Historia negra de la FIFA

El joven Albert se pone de portero porque su abuela le tiene prohibido jugar al fútbol y revisa cada noche con meticulosidad las suelas de sus zapatos. Si están gastadas le da una paliza, no están las cosas como para derrochar en calzado. El joven Albert es portero, y años después escribirá: “Todo lo que sé de la moral se lo debo al fútbol”. El joven Albert, el guardameta de la Universidad de Argel, el existencialista Camus, no pensaba en la FIFA cuando pronunció esta frase.

Seguramente durante los últimos días ustedes han podido leer y escuchar historias sobre la FIFA que darían para llenar una novela. Una negra, negrísima, con poderosos corruptos y países adinerados rompiendo las reglas del juego. No se lleven las manos a la cabeza, era vox populi que el máximo organismo del fútbol mundial funcionaba de manera poco clara. Opaca, más bien. Y es que la FIFA es una asociación de asociaciones, un mastodonte con poder casi infinito que aprovecha sus prerrogativas para, entre otras cosas, poseer una justicia propia, unas normas endogámicas que ellos mismos se encargan de aplicar y que destacan por su arbitrariedad. Un sistema que lleva funcionando igual desde hace décadas…

Sin embargo, analizar la historia de la institución puede hacer que relativicemos la importancia de los últimos hechos. Sobornos, tráfico de influencias y nepotismos quedan empañados por los pasados pecados de la FIFA. Y es que esta federación de sueños en el campo carga sobre sus espaldas con un pasado truculento y vergonzante. Un pasado que bien puede quedar definido por algunos de sus hitos menos dignos. Dictaduras militares, xenofobia, sexismo… Bienvenidos a la Historia negra de la FIFA.

Joseph Sepp Blatter y Michel Platini

Existe la tentación de pensar que el fútbol, y con ello su máximo organismo, se pudrió con la profesionalización excesiva, con la mercantilización de lo que ahora es un producto y sólo lejanamente parece deporte. Pero la idea es falsa. Ya en 1933 el uruguayo Petrone abandona la Fiorentina italiana, cansado del histrionismo creciente de un fascismo que combinaba, cada vez con mayor efectividad, la opereta y la violencia más cruel. A Petrone, uno de los mejores jugadores de la época, le empezaban a mirar raro por ser extranjero, comenzaba a no sentirse a gusto en un régimen que cada mañana reprimía una nueva libertad a golpe de ley. Y se fue, claro, porque sobre todo era un ser humano. La respuesta de la FIFA, en 1933, es fulminante. Después de un proceso que dura casi un año, le prohíbe seguir jugando al fútbol, abocándole a la retirada. La causa era incumplimiento de contrato.

Petrone, autoridad mediante, debe abandonar el juego antes de cumplir los treinta años. Años después la FIFA sanciona con un año de suspensión a los húngaros Puskas, Czibor o Kócsis. ¿Su delito? No querer regresar a un Budapest ocupado por las tropas soviéticas, que habían sofocado la revolución de 1956 mientras los futbolistas estaban jugando un partido de Copa de Europa en Bilbao (País Vasco). Años antes Kubala había perdido dos años de su vida deportiva por protagonizar una acción parecida. Los acuerdos están para cumplirse, el orden está para ser respetado. Aunque vuelen las balas, aunque el orden sea opresión. Cuando en 1968 los deportistas franceses se suman a las barricadas (con Raymond Kopa a la cabeza) para protestar por un sistema de contratación que roza el régimen feudal, la FIFA vuelve a amenazar con represalias. Era sistema viejo, conocido. Pero efectivo para imponer el orden.

Claro que la Asociación, el tótem supremo del fútbol mundial, siempre tuvo más amistades entre los poderosos que entre los pobres, siempre gustó más de los escritorios que del propio terreno de juego. Puede que el momento del gran cambio sea el año 1974, cuando Jean-Marie Faustin de Godefroid Havelange, conocido como Joao, conquistaba la presidencia de la FIFA, con sus ideas de mundializar el fútbol y, sobre todo, atraer a nuevos inversores. Un hombre recto, autoritario, buen amigo de Castelo Branco, de Garrastazu Médici, de Geisel. Van comprendiendo, ¿verdad? Un hombre que al ser preguntado por aquello que más placer le daba en el fútbol respondió, impertérrito, que la disciplina.

Rafael Videla

Por supuesto, no puede extrañar que semejante personaje celebrase alborozado el “éxito” del Mundial de 1978, el de Videla, el que tanto recordaba a los Juegos Olímpicos de Berlín. Como no puede extrañar que a ninguno de los mandatarios de la FIFA desplazados a Buenos Aires se les pasase por la cabeza denunciar algunas de las atrocidades que allí se estaban cometiendo, a pocos metros del Estadio Monumental. Las pocas voces que se alzaron en contra (una de ellas la de Johan Cruyff, que se negó a acudir a la cita) eran catalogadas de racistas. “Ustedes desde Europa juzgan las cosas sin saber”. La FIFA, desde el mundo, sabía. Pero callaba, aun sabiendo.

Un año antes de ser elegido presidente Havelange, en 1973, la FIFA autoriza y promueve otra de esas barbaridades que serían bufonescas de no resultar trágicas. En aquel año la URSS debe enfrentarse a Chile por una plaza para jugar el Mundial del año siguiente, el de Alemania Federal donde los anfitriones perdieron su histórico duelo frente a los vecinos Orientales. Después de conocerse este emparejamiento se produce el golpe de Estado del 11 de septiembre (sí, hubo un 11 de septiembre antes del 11 de Septiembre) y los soviéticos se niegan a jugar frente a la selección chilena, como protesta simbólica contra Pinochet. Qué importaba. Al Estadio Nacional de Santiago saltaron los jugadores chilenos, que gambetearon un rato como si jugasen contra un rival que realmente estaba en Moscú, llegando incluso a marcar goles bien celebrados por su alborozada hinchada. Por supuesto, Chile fue al Mundial. Por supuesto, la URSS fue sancionada. Huelga decirlo, Havelange estaba complacido.

Pinochet y Havelange

Curioso mundo este del fútbol, que parece atraer a dictadores como moscas a la miel. La sensación de poder, de victoria, el uso de los sentimientos para domeñar, o al menos calmar, a las masas. Y es que ya se sabe que las ideas irracionales solamente se pueden defender apelando al corazón, porque la misma razón es incapaz de sostenerlas. Seguramente fue por eso por lo que Pinochet se hizo presidente de Colo-Colo, el club con más aficionados de su país, y García Meza hizo lo propio con el Wilstermann boliviano. Y hasta el mismo Médici posaba contento con los jugadores brasileños tras la conquista del Mundial de 1970. “El fútbol es bueno para que la gente no piense en otras cosas más peligrosas”, dijo Vicente Calderón, sempiterno presidente del Atlético de Madrid. “No he visto presos políticos en Argentina, solo un país donde reina el orden”, dijo Berti Vogts, capitán de Alemania, sobre la Copa del Mundo de 1978…

Epitácio Pessoa

Tampoco se ha contado la FIFA entre los más fervorosos defensores de la igualdad en el deporte. En 1921 Epitacio Pessoa, presidente de Brasil, prohibió que la selección alineara jugadores negros, y nadie dijo nada. En aquellos años Carlos Alberto se blanqueaba la cara con polvos de arroz antes de saltar al campo, mientras que otro brasileño, Friedenreich, se planchaba su rizado cabello de ascendencia africana para intentar pasar desapercibido. No importaba, la FIFA calla. Son problemas internos, justificaban. Algo que, vimos, no importaba para intervenir en otras situaciones.

El fútbol femenino también ha sido un olvidado para la FIFA, al menos hasta los últimos años, en los que se ha procurado potenciar el Mundial con una venta conjunta de derechos televisivos. Sin embargo, queda aún mucho camino hasta conseguir solamente un mínimo reconocimiento. Algo que no debe de extrañar, si tenemos en cuenta que Jules Rimet, el padre de la Copa del Mundo, el más longevo presidente de la FIFA, era totalmente contrario a la incorporación de la mujer al deporte del balón. “Ellas tienen otros deportes más recomendables, menos violentos”. El Mundial femenino habría de nacer 71 años después que su homónimo de hombres.

Jules Rimet

Así que cuando lean que la FIFA está salpicada de casos de corrupción, que algunos de sus miembros aceptan sobornos para escoger tal o cual país en el que se ha de celebrar tal o cual torneo, reflexionen sobre la historia de la institución. Y podrán darse cuenta de quiénes son, realmente, los dueños del fútbol.

Marcos Pereda

26 de junio de 2015

La verdadera historia negra de la FIFA

Jennings, de 71 años, no estaba sorprendido. Esperaba esa noticia tarde o temprano. Había sido justamente él quien puso en marcha esa investigación del FBI estadounidense, primero con su libro de 2006, FOUL! The Secret World of FIFA: Bribes, Vote-Rigging and Ticket Scandals, en el que revelaba la trama de corrupción dentro de la FIFA, y más tarde con un programa de investigación sobre el mismo asunto para la serie de la BBC Panorama.

Seis años más tarde, con la publicación de su libro Omertà: Sepp Blatter’s FIFA Organised Crime Family, Jennings logró revelar el vínculo directo entre la red delictiva dentro de la FIFA y su presidente, Joseph Sepp Blatter, y con el secretario general de ese organismo, Jérôme Valcke.

En esa obra, el británico descubrió que la FIFA opera exactamente como una familia mafiosa, con lealtades hacia el “capo” Blatter, que eran pagadas con sumas secretas y todo tipo de regalos, desde cenas de lujo hasta yates, fiestas en hoteles, prostitutas, droga y lavado de dinero.

Jean Marie Faustin de Godefroid Havelange

Por más de 50 años, este periodista de investigación, con un gran sentido del humor y mucho carácter, había indagado sobre casos muy complejos del crimen organizado. En los años ochenta se dedicó a investigar el comercio de heroína tailandesa y las familias italianas de la mafia. Pero en los años noventa, Jennings decidió enfocarse en la corrupción, sobornos y lavado de dinero dentro del Comité Olímpico Internacional (COI). El periodista escribió una trilogía de libros sobre esas actividades ilegales en el COI, que detonaron el escándalo por las Olimpiadas de Invierno de Salt Lake City, en 2002, cuando una decena de miembros del COI fueron expulsados o sancionados por irregularidades.

Esas pesquisas lo llevaron, en los últimos 15 años, a poner toda su atención en las actividades de la FIFA, y mientras otros reporteros deportivos se enfocaban en narrar partidos de futbol, entrevistar a directores técnicos o escribir perfiles de jugadores, Jennings hurgó pacientemente, durante meses, en las cuentas secretas de ese poderoso organismo internacional.

Años de labor intensa, de análisis de documentos internos, contactos con fuentes de la FIFA y mucha perseverancia, finalmente dieron sus resultados.

El Develador

En entrevista desde su casa –que según Jennings es una especie de búnker–, el periodista cuenta que tiene más de 2 mil 650 correos electrónicos esperando en su correo personal por una respuesta –la mayoría de ellos son solicitudes de charlas para revistas, semanarios, periódicos y cadenas de televisión de todo el mundo.

Su teléfono no para de sonar. Está pensando en contratar a una persona que lo ayude a responder los pedidos de conversaciones.

Rápido entra en materia: “La FIFA es una gran familia de criminales mafiosos. Es hora de que paguen por todos sus delitos. Sé que son una banda de criminales, lo supe por años. Y ese es el mejor resumen que puedo hacer de ellos. No es un insulto. Es la realidad. Estos ladrones cínicos le han robado a la gente el fútbol. Así que es muy bueno ver que ahora enfrenten la justicia”.

Jennings nació en Escocia, pero se mudó a Londres de pequeño. Su abuelo jugaba para un equipo de fútbol londinense, Clapton Orient (ahora llamado Leyton Orient), pero el muchacho tenía poco interés en ese deporte. Al joven le interesaba el periodismo y las investigaciones.

Luego de terminar el colegio, Jennings se sumó a la redacción del semanario inglés The Sunday Times, donde aprendió a indagar como reportero. Luego pasó a la BBC, pero cuando la corporación británica de noticias se negó a emitir su documental sobre corrupción dentro de Scotland Yard, Jennings decidió renunciar y trabajar para un medio rival, World in Action.

Más tarde transformó esa investigación en su primer libro, Scotland Yard’s Cocaine Connection, seguido de un documental sobre el mismo tema.

El reportero explica que muchos periodistas deportivos tuvieron miedo de tocar temas espinosos dentro de la FIFA por miedo a perder el acceso a funcionarios o deportistas, o simplemente porque ello requería de mucho tiempo y esfuerzo.

Hacia 2001 comencé a darme cuenta de que algo olía muy, muy mal en la FIFA, y desde entonces me puse a investigar”, agrega.

