La Constitución suiza de Antonio Guzmán Blanco

Antonio Guzmán Blanco será el caudillo que con su prestigio y autoridad, dominará toda la segunda mitad del siglo XIX venezolano; dotado de una inteligencia y una cultura superior, supo combinar armoniosamente dotes políticos y militares para establecer una larga hegemonía personal, no exenta sin embargo de disidencias, cabriolas, reacciones y deslealtades. El sistema impuesto por Guzmán luego de su arribo al poder en abril de 1870 se basará en establecer una alianza con los caudillos regionales, cada uno de los cuales ejercerá el poder en sus localidades siendo garantes de la paz y la estabilidad de todo el andamiaje montado bajo las banderas del partido liberal y el liderazgo omnímodo del también llamado autócrata civilizador.

No le será fácil, sin embargo, al entonces joven Guzmán someter a los mil y un jefes militares que pretenden disputar el ejercicio del Gobierno, su pacificación impuesta a sangre y fuego pasará por derrotar en primer lugar a los reductos del viejo conservatismo, para luego tener que contener y aplacar a los disidentes de sus filas: primero será el compadre Matías Salazar que al reincidir en sus andanzas será sometido al último suplicio, y más tarde figurarán en la lista León Colina y José Ignacio Pulido, dos de sus generales de más confianza. Guzmán agota su primer periodo de siete años, tres de facto y cuatro constitucionales, y se coloca en el trance de tener que asegurar en el poder una alternabilidad que no comprometa sus posibilidades de retorno al mando.

Antonio Guzmán Blanco

Guzmán, especialista en argucias políticas y legales, idea una reforma a la Constitución que reduzca a dos años el periodo presidencial, lo cual había calcado del modelo de la confederación helvética, donde el poder se alternaba bianualmente, la reforma se plasma en mayo de 1874, y el artículo 69 de la carta fundamental establece el nuevo periodo presidencial, el objetivo deliberado de esta norma, era que ningún ocupante de la primera magistratura tuviera tiempo de acostumbrarse al poder, ni a consolidar una base propia que le permitiera una reacción efectiva contra su antecesor, en este caso el todopoderoso Guzmán Blanco.

A pesar de la aparente confianza que le brinda el dispositivo constitucional implementado, el Presidente saliente quiere reforzar sus previsiones escogiendo un sucesor de confianza y lealtad, que sea incapaz siquiera de pensar en una inconsecuencia. Ni la reforma constitucional, ni la selección de quienes deberán alternarse con él en tan cortos lapsos, resignan a los escogidos a un breve mandato, y por el contrario lo abreviado del mismo será una tentación para intentar sostenerse en el poder e impulsar una reforma a la carta fundamental que les conceda mayor estadía en la jefatura del gobierno.

Ninguna de las tres experiencias vividas por Guzmán, durante la vigencia de la Constitución de 1874 serán placenteras, la primera la vive con el más incondicional de sus compadres: Francisco Linares Alcántara, quien luego de darle reiteradas muestras de zalamería, incondicionalidad y adulancia, al no más asumir en poder en 1877, inicia una fuerte reacción contra su tutor, logrando defenestrarlo y controlar los hilos del poder, lo que se frustra por su inesperada muerte que facilita el regreso del gran caudillo que ya estaba resignado a su exilio en París.

Luego vendrá el bienio del general Joaquín Crespo, donde si bien este no se decide por una reacción en toda la línea y acepta la vuelta de Guzmán al Gobierno, aprovecha su corto mandato para dotarse de una fuerza propia en el seno del partido liberal, que luego le permitirá ser el hombre fuerte que cierre el siglo XIX venezolano. En 1888, tocara el turno a los llamados doctores del liberalismo Juan Pablo Rojas Paúl y Raimundo Andueza Palacios, a quien Guzmán selecciona, porque considera que carentes de prestigio, experticia y fuerza militar, les será más difícil encabezar una reacción en su contra, esta vez el error será mayúsculo y definitivo, porque la reacción de los presidentes civiles en su contra tendrá tal magnitud que lo condena a un ostracismo sin retorno.

La llamada “Constitución Suiza” concebida por el “Ilustre Americano” como lo denominaban sus áulicos, como una camisa de fuerza para domar las ambiciones de sus sucesores, fue en la práctica un estimulo irrefrenable que alentó reacciones y aventuras continuistas, cuyo epilogo lo marcaria Andueza Palacios cuando pretende extender su permanencia en el mando, y es arrojado del poder por Joaquín Crespo, quien respaldado por sus meritos y fuerzas militares, procederá en 1893 a la modificación de la Constitución Nacional, extendiendo a cuatro años el periodo presidencial y consagrando la no reelección inmediata. El extraño y exótico experimento guzmancista había llegado a su fin, y su promotor observará desde su exilio de ya varios años en Francia, la cancelación definitiva de un “invento” que le produjo incontables dolores de cabeza.

Rafael Simón Jiménez

rafaelsimonjimenez@hotmail.com

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!
A %d blogueros les gusta esto: