Juan José Pocaterra: Podemos hacer de Venezuela una potencia en tecnología

Economista y abogado, especializado en Ciudades Inteligentes & Desarrollo Urbano, “pero en el trabajo me dicen ‘ingeniero’, cuando la verdad es que soy un arquitecto frustrado”. Bisnieto de José Rafael Pocaterra, escritor, periodista, político y diplomático, “de él heredé el amor por Venezuela y el espíritu de saber que lo negativo pasa, que el trabajo dignifica y engrandece”, y guarda en su casa, como si de una reliquia se tratara, Memorias de un venezolano de la decadencia: Castro y Gómez, “que me obsequió mi abuela”. Tiene 31 años, está muy conectado a la generación ‘millenials’ en el tema del propósito, “no trabajo por dinero, que es una consecuencia de mi trabajo, sino porque me apasiona lo que hago” y es muy pragmático. Nieto de un político, dice que con guarimbas, marchas y movilizaciones, decrece la economía de un país, “en eso soy bastante centrista, creo que nos toca mucho diálogo, mucha conversación y cercanía, hablar del país que queremos tener y del futuro”. Le encantan las películas de ciencia ficción y en Vikua, la empresa de la cual es cofundador, hacen de ésta una realidad”. En noviembre viaja a una conferencia en Dubai, que reúne a los veinte expertos en ciudades inteligentes, luego toma el avión con destino a India para asistir al Encuentro de Emprendedores Globales que organizan los gobiernos de Estados Unidos e India y en 2018 estará en Suiza para decir presente en el Foro Económico Mundial. ¡Voilà!

“Tenemos que creernos el ‘cuento’ de que podemos ser un país que hace de la tecnología un negocio. Si quien gobierna lo ve tan claro como lo veo yo, Venezuela puede ser la nueva India o la India de América Latina… Cuando Venezuela sea reconocida por lo que hacen sus talentos en tecnología, habremos conquistado el mundo”.

–Según el Banco Mundial (BM), “empoderamiento es el proceso de aumentar la capacidad de las personas o los grupos para tomar sus propias decisiones y transformar esas decisiones en acciones y resultados deseados”. Pero en opinión de Andrew Oswald, profesor de la Universidad de Warwick, Reino Unido, si queremos una verdadera sociedad de emprendedores –y es la única salida en plena globalización- antes hay que desmontar el mito del genio que triunfa contra la adversidad. “Y, en su lugar, necesitamos más financiación para las buenas ideas, más leyes que amortigüen el golpe de los que fracasan y, sobre todo, llamar a las cosas por su nombre. Sin apoyo externo, el espíritu emprendedor no es el ascensor social que algunos quieren vender, sino una forma más cool de perpetuar las desigualdades”, concluye el académico. ¿Qué dice usted al respecto? Se lo pregunto porque actualmente, en Venezuela hay cientos de emprendedores y es interesante saber cuántos se quedan a mitad de camino y cuántos abrazan el éxito.

–Al año, en Venezuela se montan más de 2 millones de emprendimientos y según estudios realizados por el Instituto de Estudios Superiores de Administración (IESA) sólo sobrevive el 1,5% luego de 2 años. Esto significa que siendo Venezuela uno de los países con mayor tasa de emprendimiento, también tiene la mayor tasa de mortalidad. Eso debe llamarnos a la reflexión pues, a mi entender, está en la media tinta de las dos opiniones de tu pregunta. En primer lugar tiene que haber un ecosistema, clave en el financiamiento y el apoyo a esas ideas que están iniciando; sin ecosistema es imposible la sostenibilidad de un emprendimiento. Obviamente, también se necesita cierto grado de genialidad, pero no desde el punto de vista de la inteligencia creativa, sino de ejecución. Una de las frases de Thomas Edison que más me gusta dice que el genio está compuesto por 1% de creatividad y 99% de transpiración. Y es verdad. Ideas buenas tiene mucha gente, pero capacidad de ejecutarlas, sudarlas y trabajarlas, muy poca. El estilo de vida del emprendedor no se traduce en que va a ser su propio jefe y dueño de su tiempo, esas no son ni deben ser las razones para emprender, es fundamental tener un propósito de vida conectado al trabajo.

