La diabetes en la infancia

Las personas a cuyo hijo, familiar o allegado, le han diagnosticado diabetes mellitus en su infancia o adolescencia, usualmente desarrollan gran preocupación al ver el hecho como un desmoronamiento de la salud del menor. Esas reacciones de ansiedad y depresión que también afectan al niño, son plenamente comprensibles.

Mas, en la actualidad, disponemos de recursos que permiten a los pacientes diabéticos un óptimo control y disfrutar una vida plena, sin diferencias importantes con las personas no diabéticas. A fin de lograr ese objetivo, es necesario buscar la ayuda profesional de un equipo de salud calificado (Endocrinólogo, Pediatra, Nutricionista, Educador de diabéticos, Psicólogo, entre otros).

Para entender mejor esta enfermedad hablo con el Dr. Eduardo Carrillo Monsalve, Pediatra Endocrinólogo del Hospital Militar Dr. Carlos Arvelo.

Sobre los carbohidratos y la glucemia: Los carbohidratos son sustancias importantes como fuente de energía para todas las células del organismo, contribuyendo así a su normal funcionamiento. Nuestros alimentos contienen dos tipos de carbohidratos: 1) simples, o azúcares, caracterizados por su sabor dulce; y 2) complejos, denominados harinas o almidones. Entre los simples son bien conocidos la sacarosa (azúcar de mesa) y el azúcar de las frutas. Los complejos están presentes en panes y cereales, verduras (papa, yuca, maíz) y legumbres (frijoles, lentejas). Después de ser digeridos, los carbohidratos llegan a la sangre como glucosa, forma utilizable por las células. La glucemia es la concentración de glucosa en la sangre. Su valor normal oscila entre 70 y 100 mg/dl, en ayunas. Para mantener una glucemia normal, la hormona insulina, producida por el páncreas, tiene un papel cardinal.

Diabetes mellitus: la alteración en la producción o en la calidad con que trabaja la insulina lleva a la pérdida de la regulación que ella ejerce y los valores de glucemia ascienden. De esa forma aparece la diabetes mellitus, conjunto de trastornos metabólicos que se caracterizan por glucemias elevadas (hiperglucemia), en forma persistente. Es una alteración controlable. La carencia de control predispone a complicaciones relevantes a nivel de ojos, riñones y sistema cardiovascular.

Cuando la condición del diabético aparece en la niñez o adolescencia, corresponde, en su gran mayoría a la forma de diabetes mellitus identificada como tipo 1, a diferencia de la diabetes que comienza en adultos, la cual generalmente es la denominada diabetes mellitus tipo 2.

En Venezuela no tenemos registros epidemiológicos oficiales de la diabetes mellitus. Se considera que el 6% de nuestra población es portadora del padecimiento y que los diabéticos tipo 1 representan menos del 10% del total. Otro hecho importante es el aumento de frecuencia de la diabetes tipo 2 en niños y adolescentes. Este fenómeno se asocia estrechamente con el aumento de la obesidad, favorecida por un estilo de vida inadecuado (alimentación rica en calorías y poco nutritiva; y sedentarismo), cada vez más común en nuestras poblaciones.

¿Por qué un niño desarrolla diabetes mellitus?: En primer lugar, se ha determinado la existencia de una predisposición genética en los niños que desarrollan diabetes mellitus tipo 1, lo cual los conduce a producir anticuerpos, que por un error de reconocimiento atacan y dañan las células del páncreas que producen la insulina. Aún no está bien precisada la naturaleza de los elementos que desencadenan la aparición de esos anticuerpos, lo cual ha dificultado la prevención en esa etapa. Como consecuencia, el paciente afectado deja de producir insulina.

En la diabetes tipo 2 son importantes el factor hereditario y el estilo de vida. En este caso, el paciente puede continuar produciendo insulina pero la misma no ejerce su acción adecuadamente, lo que es conocido como resistencia a la insulina. Dicha alteración lleva a incapacidad para regular la glucemia, apareciendo hiperglucemia y diabetes mellitus.

¿Qué síntomas se presentan?: los síntomas suelen ser muy manifiestos. Los más comunes son: Aumento de la frecuencia y el volumen de la orina, sed excesiva, decaimiento, pérdida de peso y aumento del apetito. Aproximadamente un tercio de los pacientes con diabetes tipo 1 inician la enfermedad con un cuadro clínico de deshidratación, glucemia muy elevada y en ocasiones alteración de la conciencia. Esta condición (cetoacidosis diabética) requiere asistencia de emergencia, y aun de terapia intensiva.

¿Cómo se diagnostica la diabetes? Suele ser simple, ya que se basa fundamentalmente en la presencia de valores de glucemia elevados por encima de límites previamente establecidos, que todo médico suele conocer. La presencia de síntomas refuerza el diagnóstico. En ocasiones, para efectuarlo, es necesario realizar una prueba de tolerancia oral a la glucosa, en la cual se determinan glucemias al niño antes y después de ingerir una cantidad calculada de dicho azúcar. Tal proceso diagnóstico debe ser guiado por el médico.

¿Qué sigue tras haber hecho el diagnóstico? Es imperativo el inicio inmediato del tratamiento. Solo así se podrá revertir el estado crítico en aquellos pacientes que lo presenten y evitarlo en pacientes que se encuentran estables. Mantener el tratamiento adecuado garantiza al paciente un estado saludable y evita descompensaciones (síntomas graves). Además disminuye significativamente la posibilidad de complicaciones. El logro de estos objetivos representa la clave de una mejor calidad de vida para el pequeño paciente y el futuro adulto, así como un discurrir sin diferencias con las personas no diabéticas.

¿En qué consiste el tratamiento? Incluye los siguientes aspectos:

1. Insulina: Representa el tratamiento amigo, imprescindible para el diabético tipo 1, pues el organismo ha dejado de producirla, siendo la causa de las alteraciones mencionadas, y debe ser sustituida por la que es producida por la industria farmacéutica. Es la única garantía de sobrevivencia y de bienestar para el paciente. Si no la recibe, inevitablemente irá a su deterioro progresivo y muerte. Deben administrarse inyecciones diarias, vía subcutánea. Usualmente se requieren dos tipos de insulina en dosis distribuidas a lo largo del día, parte de ellas antes de cada comida para evitar el alza incontrolada de la glucemia después de la ingesta de alimento, causa de complicaciones, como ha sido plenamente demostrado en múltiples investigaciones. Su indicación impacta con frecuencia al paciente y sus padres, provocando un rechazo inicial, la búsqueda de opinión de otros médicos, o inclusive, de personas no capacitadas, que pueden aconsejar desconocer el diagnóstico y omitir la insulina, causando así serios daños.

La consecuencia más temida de la terapia con insulina es el descenso de la glucemia. Se trata de la hipoglucemia, alteración que se manifiesta con síntomas como sensación de hambre, decaimiento, temblor, taquicardia, sudoración excesiva, y en los casos más severos (muy poco frecuentes), somnolencia, pérdida del conocimiento, convulsiones o coma. Este cuadro ocurre generalmente cuando hay algún error en el cumplimiento de las indicaciones terapéuticas, por ejemplo, la omisión de alguna comida o la realización de un ejercicio excesivo no planificado. Es improbable que suceda cuando el paciente aplica las recomendaciones de sus terapeutas. En caso de ocurrir debe ingerirse azúcar, preferiblemente contenida en líquidos, según recomendaciones médicas, hasta lograr normalizar el valor de glucemia.

2. Alimentación sana: Esto es sinónimo de una ingesta balanceada, con carbohidratos complejos en forma racional, baja en grasas, con vegetales y frutas en cantidad generosa, así como pescado al menos dos veces por semana.

3. Ejercicio físico regular. Favorece un mejor control y disminuye los requerimientos de insulina. El paciente diabético puede practicar variedad de actividades deportivas, e inclusive ser atleta de alta competencia. Existen diabéticos ganadores de medallas olímpicas.

4. Apoyo psicológico: necesario y de suma utilidad en múltiples casos, al contribuir con el niño y sus familiares en el proceso de aceptación y aprendizaje para un normal desempeño como paciente diabético.

5. Educación: Al inicio es indispensable el aprendizaje sobre la administración de insulina, el monitoreo de las glucemias capilares mediante un glucómetro y el manejo de las hipoglucemias en el caso de que se presenten. Ello permitirá el desenvolvimiento fuera del hospital.

Además de lo anterior los pacientes deben acudir en forma periódica a su médico, para su evaluación integral y ajuste del tratamiento cuando se haga necesario.

Leancy Clemente

leancyclemente@gmail.com/@leancyclemente

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