Jennings le contó al periódico estadounidense The Washington Post que una conferencia de prensa en 2002, en Zúrich, marcó un antes y un después en sus pesquisas. Luego de que Blatter fuera reelegido y tras responder a una serie de preguntas adulatorias por parte de periodistas deportivos, Jennings tomó el micrófono y le preguntó al presidente de la entidad: “Señor Blatter, ¿recibió alguna vez algún soborno?”.

En ese momento varios reporteros decidieron despegarse de mí como si oliera mal. De repente varios empleados de la FIFA notaron que había alguien que no estaba atemorizado por la FIFA. Se dieron cuenta de que había investigado a la COI y que los investigaría a ellos también”, continúa.

El resultado de esa conferencia de prensa fue inesperado para Jennings. Blatter negó haber recibido sobornos, pero seis semanas más tarde “estaba en una oficina de apartamentos del siglo XIX frente al río en Zúrich, preguntándome por qué se me había pedido ir allí por alguien que no conocía”.

Me llevaron a unas oficinas muy lujosas y, en media hora, un funcionario de alto rango de la FIFA me dio una serie de documentos. Y todo comenzó ahí, y no ha parado”, dijo Jennings.

Viven en la opulencia

Esos papeles revelaban la increíble opulencia en la que vivían los miembros del Comité Ejecutivo de la FIFA, pero especialmente Blatter. Jennings reportó que el suizo se pagaba a sí mismo una suma cercana al millón de dólares.

En el caso de Herr Blatter, no sabe lo que es viajar en un vuelo comercial. No tiene la menor idea. No ha subido a un avión de línea en 40 años. Siempre viaja en jet privado desde y hacia Zúrich. Incluso si va de compras al centro comercial probablemente contrataría un jet privado”, cuenta Jennings. “Tiene que demostrar todo el tiempo que es una persona poderosa e importante”.

—¿Cuál es el análisis que hace tras la caída de Sepp Blatter sólo días después de haber sido reelegido para encabezar la FIFA? –se le pregunta.

—Le voy a decir algo. Realmente me gustaría que tradujeran mi libro Omertà al español para que el público hispano pueda entender con más claridad cómo opera esta familia de mafiosos que es la FIFA y de dónde vienen sus actividades, que son lisa y llanamente criminales. Es una familia del crimen organizado: (Joao) Havelange (presidente de la FIFA de 1974 a 1998) y sus secuaces, está todo ahí en mi libro.

“Lo que escribí allí es cómo funciona la estructura del crimen organizado dentro de FIFA. Havelange estuvo involucrado con los mafiosos más peligrosos de Río de Janeiro desde los años setenta, y desde ahí… cómo viene cometiendo delitos, hasta llegar a su jubilación”.

“Él entrenó a Blatter para que siga sus pasos, cometiendo los mismos delitos, él tenía que poner a Blatter en su lugar porque no podía permitir que ninguna otra persona ingresara a la FIFA y descubriera todos esos contratos ilegales. Así ocurrió hasta el momento de la renuncia de Blatter. Son unos verdaderos mafiosos. No estamos hablando de personas que hayan cometido delitos menores y que prometan no hacerlo más. Desde un principio han establecido estos mecanismos, son ladrones de guante blanco.”

—Esas revelaciones en su libro sirvieron para que avanzara la investigación por parte del Departamento de Justicia estadounidense…

—Ésa es la historia que revelé y que sirvió al FBI para actuar. Lo que ha hecho el FBI ha sido realmente increíble, muy bueno, según lo que tengo entendido. Y ahora estos criminales y secuaces de la FIFA tendrán que ser trasladados a Estados Unidos, donde detectives muy sofisticados sabrán qué tipo de preguntas hacerles. En el estado de Nueva York tienen un sistema de prisiones muy bueno, y ahí es donde terminarán todos estos criminales de la FIFA, incluido el propio Blatter.

—¿Qué cree que sucederá en la FIFA después de la salida de Blatter?

—Lo que ha ocurrido es que ahora la FIFA está muerta. Están hablando desesperadamente de reformar, de implementar reformas para salir adelante. Pero lo que realmente quieren es que esos funcionarios que rodean y rodearon a la cúpula de poder de ese organismo sigan manteniendo el control y los flujos de dinero. Y estamos hablando de mucho dinero, de millones de dólares.

Leonardo Boix

7 de junio de 2015

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