Especial web a 60 años del derrocamiento de Pérez Jiménez

Con motivo de los 60 años del derrocamiento del General Marcos Pérez Jiménez, nuestro editor Miguel Salazar en su programa de televisión, nos muestra una semblanza del entonces hombre fuerte de Venezuela.

A continuación los videos de dicho programa trasmitido el domingo 31 de septiembre del 2017 por el Canal i, así como una selección de textos que muestran las facetas del General.

 

Palabras del expresidente venezolano general Marcos Pérez Jiménez en el juicio que se le siguió en 1968 por parte de los socialdemócratas pro estadounidenses por delitos supuestamente cometidos por quien fuera depuesto el 23 de enero de 1958.

La enemistad del yanki

“Es conveniente que todos los venezolanos sepan cuáles han sido las razones principales por las cuales el Departamento de Estado vino a constituirse en actuante enemigo del gobierno que presidí y en enemigo también de mi persona.

Para creer que Estados Unidos de Norteamérica está sinceramente interesado en el desarrollo integral de los países latinoamericanos es indispensable ser un ingenuo de primera magnitud. Y para predicar que existe tal interés se necesita ser un yanki o pertenecer a la legión de los “seguros servidores”.

Las naciones que han alcanzado un alto nivel de desarrollo en todos los órdenes y que por lo tanto ocupan sitial de liderazgo en el mundo, tienden a tener -por elementales imperativos geopolíticos- definidas zonas de influencia. La extensión de tales zonas es directamente proporcional al grado de fortaleza integral de cada una de las naciones líderes.

Nadie duda que Estados Unidos de Norteamérica ha venido a ser -más por azar que por merecimientos- la nación líder de la denominada “Civilización Occidental”. Para la conservación de este liderazgo, los políticos que dirigen a la nación en referencia no han demostrado mucho talento que digamos. Por el contrario, sus actuaciones en el orden internacional -y en el interno también- parecen destinadas a deteriorar los basamentos sobre los cuales se sustenta ese liderazgo. Y si bien hasta ahora no ha habido un deterioro de magnitud en la condición de líder que ostenta Estados Unidos de Norteamérica, es porque el vigor nacional que se forjó antaño ha podido contrarrestar en gran parte el resultado negativo producido por la acción de sus políticos.

La América Latina -eso nadie lo duda- está dentro de la zona de influencia de Estados Unidos de Norteamérica. Dentro de esta zona la nación líder trata de mantener un status que beneficie sus particulares intereses.

Si los países latinoamericanos se desarrollaran integralmente, alcanzando niveles de superación en todos los órdenes, esto traería de inmediato una notable disminución de la influencia yanki en todos estos países.

Los yankis -que son torpes pero que no han llegado a la idiotez- saben que es inconveniente para sus intereses contribuir al desarrollo pleno de los países latinoamericanos. Y saben también que lo más conveniente en función de la preservación de su influencia, es que los países latinoamericanos logren un semi-desarrollo que sirva para satisfacer parcialmente sus naturales anhelos de superación.

Este semidesarrollo garantiza a Estados Unidos de Norteamérica lo que para ellos es sustancial: el mantenimiento del colonialismo económico.

Tal colonialismo se caracteriza por lo siguiente:

a) Posibilidad de mantener la economía de todos y cada uno de los países latinoamericanos dependientes de la voluntad del gobierno yanki, el cual mediante acciones u omisiones, puede influir decisivamente en tales economías;

b) Mantener en todos y cada uno de los países latinoamericanos condiciones excepcionalmente favorables para las inversiones yankis;

c) Mantener a los países latinoamericanos en estado propicio para sacar de ellos, en el momento en que se juzgue conveniente y a los precios impuestos por el importador, las materias primas que son indispensables a las industrias estadounidenses;

d) Hacer depender de préstamos o dádivas procedentes de organismos regionales manejados por Estados Unidos de Norteamérica, o directamente suministrados por el gobierno de esa nación, los planes de desarrollo económico de los países latinoamericanos.

Para conservar el estado de semi-desarrollo al cual se ha hecho referencia, los yankis, entre otras cosas, procuran:

1) Mantener las fuerzas armadas de los países latinoamericanos en estado de debilidad camuflada, a fin de que la defensa de cada país dependa en gran parte de la voluntad de Estados Unidos de Norteamérica en un momento determinado, permitiendo que se pueda intervenir militarmente cualquier país latinoamericano por parte del yanki, sin correr mayores riesgos.

2) Controlar los órganos de información y de difusión de ideas en los países del área, mediante la acción de organismos internacionales controlados por ellos y la acción de agentes diversos; la penetración económica de las empresas poseedores de tales órganos o, y por el soborno a quienes en una u otra forma trabajan en labores periodísticas.

3) Penetrar, con propósito de dominio, las organizaciones internacionales que tengan jurisdicción continental -bien sean éstas oficiales, semioficiales o particulares- así como también organizaciones nacionales, para manejarlas conforme a directrices precisas emanadas del Departamento de Estado o de otros organismos.

Venezuela había venido transitando hasta 1957 caminos de superación espectacular. Para el desarrollo de los grandes planes tendientes a independizar su economía del petróleo como combustible y fundamentarla en el petróleo como materia básica para nuestra industria petroquímica; en una producción de acero racionalmente concebida y juiciosamente establecida, y en creaciones capaces de desarrollar una sana y voluminosa producción agraria, no había necesitado recurrir ni al empréstito ni al tutelaje científico y técnico procedente de los Estados Unidos de Norteamérica. Los planes en marcha no dependían del yanki ni en lo económico ni en lo científico ni en lo técnico.

Por otra parte, Venezuela, como ya se había demostrado en Panamá, estaba ciertamente interesada en el desarrollo integral de los países latinoamericanos, por lo cual se aprestaba a contribuir a lo sustancial de ese desarrollo, que es el desarrollo económico.

También Venezuela se aprestaba ya a otorgar empréstitos en obras a diversos países latinoamericanos, para desarrollar los programas que más contribuyesen al fortalecimiento económico y al mejoramiento social de tales países.

Y debemos hacer notar que Venezuela estaba ya exportando su ciencia y su técnica mediante misiones de diversa índole y empresas que llevaban a cabo diferentes obras en países latinoamericanos.

Desde el punto de vista específicamente del interés yanki, la actuación del gobierno venezolano de ese entonces no podía ser tolerada, ya que ella significaba incursión venezolana por los predios de la zona de influencia de los yankis. Por eso ellos -los yanquis- tenían que detener la acción de un régimen de gobierno que estaba sacando a la nación venezolana de su condición de influida para ponerla en condición de influyente.

Venezuela ha sido sistemáticamente amenazada por las restricciones para su petróleo en el mercado interno de los Estados Unidos. En una de tantas oportunidades, el gobierno de los Estados Unidos comenzó a dejar traslucir que se impondrían restricciones. Con el propósito de contrarrestar esta sistemática amenaza se estudió a fondo el caso y se determinó que el suministro de hierro era en esos momentos vital para la industria del acero en la costa Este de los Estados Unidos. Después de madurar suficientemente el asunto, estableciendo todos los pro y contras que la acción tendría, me presenté al Congreso para manifestar públicamente que Venezuela consideraba integrado el suministro de materiales estratégicos a los Estados Unidos, y que si se nos restringía el mercado estadounidense para nuestro petróleo, inmediatamente cortaríamos los suministros de hierro.

La razón sustancial que nos llevó a tomar esa actitud fue la de saber que los yacimientos ferrizos en el territorio continental de los Estados Unidos son pobres; que los próximos del Canadá no tienen el alto porcentaje del de nuestros yacimientos y, por otra parte, difícilmente pueden explotarse en la estación invernal, y que los otros yacimientos están distantes de los Estados Unidos y tampoco tienen el alto tenor ni la facilidad de explotación que tienen nuestros yacimientos de hierro.

Los yankis comprendieron que se les había amagado con golpearles un punto vulnerable y dieron marcha atrás en sus pretensiones restrictivas y no volvieron, durante mi permanencia en el gobierno, a amenazar con tales restricciones. Pero lo que sí es cierto es que mi actitud creó en ellos un sentimiento desfavorable hacia mí.

De la acción llevada a cabo en esa oportunidad no me he arrepentido ni me arrepentiré jamás, y si en alguna ocasión en el futuro tuviese que actuar en forma similar, sin vacilaciones lo haría.

Durante el primer semestre de 1956 recibí invitación del presidente de Panamá para concurrir a una reunión de jefes de estado que debía efectuarse en ese país.

Al pedir que se me enviase la agenda que debía regir en esa reunión, encontré que no existía en dicha agenda ningún tópico que justificase una reunión de esa importancia. Ante este hecho, manifesté que yo no asistiría por considerar que no había motivo suficiente para esa reunión.

Pocos días después recibí un enviado especial del presidente Eisenhower, quien me manifestó que dicho presidente concurriría a la reunión y que él consideraba que la concurrencia del jefe de estado venezolano a una reunión de carácter panamericano hecha invocando la memoria del Libertador, se imponía.

Para ese momento ya había cambiado yo de opinión sobre la concurrencia a la -reunión de jefes de Estado, en función de haber vislumbrado la posibilidad de exponer una tesis cuya puesta en práctica podría significar un hecho altamente beneficioso en el orden económico para todos los países latinoamericanos. En consecuencia, manifesté al representante del presidente Eisenhover y al presidente de Panamá que sí concurriría a tal reunión.

En aquella memorable oportunidad escuché los discursos encendidos de todos los jefes de Estado concurrentes, quienes hablaron sobre tópicos diversos, pero sin el planteamiento de fórmulas concretas para llevar a cabo determinada realización que pudiese significar bien colectivo para el Continente y especialmente para Latinoamérica. Yo, que había madurado mis ideas, tomé la palabra para exponer en cinco minutos una proposición concreta.

La proposición, en síntesis, fue la siguiente: “Venezuela estaba dispuesta a contribuir con cien millones de bolívares para un fondo común panamericano destinado a realizar obras diversas para el desarrollo económico y de los servicios en aquellos países del Continente que más lo necesitaran, siempre que todos y cada uno de los demás miembros de la Organización de Estados Americanos contribuyesen con una proporción igual de sus presupuestos respectivos, cerca de un 4%”.

Esta proposición tenía el virtuosismo de poner a todos los países miembros de la Organización en un mismo plano moral para el cumplimiento de tales fines, ya que la proporción de la contribución era la misma. Ella significaba para los Estados Unidos un desembolso de cerca de tres mil millones de dólares. Por otra parte, el manejo de los fondos correspondería ya no a un estado sino a una organización surgida de la voluntad de todos los estados contribuyentes.

Los argumentos básicos que se expusieron para la proposición fueron los siguientes: a) Venezuela había contribuido más que nadie a la liberación continental en el orden político, lo cual dejaba entrever que los Estados Unidos habían contribuido menos a esa liberación que la nación venezolana, b) Que estos países latinoamericanos necesitaban ahora la indispensable liberación económica, y que Venezuela estaba dispuesta a contribuir a dicha liberación como había contribuido en el pasado a la liberación política. Esto quería decir que Venezuela se aprestaba a liderizar la acción a fondo de la liberación económica que los pueblos latinoamericanos estaban y están reclamando.

El gobierno de los Estados Unidos fue sorprendido por la proposición hecha por el jefe de Estado venezolano, y su reacción inmediata fue confusa. Pero poco tiempo después se movilizó buscando contactos con las cancillerías de todos los países latinoamericanos, utilizando al máximo esa legión de personajes que ya se conoce con el nombre de “seguros servidores”, para entorpecer la aceptación de la proposición venezolana. Muchos gobiernos respaldaron la proposición, pero otros no lo hicieron. Y ella no podía llevarse a cabo si no había consenso en la aceptación.

El virtuosismo de la proposición venezolana de ese entonces ha sido silenciado debido a la influencia permanente que el gobierno de los Estados Unidos tiene sobre muchos órganos de divulgación de ideas en Latinoamérica, y también porque dada la temperamentalidad venezolana -que por sobre las características de algo que signifique lustre para nuestro gentilicio impone la pasión política- se procura hacer olvidar todo lo bueno hecho por un adversario político.

Ahora los pueblos latinoamericanos resignadamente han aceptado la llamada Alianza para el Progreso, en donde el gobierno de los Estados Unidos es el único apartador de fondos y consecuencialmente el único que toma la decisión sobre la dádiva. La posición moral de todos los países latinoamericanos integrantes de la Alianza para el Progreso no deja de ser triste, pues en síntesis viene a ser la de miembros de una asociación de mendigos en la cual cada uno se presenta con la palma de la mano tendida hacia arriba en actitud implorante. ¡Qué diferente la actitud nuestra en aquel momento a nuestra actual actitud! En Panamá nos presentamos con la palma de la mano puesta hacia abajo en actitud de contribución”.

UNA TORPE POLÍTICA EXTERIOR

“En los últimas décadas el Departamento de Estado, principalmente y algunos sectores del pueblo yanki como secundadores, han tenido la tendencia a entronizar el disparate como guía de sus actuaciones en el orden internacional. Y hasta hace poco no habían encontrado la sanción de las consecuencias para hacerles comprender su error.

Afortunadamente para la humanidad -y también en cierto grado afortunadamente para ellos- la sanción contundente de les consecuencias ha venido a hacerles entender, como entiende el bruto que toma contacto con el fuego, que su acción ha sido disparatada.

Y pruebas al canto.

La entronización de Fidel Castro como gobernante de Cuba y la consecuente implantación en la isla de un régimen comunista/ se debe en gran parte al Departamento de Estado y a los sectores del pueblo norteamericano que siguen ciegamente las directivas de ese Departamento.

Hoy que recordar las diversas manifestaciones de apoyo prestadas por diferentes vías -subrepticias algunas de ellas- a quienes conspiraban para derrocar el régimen de Fulgencio Batista. Conviene recordar también de cómo órganos de divulgación de ideas -ideas que allá se martillan con insistencia excepcional- contribuyeron a crear el ambiente propicio para que en el Continente se vieran con simpatía los propósitos de los guerrilleros de la Sierra Maestra.

Es bueno no olvidar los reportajes enaltecedores que las revistas y periódicos que en los Estados Unidos cumplen las funciones de nuestras gacetas oficiales, publicaron para crear de Fidel una imagen de apóstol-soldado. Y así como las anteriores, podríamos seguir enumerando actuaciones tendientes a propiciar el ascenso al poder de los “barbudos”.

Yo personalmente oí en Miami a un ex-embajador de los Estados Unidos manifestar que había estado en Cuba con el propósito de “insinuar” a Batista que debía abandonar el poder, para dar paso a quien indudablemente entonces era el único que estaba en la vía para sustituirlo: Fidel Castro.

Lo interesante en este caso, más que otras cosas, es poner en evidencia que mediante propósitos mal encaminados que significan torpeza, gobierno, instituciones, órganos de divulgación de ideas, y personas, se esforzaron por establecer en Cuba un gobierno que resultó comunista.

Conviene no olvidar que ciudadanos cubanos de la misma condición de los que actúan en el Continente como “seguros servidores” del Departamento de Estado, desempeñaron un papel importante para la instauración en el Hemisferio del más connotado estado comunista.

Y lo más doloroso de todo es que para el establecimiento de ese estado comunista a que nos hemos referido, no se gastaron ni rublos ni yuanes, sino dólares y pesos cubanos y -porqué no decirlo también- bolívares.

Nunca como en el caso de que se trata, la torpeza imperante en los Estados Unidos se hizo tan patente y tan imitada, culminando con un logro tan funesto, lesivo no sólo para el prestigio y para la seguridad de los Estados Unidos, sino para la seguridad de todas y cada una de las naciones de este Continente.

En el presente, el mal está pujante y él significa inquietudes no solamente para los países débiles, sino para los propios Estados Unidos -si es que una obnubilación no les ha hecho perder el sentido de su propia preservación-. Cuba es ahora base de penetración ideológica para comunizar a todos los pueblos de este Hemisferio y también base militar altamente peligrosa en lo que respecta a la posibilidad de destruir desde ella núcleos de población, objetivos militares y centros industriales en el Sur y Sureste de los Estados Unidos y en toda el área del Caribe, mediante acción intensa de cohetería con ojivas atómicas.

Por otra parte, se sabe también cómo centenares de miles de ciudadanos cubanos se han visto obligados a huir de la isla para refugiarse mayoritariamente en los Estados Unidos y vivir allá una vida de ciudadanos de segunda categoría, que los molesta y los hiere hasta el punto de sentirse con los mismos rencores que tienen las minorías puertorriqueñas y mejicanas, que por fuerza de las circunstancias han tenido que establecerse en el territorio continental de los Estados Unidos.

Otro ejemplo que patentiza la colosal torpeza que orienta la política exterior de los Estados Unidos es el caso del Vietnam.

Cuando los franceses luchaban allá para impedir que el comunismo se apoderase de esa nación y pretendiera extenderse en todo el Sureste de Asia, los Estados Unidos les negaron la ayuda que en ese momento hubiese resultado decisiva para parar el expansionismo a que se ha hecho referencia, aduciendo que ellos -los Estados Unidos- no ayudarían a los franceses por la sencilla razón de que la nación vietnamita era la única autorizada para decidir su destino. Y los franceses a la postre tuvieron que abandonar el país.

Tardíamente, como corresponde al torpe, los Estados Unidos comprendieron que los franceses tenían razón en sus propósitos, y se vieron en la necesidad de auxiliar al gobierno de Vietnam del Sur para evitar que los comunistas se adueñaran de todo Vietnam y prosiguieran en la conquista de la región Sur oriental de Asia.

Hasta que existió el gobierno-de la familia Diem en Vietnam del Sur, los estadounidenses habían podido mantener a raya a hombres. Gastando una cantidad no mayor de los doscientos mil comunistas empleando efectivos no mayores a los veinte millones de dólares y habiendo sacrificado hasta ese momento no más de doscientas vidas del contingente expedicionario. Pero otra vez la torpeza afloró a plenitud, y los yankis resolvieron ayudar decididamente a quienes conspiraban contra el gobierno de la familia Diem, logrando el derrocamiento de ese gobierno, permitiendo el asesinato de muchos de sus miembros y persiguiendo con ensañamiento enfermizo hasta las mujeres de los ex-funcionarios muertos o fugitivos.

Pero esta vez la torpeza no quedó impune. Como consecuencia del derrocamiento del gobierno de la familia Diem y para poder contener la acción cada día más creciente de los comunistas los Estados Unidos se han visto en la necesidad de emplearse a fondo, colocando allá una fuerza expedicionaria de aproximadamente medio millón de hombres; habiendo gastado desde entonces más de sesenta mil millones de dólares; habiendo sacrificado más de veinte mil vidas, y habiendo sufrido el impacto de cerca de doscientos mil heridos, de los cuales treinta mil quedarán lisiados en forma permanente.

Si loa Estados Unidos hubiesen ayudado al gobierno francés y luego no hubiesen tratado de cambiar un status que les permitía lograr su propósito con un mínimun de gastos y de sacrificio de vidas, no estarían hoy involucrados en una guerra sin esperanzas de triunfo: repudiada por la mayoría de los pueblos civilizados de la tierra; repudiada también por densos sectores del pueblo norteamericano, y que les cuesta anualmente alrededor de treinta mil millones de dólares -aproximadamente un quinto de su presupuesto- y pérdidas de más de diez mil vidas por año, así como cerca de ochenta mil heridos, de los cuales quedan definitivamente inválidos unos cinco mil.

Torpeza e inconsecuencia son las características resaltantes de las actuaciones yankis en Vietnam.

Con respectó a mi extradición, los yankis han cometido otra torpeza de la cual ya comienzan a asomarse las consecuencias negativas que para los Estados Unidos tendrá.

El pueblo de Venezuela -me refiero al que tiene cabed concepto de patria y sentido nacionalista- repudia esta extradición y el trato vejatorio que en las cárceles de los Estados Unidos se me dio, acreciéndose por lo tanto el sentimiento antiyanki que básicamente, existe en todo país latinoamericano. De los sectores del pueblo venezolano -estoy seguro de ello- no pararán hasta lograr la acción reivindicativa requerida en función de la ofensa que para el gentilicio venezolano significa mi extradición y todas las circunstancias que la rodearon.

A los torpes, inmorales y mercantilistas funcionarios yankis que decidieron mi extradición, se les había convencido de que tal extradición haría que los venezolanos cayesen de rodillas en acción de gracias ante todo yanki que encontrasen en la calle. ¡Pobres ilusos! Aún no se han dado cuenta del profundo rencor que en la totalidad de los sectores sanos de este pueblo bravío se ha sembrado con el hecho bochornoso de la entrega a sus enemigos políticos de un ex-funcionario venezolano que tuvo el error de creer que era alta la calidad moral de los funcionarios en los Estados Unidos.

A pesar de su torpeza, ya sectores oficiales yankis comienzan a entender que fue un error la entrega en referencia, y que esto puede traer para el futuro consecuencias de imprevisible alcance en el deterioro de las relaciones de pueblo a pueblo que deben existir entre naciones a quienes conviene una amistad recíproca. Hay hechos que así lo evidencian. Uno de estos hechos -además de otros que se dice han ocurrido por cancillerías- es el que portavoces del Departamento de Estado para la América Latina, tal como lo es el Miami Herald, insinúan al gobierno de Venezuela a través de reportajes publicados, que se dé fin a este proceso y que se adopte la fórmula, no contemplada en nuestras leyes, de que se haga una computación sui generis del tiempo que he permanecido en prisión y que se me aplique una pena -por supuesto, marginando nuestras leyes- que sea igual al resultado que se insinúa. Otra torpeza más. Tales computaciones no son factibles en función de las leyes que aquí imperan, como tampoco es factible la condena en función de esas leyes. Las fórmulas que tratan de imponer a través de las insinuaciones del tipo a que se ha hecho referencia, parecen destinadas a tribunales a los cuales ellos consideran en el mismo plano de inmoralidad que caracteriza a los existentes en Puerto Rico, a los cuales los yankis les impusieron fórmulas para mantener en prisión al líder nacionalista Alvizu Campos hasta que por deterioro físico quedase imposibilitado para luchar por sus ideales -justificados o no, pero respetables por ser de carácter nacionalista-.

No solamente la torpeza y la inconsecuencia son características definidas del yanki en su política internacional; también lo es -y en grado sumo- el cinismo.

Son muchos los ejemplos que para demostrar ese cinismo se pueden citar; pero es suficiente con traer a consideración solamente algunos.

En tales oportunidades los agentes de propaganda en referencia pretenden demostrar preocupación por el hecho de que esas compras pudieran estarse invirtiendo fondos que mejor pudieran -dicen ellos- destinarse a realizaciones de beneficio nómico y social para las colectividades. Tal propaganda puede ciertamente impresionar a gentes con criterio simplista. La dad es que si se analizan las circunstancias, en seguida al a la conciencia la falacia de la prédica.

Si los políticos en los Estados Unidos de Norte América tuvieran sinceramente interesados en el bienestar integral de países latinoamericanos, no estarían patrocinando leyes y medidas ejecutivas que sí lesionan en forma apreciable la economía tales países. Cualquier medida restrictiva por parte del gobierno yanki daña mucho más en lo económico a cualquiera de los países que la compra más grande de material de guerra que ha efectuado.

Ahora bien, cuando la compra de material de guerra se hace en los Estados Unidos de Norte América, los comentarios adversos de los agentes desaparecen como por encanto.

Además, hay otro aspecto que vale la pena considerar. Para ser predicador hay que tener las credenciales morales correspondientes. Mal podría predicar contra la gula quien es un reconocido glotón. Y el gobierno yanki que gasta en propósitos militares más del 50% del dinero aportado por los contribuyentes, mal puede criticar adversamente a quien en una compra extraordinaria de material de guerra invierte a lo sumo un décimo de ese porcentaje.

En el caso de mi extradición, el gobierno yanki ha hecho también gala de cinismo. En el convenio de entrega, tal gobierno exigió al de Venezuela que aquí me se hiciera un juicio “rápido y justo”.

¿Con qué autoridad moral puede el gobierno yanki exigir que en Venezuela se me haga un juicio “rápido”, cuando allá el proceso fue demorado expresamente con el deliberado propósito de obtener más tributo oficial y ventajas particulares para un buen número de funcionarios?

¿Con qué autoridad moral puede el gobierno yanki exigir que en Venezuela se me haga un juicio “justo”, cuando allá fueron designados jueces ad hoc para lograr la decisión que acordó mi extradición?

El proceso duró allá desde mediados de 1959 hasta agosto de 1963, lo cual da idea de la “rapidez” que hubo en él. Y en cuanto a la “justicia”, la actuación de jueces y otros funcionarios demuestra claramente cual fue la que privó.

Se necesita tupé para que el gobierno de los Estados Unidos de Norte América quiera aparecer como honrado garante de que en Venezuela se me seguiría un juicio “rápido y justo”. Por eso se explica que aquí las autoridades hayan hecho caso omiso de lo acordado en el convenio de entrega y hayan demorado el proceso cuanto les ha venido en gana. Aun cuando los convenios entre pillos a veces se respetan, en este caso no ha habido tal respeto.

No creo que el demostrado cinismo del yanki obedezca a un definido propósito; simple y llanamente es una manifestación más de su torpeza”.

Libro “Frente a la Infamia”

Gral. Marcos Pérez Jiménez

Publicación de la Cruzada Cívica Nacionalista

Págs 141-156

“Quienes nos oponíamos a Pérez Jiménez –por una cuestión visceral, porque éramos comunistas, porque nos perseguían– de alguna manera participábamos de ese mundo, ese era el mundo real. Lo que no nos gustaba era él, el régimen de dictadura, la falta de libertad, pero la época nos gustaba, la vivíamos intensamente, sentíamos que progresábamos, que no era mérito de Pérez Jiménez sino de las inmensas riquezas del país. Pensábamos que era de cajón que Pérez Jiménez hiciera lo que hacía, que no faltaba más, pero que alguien lo podía hacer mejor… A la larga descubrimos que no, que nadie lo hizo mejor, es casi blasfemo para mí mismo decirlo, pero es la verdad, o siento que es la verdad“.

“Creo que he insistido mucho en los años de Pérez Jiménez a lo largo de esta conversación. Pero es que a veces me preocupa que nos olvidemos de la trascendencia histórica de esos años. ¿Hasta cuándo la Historia de Venezuela va a continuar contándose en términos morales? ¿Hasta cuándo vamos a dividir nuestros gobernantes en buenos y malos?”.

 

El mandatario venezolano dijo en 2010 que más dictadores fueron los presidentes adecos y copeyanos que el dictador derrocado.

Reyes Theis

Aunque la concentración oficialista celebra hoy la caída del dictador Marcos Pérez Jiménez el 23 de enero de 1958, la opinión del presidente Hugo Chávez es que el presidente derrocado fue un buen gobernante.

El 25 de abril de 2010 en el Aló Presidente número 355 que se realizó en Mantecal, estado Apure, el presidente Chávez dijo: “Yo creo que el general Pérez Jiménez fue el mejor presidente que tuvo Venezuela en mucho tiempo. ¡Ufff! Fue mejor que Rómulo Betancourt, fue mejor que toditos ellos. No los voy a nombrar. Fue mejor, ¡Aahh! Lo odiaban porque era militar”.

El mandatario restó importancia a que lo criticaran por alabar al dictador. “Digan de mí lo que les dé la gana, escuálidos. Yo no les hago caso a ustedes, pierdan el tiempo que quieran. A Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César”.

Luego Chávez entró en detalle sobre lo que consideró logros de la dictadura: “Miren, si no hubiese sido por el general Pérez Jiménez, ¿ustedes creen que tendríamos Fuerte Tiuna, la Academia, la Efofac, el Círculo Militar, Los Próceres, la autopista Caracas-La Guaira, los superbloques del 23 de enero, la autopista del Centro, el Teleférico, la Siderúrgica, Guri?”, preguntó.

El Presidente agregó: “Ustedes saben que los adecos y los copeyanos tuvieron preso a Pérez Jiménez en San Juan de Los Morros. Eso casi nadie lo sabe. Pérez Jiménez se fue para Estados Unidos, los yanquis lo mandaron para acá, lo extraditaron, porque ya tenían un acuerdo con los adecos. Lo acusaron de corrupción, lo metieron preso, como cinco años se caló Pérez Jiménez en la Penitenciaria de los Llanos San Juan de Los Morros. Después lo echaron del país, y además hicieron una enmienda constitucional para impedirle que se lanzara de candidato a nada, ¡Les hubiera ganado una elección!, ¡Ufff! Después lo satanizaron: plomo contra Pérez Jiménez, plomo, el dictador, el tirano, etcétera. Más dictadores fueron ellos”.

 

El Mundo de España

Martes, 8 de diciembre de 1998

Chávez propone el regreso a Venezuela de Pérez Jiménez

Javier Espinosa

El presidente electo de Venezuela, Hugo Chávez, se mostró el domingo por la noche (madrugada del lunes en España) partidario del regreso a este país del ex dictador Marcos Pérez Jiménez, que actualmente se encuentra exiliado en España.

“Si el general (Jiménez) quiere pasar los años por venir aquí, es nuestro criterio que no debe tener ningún impedimento. Ya está bien de tener fuera del país a un venezolano que cometió errores”, dijo Chávez que, sin embargo, negó que Pérez Jiménez lo esté asesorando.

Las conexiones entre el ex militar golpista y el autócrata que rigió los destinos de Venezuela durante 5 años han sido un especial motivo de controversia política en el ámbito local en los últimos meses.

Algunos dirigentes de los partidos tradicionales han cuestionado las convicciones democráticas de Chávez por estas amistades.

En este sentido, el mismo domingo el ganador de los comicios se vanaglorió de la intentona golpista que lideró el 4 de febrero de 1992 y dedicó un saludo a “la muchachada rebelde del 4F”.

El presidente Rafael Caldera lanzó ayer una explícita advertencia a Chávez para que no se preste a veleidades populistas. “El cambio tiene que ser en paz, en libertad, robusteciendo la democracia y no a través de otro sistema. No podemos dividir a los venezolanos”, declaró el mandatario en un mensaje a la nación.

PÉREZ JIMÉNEZ A CHÁVEZ:

“USTED REPRESENTA TODO LO QUE YO ANHELO PARA VENEZUELA”

Chávez se entrevistó con Jiménez en su residencia de La Moraleja (en Madrid) el pasado mes de mayo y recibió el respaldo del antiguo dirigente militar.

Según adelantó este diario en aquel entonces, en dicho encuentro el propio anterior hombre fuerte del país le dijo: “Usted representa todo lo que yo anhelo. Venezuela, con su Presidencia, volverá a ser la nación que soñó Simón Bolívar”.

Al igual que Chávez, Marcos Pérez Jiménez fue el abanderado de un grupo secreto que se creó en el seno del Ejército en 1944, la Unión Militar Patriótica, que terminó alzándose contra el Gobierno de Rómulo Gallegos a finales de 1947. Jiménez abandonó el poder tras una nueva revuelta de los uniformados el 23 de enero de 1958.

Sin embargo, durante todos estos años la figura del dictador ha mantenido una cierta aureola entre algunos sectores de la sociedad venezolana, hasta el punto de que en los comicios de 1968 resultó elegido senador y sus seguidores ganaron en Caracas. Jiménez fue inhabilitado y continuó en el exilio.

 

Marcos Pérez Jiménez: El presidente venezolano que plantó cara a EEUU

Pérez Jiménez recibiendo la Legion of Merit en Caracas el 13 de febrero de 1954, la condecoración más alta otorgada por los EE.UU. a personalidades extranjeras, de manos del embajador Fletcher War

Marcos Evangelista Pérez Jiménez hizo el plan de integración económica latinoamericana, que provocó la ira de los Estados Unidos.

Datos de Gobierno

* Presidente de Venezuela para el período 1952-1957.

* Miembro de la Junta de Gobierno y ministro de Defensa para el período 1948-1952.

* Se destacó por ser un excelente estadista y militar.

* Tuvo el mejor promedio en la Academia Militar y hasta ahora no ha sido superado.

* Su periodo presidencial 1952-1957 llevó a Venezuela a ser la sexta potencia mundial (tercera del continente).

* Se modernizó completamente el país y se iniciaron gran cantidad de obras vanguardistas que hasta el día de hoy son de gran utilidad para la nación.

* Mayores reservas de Oro de Latinoamérica para la época.

* Construcción del primer reactor nuclear de Latinoamérica en el IVIC.

* La inflación acumulada anual no pasaba de 1%.

* Planes de recuperación por vía diplomática o armada del Territorio Esequibo (usurpado por los ingleses).

* Sin deuda externa.

* En 1956 el bolívar Venezolano supera el valor del dólar.

* El país tenía pleno empleo, es decir, 0% desempleo y por consiguiente un alto nivel de inmigración que fue promovido por el Gobierno, sobre todo la inmigración proveniente de Europa.

Por estos y muchos otros logros Marcos Pérez Jiménez fue condecorado por USA con la “Legion Of Merit” reservada para personalidades extranjeras y la de grado mayor.

Hasta entonces todo estaba bien, la opinión mundial era altamente favorable y se veía con buenos ojos la economía emergente y la estabilidad en Venezuela.

Cito una entrevista de José Emilio Castellanos a Marcos Pérez Jiménez 1998.

Entrevistador: —¿En qué momento sintió las primeras presiones de parte del Gobierno de Estados Unidos?

Pérez Jiménez: —Hubo presiones y hubo halagos. Eisenhower me distinguió con la más alta condecoración de Estados Unidos, que es la Orden del Mérito del Congreso. Ahora bien, yo siempre procuré que las relaciones entre Venezuela y los Estados Unidos se mantuviesen en un alto plano de dignidad, y no de subordinación. Surgieron varios acontecimientos que hicieron que estas relaciones se fueran agriando un poco.

“Una de ellas, cuando se produjo una moción restriccionista que iba a pasar en el Congreso de los Estados Unidos, con el propósito de reducir la cuota de adquisición de petróleo que los Estados Unidos le tenían asignada a Venezuela. A ellos les convenía más en ese momento importar petróleo de Arabia Saudita. Entonces me fui al Congreso y manifesté que si nos restringían el mercado de nuestro petróleo al mercado norteño, suprimiría nuestros envíos de hierro a los Estados Unidos. Ante esta acción, desecharon la moción restriccionista y quedó el mercado como estaba anteriormente. Yo sabía que si se suprimían los envíos de hierro, prácticamente se paralizaba la industria siderúrgica de la Costa Atlántica en los Estados Unidos”.

Este desliz fue lo que agrió las relaciones entre un país imperialista e intervencionista frente a una Nación emergente que siendo desfavorable para sus intereses estaba surgiendo y no pensaba subordinarse al gobierno Estadounidense.

El anterior fue el primer incidente de los Estados Unidos de América con el Gobierno de Venezuela bajo la presidencia de Pérez Jiménez. No tomaron de buena manera el hecho que se les tratara de igual a igual, acostumbrados ellos a ser adulados, obedecidos y temidos.

Pues bien, en 1956 durante una reunión de Estados Americanos en Panamá al ver que no había una agenda, Pérez Jiménez decidió proponer su más ambiciosa idea la cual sentenció su estatus de enemigo de USA y a los ojos de ellos pasó de ser el poseedor de la “Legion of Merit” y un gran Presidente a ser un dictador. La propuesta fue la siguiente:

Pérez Jiménez, revista TIME del 28 de febrero de 1955

Cito el libro Frente a la Infamia escrito por el presidente:

“Venezuela estaba dispuesta a contribuir con cien millones de bolívares para un fondo común panamericano destinado a realizar obras diversas para el desarrollo económico y de los servicios de aquellos países del continente que más lo necesitaran, siempre que todos y cada uno de los demás miembros de la Organización de Estados Americanos contribuyesen con una proporción igual de sus presupuestos respectivos, cerca de un 4%.

Esta proposición tenía el virtuosismo de poner a todos los países miembros de la Organización en un mismo plano moral para el cumplimiento de tales fines, ya que la proporción de la contribución era la misma. Ella significaba para los Estados Unidos un desembolso de cerca de tres mil millones de dólares. Por otra parte, el manejo de los fondos correspondería ya no a un estado sino a una organización surgida de la voluntad de todos los estados contribuyentes”.

¿Su principal motivo para esta gran idea? La liberación económica de las naciones latinoamericanas. Como es de esperar USA movió todos sus contactos posibles para evitarlo y unos cuantos países latinoamericanos rechazaron la propuesta, mientras que muchos lo hicieron. Ello no podía llevarse a cabo si no había consenso en la aceptación.

Y luego de relatar este incidente Pérez Jiménez escribe:

“Ahora los pueblos latinoamericanos resignadamente han aceptado la llamada Alianza para el Progreso, en donde el gobierno de los Estados Unidos es el único aportador de fondos y consecuencialmente el único que toma la decisión sobre la dádiva. La posición moral de todos los países latinoamericanos integrantes de la Alianza para el Progreso no deja de ser triste, pues en síntesis viene a ser la de miembros de una asociación de mendigos en la cual cada uno se presenta con la palma de la mano tendida hacia arriba en actitud implorante. ¡Que diferente la actitud nuestra en aquel momento a nuestra actual actitud! En Panamá nos presentamos con la palma de la mano puesta hacia abajo en actitud de contribución.”

La historia a partir de aquí es fácil de deducir, Pérez Jiménez catalogado ahora como un dictador y un mal gobernante por USA y sus aliados permaneció como Presidente hasta que pudo. En 1957 al acabarse su período, pidió un plebiscito para prolongar su período presidencial por 5 años más. El motivo era concluir la gran cantidad de obras propuestas al eficiente y productivo ritmo con el cual se estuvieron gestando durante los 5 años anteriores. La población venezolana decidió de forma electoral que Pérez Jiménez debía continuar como presidente de la república para el período 1958-1963. Este plebiscito fue catalogado de “anti demócrata” por los opositores, con quienes se asume que sus principales líderes fueron apoyados por EE.UU.

Al ganar el plebiscito en las urnas hubo sectores civiles en desacuerdo que organizaron protestas y peticiones las cuales el gobierno cumplió (despido de ministros y alto gobierno), también hubo varios alzamientos militares que fueron rápidamente desarticulados. Todo acabó la media noche del 23 de enero de 1958 cuando el presidente, su familia y su gabinete salieron del país por decisión del mismo Pérez Jiménez quien supo que debía responder de manera contundente a los golpistas y seguidamente tendría que reformar por completo las FFAA, lo cual prefirió no hacer. “Yo no mato cadetes” fueron sus palabras cuando se le sugirió bombardear el cuartel de los alzados. Al salir el sol de aquel 23 de Enero salió la gente a las calles a saquear, ya el gobierno no estaba. Es falso decir que este golpe de Estado fue cívico-militar.

2 comentarios sobre “Especial web a 60 años del derrocamiento de Pérez Jiménez

  • el enero 24, 2018 a las 10:43 pm
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    Excelente artículo para recordar parte de la verdadera historia, sin manipulación y por la calle del medio.

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    • el abril 11, 2018 a las 7:35 pm
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      EL GRAN HONOR DE HABER TENIDO UN PRESIDENTE DE LA TALLA DEL GENERAL MARCOS PEREZ JIMENEZ, ES MOTIVO DE ORGULLO PARA EL PUEBLO VENEZOLANO. JAMAS PODRA EXISTIR OTRO COMO EL, GRAN PATRIOTA, LAMENTABLEMENTE LOS VENEZOLANOS FUERON DESAGRADECIDOS DE ESTE HOMBRE QUE CAMBIO AL PAIS TOTALMENTE EN 6 AÑOS, Y LUEGO LOS PRESIDENTES EN MAS DE 60 AÑOS NO HAN ;PODIDO HACER NADA Y ADEMAS HAN SAQUEADO EL TESORO NACIONAL. PEREZ JIMENEZ VIVIRA EN NUESTROS CORAZONES POR SIEMPRE.

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