hiciste pasar, pedo desgraciado! En estos casos, vale escuchar el sabio consejo de los gastroenterólogos, sobre todo cuando de una cita romántica se trata: eliminar las comidas y bebidas que producen flatulencias. Como, por ejemplo, la champaña, que glamorosa y todo ¡puede matarle en menos de lo que canta un gallo, el glamour a la persona que citó a su alma gemela! (El vino es mejor). Igual sucede con las legumbres, garbanzos y lentejas, la coliflor, las frituras y el picante. Otras sugerencias para no inflar los intestinos: comer con sentido común, despacio y masticando bien los alimentos, sustituir el café por infusiones digestivas y practicar técnicas de relajación que permitan eliminar la tensión y el estrés.

Hay quien recomienda salir a caminar, luego de una exquisita y romántica cena, pues el cuerpo de la persona que sufre de flatulencias, acomodará el airecito que tiene por dentro (¡y de paso, podrá soltar algunos gases sin que nadie se de cuenta!).

De las axilas, un violín

Todos tenemos un olor corporal que nos caracteriza, el cual se ve influenciado por el temperamento, clima e incluso comida. Por él somos reconocidos y nosotros hacemos lo propio con otras personas, pero que llegue a ser desagradable ¡también puede ser un rasgo distintivo! Se ha demostrado que los seres humanos distinguen los olores que emanan de diferentes partes del cuerpo, tanto consciente como inconscientemente, y puede conducir a reacciones diversas, algunas de ellas involuntarias. Incluso, los olores corporales desempeñan un papel significativo en la comunicación sexual. Por ejemplo, pueden proporcionar un impulso para la actividad sexual… ¡y también poner fin a este tipo de contactos!

Que de las axilas “salga” un violín, se debe a la gran cantidad de glándulas sudoríparas que posee esta zona. Y cuando hay sudor acumulado por el estrés o por el poco aseo corporal, se forman numerosas bacterias que desprenden unos gases que son los causantes del mal olor… ¡y de que la atracción muera al nacer! ¿Qué hacer? Lo primero, un aseo diario, ducharse hasta tres veces al día; usar ropa que facilite la transpiración; olvidarse de las comidas penetrantes, pues su olor puede hacer que pase al cuerpo y salga por los poros (ajo, comino y curry tienen tales propiedades).

Si el mal olor no se quiere ir, hay productos para los casos más graves, pero requieren una receta médica (hay que tomar en cuenta que los casos extremos de mal olor son probablemente causados por alguna forma de infección por hongos). Y si la transpiración está fuera de control, existe un tratamiento llamado iontoforesis, que puede sellar los poros por unos meses usando electricidad. Sólo hay que descubrir las causas de ese “olor a mapurite” o de “violín” del cuerpo y manejarlo de acuerdo a las circunstancias, y no tener miedo de consultar a un médico si el mal olor insiste en quedarse para arruinarle la vida al dueño (o la dueña) de esas axilas insensatas, tercas ¡y hasta obscenas!

Un rostro “marcado”

Nuestro rostro es la imagen directa que ofrecemos a la sociedad y a nosotros mismos a través del espejo, y por la impresión causada en los demás. ¡No en vano la sabiduría popular dice que “la cara es el espejo del alma”! Y de esta idea dependen todas nuestras relaciones sociales, profesionales, sexuales y afectivas. Por ello, una cara con acné puede convertirse en una barrera para acercarnos a la persona que nos gusta, cuando de enamoramiento y seducción se trata. Porque el acné suscita demasiada atención social, atrae miradas bastardas y comentarios fuera de lugar por su destacada visibilidad. Esta patología suele afectar principalmente en la adolescencia, una etapa de la vida en la que las frustraciones y el rechazo alcanzan un dramatismo desmesurado (muchos sostienen que las personas sin granos resultan más atractivas). Y marcar la vida de una persona, tanto social como físicamente (no abrirse a nuevas experiencias, deterioro de las relaciones personales, incluida la pareja, fobias sociales, desinterés laboral por promocionarse, o incluso optar por no asistir a entrevistas de trabajo suelen ser sus consecuencias).
Sin embargo, el acné, que puede persistir de por vida (cicatrices), puede también manifestarse en edades tardías, sobre todo en aquellos que presentan cuadros de ansiedad con estrés. “No existe la goma de borrar”, dicen los dermatólogos y especialistas en cirugía reparadora, aunque hay esperanzas de que la “víctima” del acné se tome el asunto con paciencia y en manos de un especialista médico.

Estornudos con lágrimas incluidas

No es nada cool que en lo más interesante de la conversación, y las cosas marchando “fenomenal”, la persona es asaltada por un acceso de tos y estornudos que no puede parar. Que de sus ojos, enrojecidos y puyúos, broten lágrimas, que quede muda y que cuando la tos le permita hablar, sólo pueda decir “llévame a casa, por favor” (en el caso de ella), “tengo que irme, te llamo mañana” (en el caso de él), marca un final nada espectacular.

Si no quiere que esos ataques aleja candidat@ se disparen en el momento menos deseado, he aquí la fórmula: si va a bailar, evite los sitios cerrados y con humo (el del cigarrillo le arruinará la noche); hágale la cruz a esos lugares alfombrados (recuerde el polvo) y locales alternativos (estos últimos pueden ser muy modernos y oler rico, pero de esos inciensos emana humo que pueden causarle un ataque tosífero); no tome antialérgicos (dan sueño y no van bien con el alcohol); no olvide las salvadoras gotitas de los ojos (dejar que se pongan rojos es antiestético). Si lo que le hemos recomendado le suena patético, entonces un consejo: quédese en casa viendo televisión. Mañana será otro día.

Fabricio Yarica

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