–Para ayudarle a crecer, ¿cuál es la forma más efectiva y sustentable de ayudar a un emprendedor?

–Se le ayuda con tres importantes elementos: 1) Formación –el emprendedor debe tener la mayor cantidad de herramientas para que comprenda el significado de emprender-. 2) Financiamiento –es clave- de los sectores privados y públicos. 3) Leyes –la Venezuela que queremos construir, no importa quien la gobierne, tiene que apalancarse en lograr que el sector privado produzca y produzca bien, y para eso las leyes son fundamentales.

–El Gobierno apoya la cultura del emprendimiento, pero a cuáles emprendedores financia.

–Al llamado ‘emprendimiento por necesidad’, que es la persona que emprende porque no tiene más alternativa y busca un medio para sostenerse de manera individual, es decir, el Gobierno ha financiado más al autoempleado –cuyas necesidades están muy marcadas desde el punto de vista económico y con su trabajo obtiene ingresos para sí mismo; por ejemplo, hoy es común la repostería y trabajarla en casa para obtener el ingreso diario- que al emprendedor –quien desarrolla estructuras de negocios que le permiten sostenerse en el tiempo; por ejemplo, la persona que monta una cadena de suministros o una línea de producción, y contrata gente; este es un trabajo formal que obliga a tener una sostenibilidad distinta.

–Quiénes son más exitosos en los campos empoderamiento-emprendimiento, las mujeres o los hombres.

–En cuanto al emprendimiento, seguimos teniendo sociedades muy machistas, de ahí la tendencia a apoyar más al hombre. Pero no hay dudas de que la mujer tiene mucho más capacidad para ser exitosa en este campo. En Vikua, por ejemplo, existe una cruzada para que el balance hombre-mujer sea alto, especialmente en los equipos técnicos; buscamos mucho desarrolladoras o programadoras. Aquí tratamos de empoderar a la mujer, que es más organizada, detallista e intuitiva que el hombre, quien tiene la ventaja de ser más pragmático y más rápido en la toma de decisiones.

–Así como usted afirma que el emprendedor necesita de cierto grado de genialidad desde el punto de vista de la ejecución, otros señalarán a ese lubricante que es el dinero y dirán, con razón, que se es más creativo cuando están cubiertas las necesidades básicas, y más valiente si se cuenta con una red familiar que proteja del fracaso. A usted, por ejemplo, cuánto le ayudaron su apellido y su familia.

(Sonríe) –Nunca he sido de familia adinerada, mi apellido tiene más dinero por otros lados, que no es mi lado familiar. No obstante, mi familia, que ha sido un bastión muy fuerte en lo moral, creó y alimentó mi vena emprendedora. No olvido el regalo que me hizo papá cuando cumplí 10 años, un libro que se titula Padre rico, Padre pobre de Robert Kiyosaki, un texto fascinante alabado por muchos y criticado también por muchos, que vale la pena ser leído. Papá siempre trabajó en transnacionales, sin embargo, tal vez porque no quiso ser emprendedor, un día me dijo: “Hijo, ojalá puedas desarrollar un camino individual, o sea, tu propio camino, y no depender de una empresa”. Siempre me pregunté por qué siendo un profesional exitoso, él me conducía con su consejo al otro lado. En ese entonces yo trabajaba en el Banco Canarias de Venezuela, era mi primer trabajo formal.

Tenía 21 años cuando le transmití a mi papá mis deseos de renunciar para emprender. Mi liquidación la invertí en la compra de un quiosco, una parada inteligente donde vendía revistas, periódicos, cigarrillos, chucherías; obviamente, tenía socios y nos turnábamos como vendedores. Con el dinero ganado pagué mi segunda carrera, derecho. Luego vendí el quiosco y con Andrés De Jonghi, mi socio, monté una empresa de cursos y talleres, allí nos fue bien, éramos autoempleados. Posteriormente, cometimos la locura de montar una fábrica de donas y quebramos a los seis meses. Pero gracias a ese negocio entendí muchas cosas sobre las cadenas de suministro; en esos momentos el azúcar y la harina comenzaron a faltar e ir al mercado de Quinta Crespo para lograr adquirir esos insumos era un calvario. No sabes con cuántos expendedores tenía que hablar y convencer para conseguir un saco de cada producto (risas).

–Cómo ideó el nacimiento Vikua, cargando en la espalda la experiencia de un negocio caído en desgracia.

(Carcajada) –Cada negocio o empresa que nace, es un parto sin anestesia y cada día que pasa esos partos duran más tiempo. Al comienzo, siete socios iniciamos esta compañía; todos éramos jóvenes y compartíamos la idea de mejorar lo público desde lo privado. Soy de la generación del Movimiento Estudiantil 2007 y al ver que mis amigos escogían el camino político, me preguntaba por qué esa atracción por la actividad política, por qué a mi generación no le apetecía pertenecer al mundo empresarial, echarle pichón al trabajo productivo, generar fuentes de empleo, etc. Mi preocupación era también la preocupación de mis socios, debatíamos sobre la posibilidad de desarrollar soluciones a los problemas de la ciudad. Vale explicar que lo urbano limita, que el funcionamiento de nuestras ciudades es una de las grandes limitantes para nuestro desarrollo económico… Bueno, cuando comenzaba a crecer, la mayoría de sus fundadores le dijo “adiós” a Vikua; ellos no entendieron que todo emprendimiento es complicado los primeros meses. Y es que a veces teníamos que trabajar sin ver un centavo y una vez tuvimos a punto de no pagar la nómina, afortunadamente nos salvó un cliente. En esos momentos es muy importante el apoyo familiar. Pero aunque yo tenía mis ahorros producto de mi trabajo, lo más duro fue ver el rompimiento de una sociedad y cómo se diluía el propósito de lo que queríamos hacer.

–La suerte parece estar de su lado.

–El esfuerzo ha sido de mucho trabajo, sudor, ocupaciones y preocupaciones. Mi sueño es que para todo vikuano pueda haber un espacio para desarrollar su talento creativo e innovar desde Venezuela con carácter de exportación. Algo difícil, pero no imposible.

 

“Venezuela puede ser la nueva India”

 –Ciudades bien gobernadas, transporte eficiente, planificación urbana, adaptación tecnológica, gestión pública, cuidado del medio ambiente y proyección internacional, son parámetros que se estudian de las ciudades más inteligentes del mundo, ¿cómo hacer de Venezuela una de éstas?

–Primero, hay que promover la descentralización; es necesario que los gobiernos municipales tengan la capacidad de recaudar con mayor profundidad y de gestionar esos reingresos con mayor libertad económica desde el punto de vista regulatorio. Segundo, tenemos que generar una reformulación del estilo de gobernabilidad de las ciudades –y con esto no me refiero a la tendencia política- que funcionan por silos, es decir, el alcalde fracciona la ciudad haciéndola ver como la estructura vieja de las empresas que son por departamentos –ahorita se habla de estructuras matriciales, integradas, por equipo- o sea, al fraccionarse la ciudad en dirección de transporte, dirección de vivienda, dirección de economía informal, etc., se están creando espacios y silos que no se comunican entre ellos, lo que rompe la trama urbana.

–Para cualquier gobierno gastar en el emprendimiento tecnológico para la innovación urbana, desajusta un presupuesto. Y ser parte del desarrollo en Venezuela es harto difícil, sobre todo en tiempos de crisis. Cómo lo hace usted desde su empresa dedicada al desarrollo de soluciones tecnológicas para la construcción de ciudades, negocios e infraestructura inteligentes.

–Hemos logrado que las soluciones sean más asequibles y escalables. Y me explico porque más que latinoamericana, esta es una realidad del mundo emergente: las ciudades no han operado bien porque el tener soluciones tecnológicas se ha hecho muy costoso, pues quienes están detrás de las ciudades inteligentes son los grandes fabricantes de equipos, de hierros. Y al ser ellos los que dominan, los que te piden para sus arquitecturas y diseños conceptuales de las soluciones para la ciudad, es que compres muchos y costosos equipos. En Vikua planteamos la migración hacia una solución software en vez de hardware, lo que la hace escalable. Creamos una plataforma donde tú en la nube, de manera virtual, gestiones los servicios urbanos, seas el alcalde, el operador de transporte, etc., de manera que pagas por los elementos que estás gestionando, por ejemplo, si son 100, pagas 100; entonces, mi costo de inversión inicial como ciudad es más bajo. Y ponemos los equipos que fabricamos, que son elementales porque permiten comunicarme con una infraestructura existente.

