La emigración Canaria a Venezuela, los “Barcos Fantasmas”

Quiero recordar que en la época de Franco la inmigración no existía, pero sencillamente esto no ocurría porque España era un país pobre y nadie quería venir aquí, al contrario eran los españoles los que se marchaban huyendo del hambre y la miseria.

En esa época no tan lejana éramos nosotros los emigrantes, los que de formas muchas veces clandestinas nos íbamos a otros países para intentar mejorar nuestra situación, hoy día parece que esto se quiere olvidar y en muchos casos tratamos a los inmigrantes que llegan a España como no queríamos que nos trataran a nosotros cuando también lo éramos.

Se emigró principalmente a Europa, donde se llegó a la cifra oficial de 1.066.440 de emigrantes registrados en los países europeos en 1973, aunque esta cifra era superior si se contaran los emigrantes ilegales no registrados por las autoridades españolas.

Una de las historias más interesantes creo es la de la emigración de los canarios a Venezuela, que en aquella época era un país rico y tierra de promisión para unos harapientos y hambrientos españoles que veían en ese país lo mismo que los emigrantes de otros países ven ahora en España.

Si quiero referirme a esta emigración Canaria a Venezuela es por la manera que se produjo en gran parte esa emigración, hoy día llega a las costas españolas en cayucos y pateras provenientes de África, cargados de emigrantes que buscan en España la tierra de promisión, en esa época eran los denominados barcos fantasmas, pequeños veleros y pesqueros que emprendían la aventura de cruzan casi sin medios el Atlántico para llegar a aquella tierra de promisión que era Venezuela.

Se daba el nombre de barcos fantasmas a aquellos veleros que desaparecían de tierras Canarias, de los que a veces se recibían noticias de su presencia en alta mar y que tras unos 40 días aparecían en tierras venezolanas con sus respectivos tripulantes y pasajeros.

Los barcos salían de su puerto en alguna de las Islas Canarias y una vez en alta mar fuera de la vista de tierra, de noche cambiaban su rumbo y se dirigían a un punto acordado de la costa canaria donde embarcaban víveres y pasajeros. En algunos casos se dividía la cabina interna con un piso horizontal nuevo para poder colocar más pasajeros, estos dormían sobre tablas y sacos, en pésimas condiciones, rodeados de piojos y sus propios vómitos.

Algunos de estos barcos fantasmas hacían la travesía bajo la mano de patrones expertos que conocían la navegación y el barco llevándolo sin problemas, pero otros los llevaban patrones con poca experiencia, que no conocían ni los alisios ni las corrientes, navegaban sin cartas de navegación, ni sextante, ni siquiera una corredera, solo sabían que Venezuela estaba donde se ponía el sol y con estos escasos conocimientos ponían rumbo oeste.

El alimento preferido para la travesía era el gofio, que se conservaba muchos días, las papas más resistentes eran consumidas después con otros alimentos menos usados. El gran problema era el agua para beber, se daban raciones entre ¼ y ½ litro de agua por persona, pero esta a veces no llegaba para toda la travesía y con suerte podían seguir con agua que pedían a algún barco que encontraban o bien agua de lluvia que recogían con lonas.

Como ejemplo de estos viajes sirve el testimonio de un emigrante canario a Venezuela que hizo el viaje a bordo de “La Carlota”, un navío, con 45 años de antigüedad pues había sido construido el 1903, era un pakebote canario de 102 TRB construido en los astilleros de Manuel Márquez, de Las Palmas de Gran Canaria. Pero aun así, fue adquirido por 200.000 pts. por un grupo de represaliados políticos, después de estudiar el navío y determinar que podía atravesar el Atlántico con 60 personas a bordo, pero en realidad en la travesía, que empezó el 22/08/1948, embarcaron unos 201 emigrantes.

Testimonio de Jesús Ortega Medina (nacido en La Palma en 1920):

“En La Palma, antes de la guerra, trabajé en la ampliación del muelle de Santa Cruz cargando material para rellenar. En 1936 llegó para allá un barco de guerra, tiró un cañonazo, y todo el mundo se quedó tranquilo. A partir de entonces los que mandaban eran los falangistas.

 En 1948 estaba la gente viniéndose en velero para Venezuela. Nos entusiasmamos unos cuantos, y nos dijimos: ¡vamos para Venezuela! Fuimos cinco de Mazo (La Palma) para Tenerife para tomar la balandra.

 Íbamos 200 personas en aquel barco de vela: La Carlota tardó 28 días. Dormíamos sobre cubierta, con la vela de toldo. Como era verano no llovía. Se comía carne salada, pescado salado, batatas, papas, arroz, gofio.

 El agua estaba racionada a medio litro diario por persona. Se nos terminó el agua llegando a Trinidad, y ahí tomamos agua. Pero no nos querían dejar salir, porque eso era colonia inglesa.

 El capitán vino y nos dijo: nos escapamos esta noche. Y salimos prófugos de Trinidad. Llegamos por toda la costa de Paria hasta un sitio que llaman Chacopata, hay ahí un poco de islotes atravesados en el mar, y el capitán no supo salir. Nos acercamos a tierra, y un señor nos dijo que nos sacaba de ahí pero que teníamos que pagarle.

 Yo traía 200 bolívares que había comprado allá en Tenerife, y eso pedía. Como yo era el único que traía dinero venezolano se los tuve que dar al capitán para que pagara al hombre. Luego el dueño del barco, que se vino por avión a Caracas, me los devolvió. Nos trajeron aquí, a Isla de Margarita, y después nos llevaron en el mismo barco a La Guaira. Nos llevaron a Caracas, al Hotel de Emigrantes, que estaba cerca de la Plaza Capuchinos. Ahí estuvimos tres o cuatro semanas, y yo empecé a trabajar con unos portugueses que estaban haciendo un edificio. El Gobierno nos pagaba los pasajes para donde quisiéramos ir. Yo conocía Margarita, y me vine.

La travesía del velero “La Elvira”

La ‘Elvira’ sólo es uno de los “cientos de barcos fantasmas”, muchos de ellos no mayores que los actuales cayucos que llegan a España desde África, que cruzaron el Atlántico durante la década de los 40 con hasta 12.000 canarios que buscaban una vida mejor en América, huyendo de la dictadura fascista impuesta por el general Franco tras la victoria de los golpistas en la guerra civil.

 Uno de los veleros que realizaron la travesía fue “La Elvira”, era un velero de 19 metros, sin motor, en el que realizaron la travesía 106 emigrantes, esta parece ser la cifra real, aunque una fuente periodística de la época citara 160, la mayoría del pasaje eran campesinos de Gran Canaria aunque también había 15 tinerfeños, 10 palmeros, cinco cubanos hijos de isleños y 15 peninsulares de Murcia, Madrid, Almería, León, Ourense, Asturias, Cuenca, Cádiz, Navarra y Baleares, un canario nacido en Filadelfia (EEUU) y una española venida al mundo en Auxerre (Francia), la mayoría del pasaje eran hombres, pero también había en el mismo diez mujeres y una niña de siete años (cuatro años según otras fuentes), en este barco fue en el que viajaron más mujeres.

El barco había sido comprado un mes antes por Ramón Redondos, el cual pagó por las 250.000 ptas. que esperaba amortizar con el cobro de los pasajes y la venta del lastre de sal que llevaba, era un viejo pesquero con 96 años de antigüedad que se había dedicado a la pesca en la costa africana.

La travesía empezó en Semana Santa de 1949 en que el barco partió de Las Palmas, los emigrantes habían pagado 4.000 ptas. a los organizadores del viaje, una fortuna para aquella época en que los campesinos canarios ganaban unas 20 pesetas diarias por trabajar de sol a sol, uno de los organizadores del viaje, Juan Azcona, acogió en su casa unos veinte emigrantes que se concentraron en ella antes de partir para evitar ser detenidos por la Guardia Civil, el barco partió del puerto de Las Palmas al mando del Patrón Costero Antonio Domínguez, apodado el “Puro” por su afición al tabaco, y se dirigió a la península de Jandía al sur de Fuerteventura de donde salieron unas falúas (lanchas) con el resto de pasajeros; cuando estaban embarcando se escucharon dos tiros y se vio acercarse una luz verde de la patrullera de la Guardia Civil, mientras una voz gritaba “deténganse en nombre de España”, embarcaron como pudieron lanzándose a bordo e intentaron escapar en el viejo velero, pero la patrullera se acercaba hasta ponerse en paralelo a la embarcación y la voz les dijo “entréguense” a lo que una voz en la oscuridad respondió “que se entregue tu madre”, cuando todo parecía perdido un fuerte golpe de viento empujó al velero hasta aguas internacionales pudiendo escapar.

Con el grupo de Fuerteventura embarcó Antonio Cruz Elórtegui Patrón de Altura que debía hacer la travesía hasta América, este les había engañado, al embarcar reconoció que no era patrón, había mentido pues era un perseguido político vasco y no tenía dinero, la única manera de embarcarse era mentir y hacerse pasar por capitán, los pasajeros se amotinaron y querían lincharlo, pero un pasajero Regino Camacho que antes de la guerra había sido acusado de asesinato, sacó una pistola y los amenazó para seguir el viaje a pesar de que Antonio Domínguez había propuesto volver a Canarias al carecer de un capitán cualificado, pero finalmente se decidió proseguir y Antonio Domínguez con sus escasos conocimientos se vio obligado a ejercer de patrón, como único elemento para controlar su posición contaba con el reloj de Ramón Redondo que por ser muy exacto usaban a modo de cronometro y cada día miraban la hora al llegar el sol a su máxima altura para saber lo que había avanzado ese día. En el medio del Atlántico un huracán rompió el timón y estuvo a punto de enviarlos a pique. Al amanecer del 22 de mayo, tras 36 días de viaje, alcanzaron el puerto de Carúpano, en Venezuela.

Juan Azcona, uno de los organizadores, finalmente no pudo embarcar por la llegada de la patrullera de la Guardia Civil, pero si lo pudo hacer su hermano Paco de 17 años el cual cuenta que hacían carreras de piojos para matar el tiempo. Se levantaban mojados por los vómitos de sus compañeros, dormían uno encima de otro y se turnaban para que unos estuvieran en cubierta del barco y otros abajo, pues no cabían todos, también cuenta que al llegar a la costa, famélicos, tras 36 días de calamidades, se lanzaron sobre una fruta extraña, olía a trementina, y pensaron que era veneno”, pero pudo más el hambre que el miedo a morir, tuvieron suerte, ese veneno eran mangos. Finalmente y después de varias vicisitudes los emigrantes de “La Elvira” fueron acogidos en Venezuela donde pudieron rehacer sus vidas.

Tras esta peligrosísima travesía, los canarios de la ‘Elvira’ alcanzaron las costas de Venezuela, donde fueron considerados “inmigrantes voluntarios” por el Gobierno, pudieron regularizar su situación y echar raíces en Venezuela.

El Tambor

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!
A %d blogueros les gusta esto: