Golpe de Estado contra Trump inducido por Washington Post y New York Times

A menos de dos meses de las cruciales elecciones intermedias de noviembre convergieron dos golpes feroces con un día de diferencia. Los influyentes rotativos The Washington Post (con los extractos del libro de Bob Woodward) y The New York Times jugaron un papel relevante, que se suman en forma ominosa a los líos judiciales del atribulado Trump.

Lo impactante del doble ataque es su concatenación con el entierro del senador John McCain, enemigo mortal de Trump, canonizado en forma desmedida por el ‘Deep State’ de EEUU y con el rebote teatral del caso Skripal en Gran Bretaña que empeora más las relaciones con Rusia.

Es notable la coordinación operativa del The Washington Post –propiedad de Jeff Bezos, mandamás de Amazon– y The New York Times. El primero publica grandes extractos del próximo libro –que salió el 11 de septiembre, fecha fatídica ‘per se’– del consagrado periodista Bob Woodward: Miedo: Trump en la Casa Blanca. Woodward detonó el Watergate que llevó a la renuncia de Nixon.

En tanto, The New York Times publica el artículo de opinión –que algunos analistas vinculan a los intereses del megaespeculador George Soros y de los Clinton– firmado por alguien que presuntamente pertenece al primer círculo del presidente Trump, pero que no da su nombre. El artículo se ilustra con una imagen en donde cuatro personas halan ‘el cuerpo de EEUU’ para evitar su caída al vacío.

Ambos golpazos en última instancia evocan, promueven y desembocan en la aplicación de la enmienda 25 de la Constitución que pregona la remoción del Presidente por su propio gabinete, debido a sus desvaríos y conducta anómala.

Para Woodward impera “un golpe de Estado administrativo” en donde algunos de sus secretarios conspiran contra Trump: extrayendo u ocultando documentos.

La mayor parte de los asertos expuestos por Woodward han sido desmentidos por los implicados.

El volcánico libro Miedo: Trump en la Casa Blanca expone revelaciones que ponen en tela de juicio la manera impetuosa de gobernar de Trump. Según los extractos publicados, el presidente de EEUU es catalogado por el general James Mattis, secretario del Pentágono, como “un alumno de primaria”. Mattis, prosigue, recibió la orden de asesinar con misiles al presidente sirio Bashar Asad, pero se negó. Por su parte, el general John Kelly, jefe de Gabinete, lo tilda de “idiota” y define a la Casa Blanca como un ‘crazytown’: una ciudad de locos.

Tanto el libro como el artículo coinciden en señalar la inestabilidad emocional de Trump. Según el libro, fue Gary Cohen, anterior jefe de economistas de la Casa Blanca, quien robó un documento de la mesa del presidente sobre Corea del Sur y que pudo haber tenido efectos deletéreos. El artículo va más lejos al exponer el sabotaje deliberado a varias de las decisiones de Trump: “Haremos lo que podamos para guiar a la Administración en la dirección correcta hasta que, de una manera u otra, esto concluya”.

La frase “de una manera u otra” marca el beso del diablo de parte de la Casa Blanca que puede ir desde orillarlo a la renuncia (caso Nixon), un ‘impeachment’ (caso Clinton) o hasta el asesinato (caso Kennedy).

¿Estará alguna facción del ‘Deep State’ estimulando un golpe militar ante el imperante caos político y la ingobernabilidad a la que propende EEUU?

Por primera vez en la historia de EEUU, un periódico de la talla de The New York Times cruza el Rubicón de la supuesta información neutral al publicar un artículo firmado por un anónimo quien se identifica como “parte de la resistencia dentro de la Administración de Trump”.

La defensa de Trump ha sido también resistente y desde la aparición del artículo hasta un día después ha contestado sin descanso buscando alebrestar a su base electoral para que salga a avalarlo de aquí al 6 de noviembre, cuando se renueva la entera Cámara de Representantes de 435 asientos, 35 de 100 senadores y 39 gobernadores. El expresidente Obama participará apoyando a los candidatos del Partido Demócrata que pudieran capturar la mayoría en la Cámara baja, según encuestas recientes.

Trump apuesta a un efecto bumerán en el que sus “deplorables” partidarios, como los insultó la candidata perdedora Hillary Clinton, salgan a dar la cara y se desplieguen electoralmente el 6 de noviembre.

Trump ha calificado al autor anónimo de “cobarde y traidor”, además de fustigar al The New York Times de “fracasado” y deslizar el espectro de la “seguridad nacional” que habría puesto en juego el rotativo, lo cual puede tener severas implicaciones judiciales.

Incluso Trump ha puesto en tela de juicio la existencia de tal anónimo. ¿Se habrá arriesgado tanto The New York Times? ¿Obligará Trump al The New York Times a revelar el nombre del anónimo por razones de seguridad nacional?

Los comentaristas de los multimedios han escudriñado una probable lista de 12 personas que pudieran encarnar la identidad del anónimo.

Mas que el volcánico libro de Woodward, el artículo clandestino ha tenido el efecto de una bomba implosiva en la Casa Blanca a grado tal que el vicepresidente, Mike Pence, el secretario de Estado, Mike Pompeo, el jefe de gabinete John Kelly, y el director de Inteligencia de EEUU, Dan Coats, han salido a negar que sean parte de aquellos que han colocado al gabinete en su mayor crisis desde su impetuoso inicio.

Se desprende del artículo que el anónimo pertenece al Partido Republicano, favorece el recorte de impuestos a las empresas, las desregulaciones y los gastos militares que son calificados de “puntos brillantes” de la Administración.

Se deduce que el autor clandestino es partidario de John McCain, a quien calificó en forma ditirámbica de “estrella polar”. El anónimo elaboró en forma concisa toda una programática a seguir por el Ejecutivo, en el ámbito de la política exterior donde critica a los “autócratas” de Rusia y Corea del Norte, y anhela restablecer los lazos con los “aliados” democráticos de EEUU.

En medio de la rebelión en su granja, Trump ha pasado a la contraofensiva y culpa al ‘Deep State’ de intentar socavar su presidencia: “el ‘Deep State’, la izquierda (sic) y su vehículo de los ‘multimedia’ de los ‘Fake News’ ya enloquecieron y no saben qué hacer”. Trump, un luchador nato, repite su frase electoral que lo llevó a la presidencia: “Estoy drenando el pantano y el pantano contrataca”.

En forma curiosa tanto el anónimo como Trump coinciden al fustigar a la ‘izquierda’ –Léase: el Partido Demócrata y su grupo de choque Antifa, financiado por George Soros, lo que ha profundizado las conjeturas que se trata de una guerra civil dentro de otra guerra civil: la primera guerra civil expone la fractura de los dos partidos y la segunda sucede en el seno del Partido Republicano. Los dos meses que vienen serán terribles de toma y daca.

Sería un grave error de juicio creer que Trump –promotor de peleas de boxeo como de concursos de belleza en la fase empresarial de sus casinos– no combatirá felinamente hasta el final y sucumbirá a los feroces ataques que lo tienen cercado desde el ámbito judicial hasta su choque frontal con los multimedia y las redes sociales del GAFAT (Google, Apple, Facebook, Amazon y Twitter), cuando en medio de la tormenta todavía anhela en forma asombrosa su reelección.

¿Tendrá Trump todavía municiones en su arsenal de aquí al 6 de noviembre para propinar vigorosos revires a su plétora de omnipotentes enemigos del ‘Deep State’?

Alfredo Jalife-Rahme

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