–¿El gobierno revolucionario está realmente interesado en que el país quiera ser más inteligente?

–Me he quedado boquiabierto, en el buen sentido de la palabra, con la disposición que hay. El venezolano tiene puesta su mirada en lo tecnológico, sabe que la tecnología acelera procesos de cambio y en las personas con las que me he sentado a conversar, he visto la disposición de implementar esas soluciones. ¿Dónde está la limitante?: 1) En el presupuesto. 2) En nuestra normativa, que está muy limitada para hacer alianzas público-privadas.

–El que Venezuela no sea mirada como experta en tecnología, pero sí como país petrolero, ¿en qué afecta a quien apostó al éxito?

–Afecta en el sentido de no creernos el ‘cuento’ de que podemos ser un país que hace de la tecnología un negocio. Si quien gobierna lo ve tan claro como lo veo yo, Venezuela puede ser la nueva India o la India de América Latina. Somos un país con muchísima capacitación en lo tecnológico; los venezolanos somos muy buenos desarrollando software, tan es así que somos reconocidos en el ámbito internacional. De hecho, desarrolladores venezolanos están trabajando en Google y Facebook, en las principales compañías de tecnología del mundo. Pero tenemos que comenzar a creer en esa industria para poder ser competitivos; por eso siempre evangelizo sobre el desarrollo tecnológico en Venezuela y la cuarta revolución industrial.

–China es una fuerte competencia y Venezuela ha invertido mucho en su tecnología.

–Pero, paradójicamente, así como son muy buenos creando equipos, son muy malos desarrollando soluciones tecnológicas software, que es lo que gestiona el equipamiento. Lo han dicho los propios chinos. He viajado a China varias veces y trabajado con el Gobierno de ese país en sus proyectos de ciudades inteligentes –tienen proyectado crear 100 ciudades inteligentes en los próximos 100 años-. Ellos saben de sus limitantes.

–Muchos dueños de empresas privadas se niegan a trabajar con el Gobierno, incluso poniendo éste reglas claras en la mesa.

–Porque nos dedicamos a lo urbano, tenemos que trabajar con el gobierno, independientemente de su color político, haciendo cada quien lo que mejor sabemos hacer. En eso, como empresario, soy transparente. Por nuestra parte somos muy buenos desarrollando tecnología y operando e implementando esa tecnología en las ciudades; el Gobierno, por su parte, deber ser muy bueno en socializar esa tecnología, o sea, informarle a la ciudadanía la existencia de esa tecnología y cómo disfrutarla, y al mismo tiempo garantizar que se mantenga en el tiempo presupuestariamente, porque esa es su responsabilidad.

 

“No es bueno darnos tantos golpes de pecho”

 –¿Acepta, pero a regañadientes, los resultados del 15-O?

–Antes y después de saber los resultados, conversé con varios amigos. Y sentí en sus voces una desesperanza que yo no tengo. Los resultados del 15 son un despertar importante para los venezolanos. Y me explico: nosotros no vamos a superar la situación que hoy enfrentamos si el liderazgo político se niega a tener un debate de altura, donde se le demuestre a la gente un camino, una visión y una solución. En la medida que se pelee sólo por el espacio y la cuota de poder, será difícil dar pasos adelante. El domingo 15 nos mostró que tenemos que recorrer un trecho importante de persuasión positiva.

–¿Cree que a partir de hoy –lunes 16- oposición y oficialismo recobrarán la moderación perdida?

–Tengo mis dudas. El resultado dado por el CNE y que todos conocemos, le dio alas al ala más radical de la oposición. Quienes promovieron la abstención, el no participar en las regionales, son los que usan las redes sociales para atizar el “te lo dije”, lo que es un análisis súper equivocado. Si el juego político no se dirime en la política, no hay nada que hacer.

–La Mesa de la Unidad Democrática (MUD) insiste con la ‘exploración’ del diálogo.

