¿Es Colombia el país hermano que predican nuestros políticos?

Desde muy temprana edad amo mi tierra, su suelo, sus paisajes, su clima, su gente, su historia rebosada de hazañas heroicas. Desde muy pequeño fui aficionado a la historia de nuestra Patria, Venezuela. Me gustaban las narraciones de las grandes acciones que acometieron nuestros Libertadores para librarnos del yugo español. Recuerdo que en los años 50, en la escuela había un gran mapa de Venezuela donde se señalaban los límites y que teníamos que aprender de memoria. Por el Este Venezuela limitaba con la entonces llamada Guayana Británica, una colonia inglesa que hoy es Guyana, país soberano e independiente. Por el Sur teníamos al gigantesco Brasil, del cual nos decían nuestros maestros es el país más grande de América del Sur. Por el Norte Venezuela tenía al mar de las Antillas o Caribe y por el Oeste y parte del Sur al hermano país Colombia.

Integrantes del Tribunal Arbitral de París el 15 de julio de 1899

Estudiando ya bachillerato en el Liceo San José de Los Teques conocí de aquel célebre y abominable Laudo Arbitral de 1891 donde nos despojaron de la península de la Goajira y luego los despojos sucesivos de la frontera y del Alto Orinoco. En ese entonces no entendía muy bien lo ocurrido, porque había un gran contraste entre las grandes hazañas de los venezolanos de la época de las guerras de Independencia y los otros venezolanos que permitieron esos despojos de nuestro territorio. No podía entender como los grandes hombres que lucharon por nuestra libertad y por la libertad de casi medio continente sin apropiarnos de las tierras liberadas, sus herederos, otros venezolanos del siglo XIX, no supieron defender la herencia que nuestros Libertadores nos dejaron.

Años después, en los años 70 ya graduado de ingeniero civil, me puse a investigar la historia de las pérdidas sucesivas de nuestro territorio de lo que originalmente era Venezuela. Así, en la Real Cédula del 8 de septiembre de 1777 se declaró la separación del nuevo reino de Granada con su capital Santa Fe de Bogotá, de las provincias que constituían la Capitanía General de Venezuela. Allí la provincia de Maracaibo y por ende las autoridades de Venezuela tenían jurisdicción sobre el puerto de Bahía Honda, al lado del Cabo de la Vela. Con motivo de la separación de Venezuela de la Gran Colombia en 1830 se suscitaron diferencias para delimitar ambas naciones. El territorio de Venezuela tenía que ser el que conformaba la Gran Capitanía General de Venezuela creada el 8 de septiembre de 1777, por Real Cédula del Rey Carlos III. Hubo varias negociaciones, las de Michelena Pombo en 1833, las negociaciones Toro Acosta en 1844, las negociaciones Guzmán- Murillo de 1870, las negociaciones Guzmán-Arosemena de 1880.

Mapa de Venezuela 1811

En 1881 se firmó el Tratado de arbitramento “Juris” ente Venezuela y Colombia donde se nombraba al Rey de España como árbitro para dilucidad las diferencias limítrofes entre ambas naciones. Con este tratado se nombró al Rey Alfonso XII de España como Juez y Árbitro para elaborar la línea limítrofe entre Colombia y Venezuela. Debido al fallecimiento súbito de Alfonso XII, se firmó el Acta de Declaración de París, que ratificaba el tratado de 1881 donde se había designado a España como Juez, pero por incompetencia de nuestros representantes aceptaron que España se convirtiera de Juez de Arbitrio en Arbitro Arbitrador. Allí Venezuela cedió a España la potestad de decidir a favor de Colombia, por la desidia y lo escuálida de nuestra representación, que no tenía dinero incluso para mantenerse. Entonces la Reina Regente de España María Cristina firmó el Laudo Arbitral del 16 de marzo de 1891 haciendo el mayor despojo de territorio a Venezuela que se halla conocido. Así nuestro representante ante la reina regente, Rangel Garbiras, por su desidia e irresponsabilidad no defendió los intereses de Venezuela y el laudo arbitral de 1891 efectuó ese gran despojo de territorio nuestro para Colombia. Así lo testimonió Carlos Hahn en una carta dirigida en 1902 al general Cipriano Castro.

Posteriores a este Laudo de 1891 se firmaron varios tratados. El Tratado Unda-Suarez de 1894. El Tratado Silva-Holguin de 1895. El Pacto Convención de 1898 que reglamentó el Laudo de 1891 ratificado por ambas naciones en 1899. El Acta de Castilletes de 1900. Las negociaciones López Baralt-Diasgranados en 1904. Las negociaciones Urbaneja-Restrepo de 1907. Las negociaciones Rivas-Vásquez Cobo de 1909. En todas estas negociaciones se mencionaba la “hermandad” entre Venezuela y Colombia, pero con la habilidad de las representaciones de los colombianos siempre nosotros los venezolanos salimos perdiendo. Ante la vorágine terrófaga de nuestros vecinos, ellos insistían en seguir dilucidando nuevos límites, basándose en las imprecisiones de ubicación de los términos Mogote de los Frayles. Colombia, nuestros hermanos, querían más territorio. Pero ante la imprecisión de la frontera común del Laudo de 1891, y queriendo Colombia aclarar los límites de la Goajira para quedarse con ella, proponen someter al Presidente de la Confederación Helvética la reglamentación de dicho Laudo. Y en 1918 se celebra en Bogotá una Convención para tal fin. Así en 1928 se fijaron varios hitos en la Goajira, donde perdimos esa península. Los colombianos prosiguen en los intentos de definir la navegación entre los ríos de la frontera y se firma el Tratado de 1941 estando López Contreras al frente del Gobierno venezolano.

Representantes del Tribunal Arbitral de Paris de-1899

En ocasión a la Ley de Mar Territorial, Plataforma Continental, Protección a la Pesca y Espacio Aéreo, promulgada en 1956 durante el gobierno del Gral. Marcos Pérez Jiménez, los colombianos ven la posibilidad de apropiarse del lecho marino de la Goajira, para incursionar en el Golfo de Venezuela. Entonces nuestros hermanos colombianos enfocan sus baterías diplomáticas para realizar reuniones, comisiones mixtas o lo que sea para definir la delimitación de aguas marinas y submarinas. Claro, el interés de Colombia era apropiarse del mar territorial del golfo de Venezuela rico en petróleo.

Los colombianos no contaron en un principio con la plataforma marina y submarina que generaban los islotes de Los Monjes que son venezolanos. Por otro lado la definición de Castilletes es bastante polémica. Ellos al principio decían que los islotes Los Monjes eran de Colombia. Pérez Jiménez, cuando se enteró que habían incursionado los islotes, envió a la fuerza aérea venezolana a realizar prácticas de tiro en dichos islotes. El Gobierno de Colombia se quejó alegando que podía masacrar a naturales que habitaban esos islotes. Venezuela les respondió que según las fuentes de censo y estadística de Venezuela, en dichos islotes de Los Monjes que son venezolanos, están deshabitados. Así concluyó ese intento colombiano por apropiarse de dichos islotes.

Posteriormente los colombianos alegaron el mar territorial que generaba sus costas a partir de Castilletes. Hábilmente Colombia otorgó concesiones petroleras en zonas que por su amplitud se introdujeron en el mar interior del Golfo de Venezuela. Esas concesiones se las otorgó en 1965 a las empresas norteamericanas Cities Service y United Fruit basándose en una línea media de una proposición colombiana llamada Línea Media de Boggs. Es vergonzoso saber que algunos prominentes venezolanos representaban esas empresas concesionarias. El primer gobierno de Rafael Caldera protestó esta aventura comercial que lesionaba nuestra soberanía. Se propusieron mapas de ambas partes, donde se dibujaban la plataforma continental y el mar territorial de cada nación, respetando la plataforma y mar territorial que generan Los Monjes como islas venezolanas. En 1969 se firmó el “modus operandi” para ambas delegaciones para delimitar áreas marinas y submarinas. En 1970 comenzaron las reuniones. A lo largo de ellas los colombianos insisten en que los islotes no son islas y por tanto no generan plataforma ni mar territorial. Los venezolanos alegan, como es lógico, lo contrario. Los colombianos al verse perdidos crean una nueva estrategia: dicen que el Golfo de Venezuela no es de Venezuela y lo llaman Golfo de Coquivacoa. En fin, los leguleyos de ambas partes prosiguieron sin resultados tal tarea.

Mapa de Venezuela 1930

Colombia propuso entonces llevar el litigio a la Corte Internacional de Justicia en La Haya. Venezuela no puede aceptar otro “arbitraje” porque está de por medio nuestra soberanía. Nuestra experiencia ha sido lamentable y por demás vergonzosa. El contralmirante Ramiro Pérez Luciani publicó un libro que tituló: ¡Con Colombia ya basta! Donde explica con lujo de detalles todos y cada uno de los eventos narrados. Dice Pérez Luciani que el Laudo de 1891 está totalmente viciado. Dice que las comisiones mixtas demarcadoras de 1900 y 1901 cometieron una inmensa cantidad de errores en la fijación de los puntos. Dice que las decisiones del Laudo Suizo que se inició en 1918 fueron amañadas, y el Tratado de 1941 fue la ratificación del cúmulo de errores y entreguismo venezolano. Entonces propone: ¿Por qué no tratar de impugnar el Laudo de 1891 hasta todos los actos posteriores y comenzar de nuevo?

Tomado del Libro “El síndrome de la piñata en la idiosincrasia del venezolano” – por Jairo Larotta –publicado en 2014 por la editorial alemana Dictus Publishing 978-3-8473-8853-1

Jairo Larotta

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