–Yo estoy de acuerdo con el 100% diálogo y la negociación. Soy empresario y al serlo, tengo que negociar todos los días con quien sea.

–¿Venderle el alma al diablo entra en el campo de las negociaciones?

–Negociar con el diablo no implica venderle el alma, eso es importante saberlo.

–¿Pero no es imposible el diálogo con aquel para el que las palabras han dejado de tener algún significado?

–Las palabras siempre tienen significado, sólo hay que buscar ese idioma común que nos siente en la mesa.

–¿Se siente representado por la clase política?

–No… Me hace falta escuchar a una dirigencia que hable de futuro. Yo vivo echándole pichón al trabajo, en esta empresa de la cual soy cofundador hemos hecho cosas que a muy poca gente se le ha ocurrido hacer. “Hacemos de la ciencia ficción una realidad” es el lema por el que vive el equipo de Vikua.

–En política hay otro lema: “La pobreza es un negocio rentable para los políticos”.

–Cuando un hombre de negocios habla de negocios, sabe que lo más importante es tener un ingreso sostenible, una renta inmediata. ¿Puede encontrar en la pobreza un rédito a corto plazo?, sí. ¿Va a lograr que esa rentabilidad sea exponencial y sostenible?, no. Al final verá que lo invertido fue en vano… La pobreza no es un negocio para nadie.

–Una crisis, cualquiera sea ésta, ¿no es un examen de conciencia y debe llamarnos a la reflexión?

–Conciencia y reflexión, dos palabras que siempre están en mis conversaciones; de hecho, me han costado varios almuerzos con mi familia (risas). No soy un revisionista de la Historia, pero considero que la reflexión y el presente tienen que estar enmarcados en el entendimiento del contexto, de las variables y ver o analizar cómo éstas juegan para un futuro. No es bueno darnos tantos golpes de pecho con la realidad circundante. Venezuela es un escenario interesante desde todos los puntos de vista, es como para reflexionarla todos los días. Sólo he vivido dos años en el exterior, cuando a papá, que era ejecutivo de Procter & Gamble, lo trasladaron a Cincinnati; yo tenía 10-12 años… Este país me ha enseñado demasiado; aprendí quebrando negocios, pateando calles, subiendo cerros; he aprendido y sigo aprendiendo de gente que no es como yo y de gentes que son como yo. No quiero morir sin decirles a mis hijos y nietos, que Venezuela fue para mí una excelente maestra y que deseo también lo sea para ellos.

–Padece de autismo político la dirigencia política opositora?

(Carcajada) –Carece de visión de futuro… Nuestra clase política está muy concentrada en el pasado y en el presente, y un pueblo nunca saldrá adelante si no tiene visión de futuro. Lo ocurrido el 15-O fue una lección que le debe servir de aprendizaje.

–La victoria moral es la menos mala de las derrotas, dicen por ahí, tal vez como una forma de consolar al que no ganó.

–Lo importante es tener una victoria real manteniendo la moral.

 

“Mi tiempo se llama futuro, no presente”

 –¿Satisfecho del reto emprendido?

–Uno de los regalos más hermosos que me ha dado este trabajo es poder demostrar que sí se puede. Es muy sabroso decirles a los empleados, aunque sea en broma, que “Siemens y Cisco aún no saben que somos su competencia”, pero hablando en serio queremos destronar a esas empresas, sacar del mercado a Panasonic.

–Es una misión extraterrestre.

(Jajajajajajaja) –Pareciera, pero como dice nuestro lema, “hacemos de la ciencia ficción una realidad” en los mercados emergentes.

–Por qué se atrevió a arriesgarse al éxito en un país en crisis.

–Porque Venezuela merece que trabajemos por ella y la saquemos a flote.

–“Nos estamos quedando sin talento”, es una frase convertida en mantra.

–Quienes tomaron o están tomando la decisión de irse, lo hicieron o lo hacen por dos motivos: 1) No todo el mundo está preparado para trabajar y vivir en incertidumbre. 2) La generación de mis padres que vive en sectores de clase media o clase media alta, ha sido muy melancólica con el pasado; por eso, cuando tienen un hijo y le cuentan lo bueno que fue el pasado, le están diciendo que se vaya, que lo bonito ya no existe, quizá porque desean que tenga otro estilo de vida. Ese rompimiento generacional que hemos tenido no sólo ha incidido negativamente para mantener a esa generación joven en suelo patrio; también está impidiendo que miremos hacia el futuro.

–¿Su papá le ha motivado a marcharse de Venezuela?

–No, tal vez porque recuerda lo que le decían su abuelo y su papá: “Estudiarás en el extranjero, pero regresarás a Venezuela a trabajar”.

–La compañía que cofundó fue reconocida por la revista Forbes como una de las 30 empresas más prometedoras de América Latina. ¿Cuán grande es su ambición para montarse en la cresta de la ola tecnológica mundial?

–Para nosotros fue un orgullo poner el nombre de Venezuela en una lista bonita. Sin embargo, así como resultó emocionante leer aquel e-mail donde nos informaban que habíamos sido seleccionados para aparecer en la edición de agosto 2015, como una de las 30 empresas más prometedoras de la región, el reconocimiento se tradujo en una gran responsabilidad. Por eso recibimos a emprendedores que están haciendo cosas interesantísimas y les ofrecemos la plataforma de Vikua para apalancar su crecimiento. Quiero que Venezuela sea reconocida por lo que hacen sus talentos en tecnología. Cuando lo logremos, habremos conquistado el mundo.

–Cómo se enteró Forbes de la existencia de Vikua.

–Fui invitado a la Cumbre de Las Américas en Panamá, para estar en un panel de emprendedores jóvenes. Allí conté la historia de lo que hacemos en Vikua y de los trabajos desarrollados; posteriormente, Forbes me pidió los datos de la empresa, creí que era para un artículo de la mencionada publicación… Creo en eso de estar en el lugar correcto y en la fecha correcta. De no haber estado en donde estuve, Forbes no se hubiera enterado de nuestra existencia.

–“Todos ven lo que aparentas, pocos advierten lo que eres”, dijo Maquiavelo. Para los que no lo saben, ¿quién es en realidad Juan José Pocaterra Mendoza?

–Además de muy sentimental, soy un tipo emocional y enamoradizo (risas)… Mi tiempo se llama futuro, no presente, lo que me hace pragmático. En fin, soy una mezcla de soñador y hacedor.

 

PingPong

 –¿Se deja llevar por lo que dice la doctrina americana: “En esta vida, para triunfar hay que empezar por comportarse como un triunfador”?

–No se gana un juego si no se entra a la cancha con la disposición de ganarlo.

–¿Es de los que dice complacido “se me nota de dónde vengo y hacia dónde voy”?

(Acaricia su acicalada barba y sonríe) –Estoy en desacuerdo con esa frase, prefiero decir que sé a dónde voy sin importarme de donde vengo.

–El príncipe Harry, según una encuesta, tiene la barba más sexy del mundo.

(Carcajada) –Es posible que sea verdad…

–La espornoscopia es la segunda generación de metrosexuales y la conforman hombres más preocupados por sus cuerpos que por la ropa.

–A mí me preocupa más tener una inteligencia integral. Al final de la Cuarta Revolución Industrial, su autor, Klaus Schwab, dice que para ser exitosos en este mundo necesitamos cuatro inteligencias: mental, espiritual, emocional y física. Todas están vinculadas.

–¿Un trauma infantil?

–El que me contagió de miedo al dolor físico. Y es que jugando pelota –yo era shortstop en ese momento- un amigo del colegio me tiró un pelotazo directo al ojo y casi que lo pierdo. Recuerdo que fui a mi Primera Comunión con un ojo morado (risas).

–El beisbol profesional está en pleno desarrollo.

–Y yo le apuesto al Magallanes…

–A qué famoso le habría gustado pedirle un autógrafo.

–A Lionel Messi, el futbolista por excelencia.

–¿Alguna vez el descontento y la rebeldía rebrotó en el adolescente la pasión por la destrucción?

–Nunca, prefería construir. Cuando tenía 9 años, en el colegio donde estudiaba hicieron un simulacro de elecciones; fui electo presidente del Santiago de León. A muy corta edad entendí que había que canalizar las energías hacia la suma de voluntades.

–Sería un buen candidato para presidir el Consejo Nacional Electoral (CNE).

(Jajajajajajajajaja).

–¿El invento que más le llama la atención?

–La Internet…

–Cuándo probó vivir en libertad.

–Tenía 27 años y aún vivía en casa de mis padres; fue una decisión muy bien pensada que hoy disfruto a plenitud.

–¿La libertad es la ideología suprema?

–Definitivamente. Mientras más libre es de tomar sus decisiones y de encontrar su camino, el hombre más digno es.

–¿Predicador o practicante del amor libre?

–Lo primero (carcajada).

–¿Mejor solo que mal acompañado?

–La experiencia de estar siempre en buena compañía, sabe mejor (risas).

–Una investigación estadounidense dice que estar solo es un “acto subversivo”

–Nada más cierto, es un acto subversivo con uno mismo… En mi caso, sería como creerme demasiado autosuficiente para no querer compartir con otras personas.

–Qué no haría, pero que quiere hacer, por el qué dirán.

–¡Es que son tantas las cosas que no sé cuál escoger para comenzar mi confesión! (Jajajajajajaja). Pero no es tanto por el qué dirán, sino por las consecuencias que puedan generar mis acciones.

–¿Reza?

–Aunque no lo creas, todos los días rezo el Padrenuestro, una oración que me reconforta.

–¿La Vega o Las Vegas?

–No soy jugador, por tanto, la llamada ‘ciudad del pecado’ no está en mis prioridades turísticas. Prefiero La Vega venezolana, caraqueña.

–¿Sufre de delirio nacionalista?

–Soy un ciudadano global, pero me gusta trabajar con personal venezolano y en Venezuela.

–A diferencia de la dactilar, la risa es una huella cambiante. Ya en el siglo XIX, Charles Chaplin decía que “un día sin sonreír es un día perdido”.

–En lo que a mí respecta, reflejo mucho mi emocionalidad y la sonrisa forma parte de ella.

–¿Algo parecido a un enamoramiento fulminante?

–Mi romance en solitario. Durante seis años estuve enamorado de una chica que nunca me hizo caso; eso fue en mi adolescencia. Cuando ella me ‘paró’, dejé de sentir amor (carcajada).

–¿Las redes sociales están instigadas por odiadores profesionales?

–La tecnología transparenta al ser humano y le permite sacar lo bueno y lo malo que ‘habita’ en él… Tenemos que hacer un alto para reflexionar sobre si estamos demostrando o aflorando demasiado sólo la parte oscura y escondiendo la parte clara. Ser ‘anónimo’ da para muchas cosas feas, desagradables.

–¿Usted es como tuitea?

–No uso mucho Twitter, sino Instagram. La imagen, lo audiovisual refleja mucho mejor lo que somos.

–Cuál es su criterio sobre Las Verdades de Miguel.

–Lo leo todos los viernes y no porque esté de acuerdo con él, precisamente, sino porque me gusta desentrañar todas las aristas. No me pelo la última página porque me presenta puntos de vistas diferentes a los míos. ¿Sabes a quien no me gusta leer?, pues a quienes hablan o piensan como yo; para eso me hablo a mí mismo… Soy un respetuoso del trabajo periodístico que se hace en el semanario.

–¿Un lugar para desenchufarse?

–La playa.

–¿Le sobra humildad?

–Aunque reconozco que me falta ejercitar más ese valor, virtud o cualidad humana, mis actuaciones no cruzan la frontera de la soberbia, la prepotencia.

–¿Le duele o le avergüenza vivir en Venezuela?

–Me enorgullece muchísimo haber nacido donde nací, ser de donde soy. Cuando viajo para asistir como invitado a conferencias internacionales, soy en extremo un orgulloso venezolano, ¡pero es que soy súper positivo con Venezuela! Tal vez soy un loco o me tilden de ‘loco’, pero no puedo dejar de amar este país. Algo me hicieron cuando era chamo, que hizo que me enamorara de Venezuela y no sé qué, exactamente (risas).

–¿Los venezolanos quieren ser ciudadanos de segunda?

–Ni de primera ni de segunda, sólo queremos ser CIUDADANOS.

Lavinia González

 glavinia300@yahoo.com

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