La mujer que fundó y quiso acabar con el Día de la Madre

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Ann Maria Reeves

 

“Sin embargo, más que un motivo para que ese día fuera dedicado a honrar el nombre de mi madre, todo se volvió una comercialización”.

 En 1923 Ana Jarvis presentó una demanda para que se eliminara la fecha del calendario de festividades oficiales debido a que se estaba usando la celebración con fines comerciales y mercantiles de manera tal que se desvirtuaba el origen de la celebración.

 En un reportaje que le hicieron antes de su muerte Ana mencionó su arrepentimiento por haber impulsado el Día de la Madre, pues ella jamás se imaginó que este día fuera utilizado más bien mercantilmente y no con el fin que ella había idealizado.

 La iglesia católica aprovechando esta festividad las transformó para honrar a la Virgen María, la madre de Jesús. En el santoral católico el 8 de diciembre se celebra la fiesta de la Inmaculada Concepción, fecha que los católicos adoptaron para la celebración del Día de la Madre.

Hace unos días fue el cumpleaños de mi hermano mayor, día en el que mi madre se graduó con ese título, y por lo que también ella fue felicitada. Aprovechando, me puse a pensar en que ya se acercaba el Día de la Madre, y a pesar de que no acostumbro enviar regalos, tuve que pensar en la fecha en la que se celebra. Y es que entre los cuatro países que he vivido, el Día de la Madre se celebra en tres fechas diferentes, todas en el mes de mayo. Sólo por satisfacer mi curiosidad me puse a investigar, y me encontré una historia muy interesante, el de la mujer que promovió y consiguió que se estableciera tal fecha. Irónicamente, fue la misma mujer quien poco después intentaría detener su celebración.

Madre, no hay una…

Todos tenemos una madre, excepto Adán y Eva, dirían los que creen en la Biblia. Al margen de bromas, pocos podrán decir que la madre no es lo más sagrado. Es quien nos cargó nueve meses en su vientre, es quien nos dio vida, quien nos cambió los pañales, quien nos lavó y planchó durante años y nos hizo (y nos hace) la comida que nos gusta. Pero bueno, tampoco se trata de adelantar las felicitaciones. Hablemos entonces de la mujer -y la madre de esta- a la que hago referencia en el título.

Ann Maria Reeves tenía también una madre, que le dio a luz el 30 de septiembre de 1832 en un pueblo de Virginia, Estados Unidos. Al poco tiempo su padre, que era ministro, tuvo que mudarse con toda la familia a otra localidad en la vecina Virginia Occidental. A los 18 años, la joven Ann conoció a un hombre de negocios llamado Granville Jarvis, con quien formó una familia en el pueblo de Webster. Pero no todo fue tan fácil. De los 13 bebés que Ann dio a luz en 17 años, sólo cuatro llegaron a la edad adulta, algo no muy extraño en aquellos tiempos, y menos en uno de los estados más pobres de EEUU. La mayoría de los niños murieron de enfermedades infecciosas, y eso inspiró a Ann a tomar cartas en el asunto.

Embarazada de su sexto hijo, Ann fundó los Clubs de Trabajo del Día de la Madre en 1858, en Webster, y pronto extendió los clubs a localidades cercanas. Su intención era ayudar a otras madres a cuidar su salud durante el embarazo y a mejorar las condiciones higiénicas de sus hogares, donde la mayoría daba a luz. Los clubs reunían fondos para sus programas de educación, para comprar medicina y contratar a expertos médicos. Otra de las labores era inspeccionar la leche dirigida a los infantes para asegurarse de que cumplía con las condiciones sanitarias necesarias, mucho antes de que lo hiciesen los gobiernos.

Cuando estalló la Guerra Civil, Ann Jarvis adaptó los clubs para atender a los soldados heridos, de ambos bandos, pues Jarvis había declarado su organización como neutral. Al final de la guerra, los mismos clubs organizaron el Día de la Amistad de las Madres, en el que las mujeres que habían perdido a sus hijos en el conflicto, ya fuese en el lado ganador o en el perdedor, se reunieran para cicatrizar las heridas de la enemistad. Las reuniones fueron todo un éxito. Y Ann no se quedaría ahí.

El resto de su vida, Ann Jarvis no paró de involucrarse en la comunidad, de ayudar a los necesitados y de contribuir al bienestar de la sociedad. Fue maestra en la escuela bíblica de los domingos, dio conferencias sobre salud pública, religión y literatura en iglesias, escuelas y otras instituciones. Siempre ligaba los temas a la situación y posición de las mujeres, a las que nunca dejó de ayudar. En 1902, cuando Ann enviudó, se fue a vivir a Filadelfia con su hija Anna, y ahí murió el 9 de mayo de 1905.

De tal madre tal astilla

Sobra decir que Anna Marie Jarvis, la hija, sentía una gran admiración por su progenitora. Desde muy joven Anna había ayudado a su madre en sus labores sociales y religiosas y, a insistencia de su madre, Anna estudió en la universidad. Cuando Ann llegó a Filadelfia, su hija Anna ya era una importante mujer de negocios, y aun así le dio tiempo para cuidarla en sus últimos años. Anne tenía esa inquietud desde la infancia. Según ella misma, fue al final de la escuela dominical en 1876, cuando tenía 12 años, que su madre terminó la lección con un pensamiento:

“Espero y ruego que alguien, algún día, cree un Día de la Madre para conmemorarla por el inigualable servicio que presta a la humanidad en todos los campos de la vida. Se lo merece”.

Anne decidió hacer algo para cumplir el sueño de su madre. Tres años después de la muerte de Ann, organizó un servicio en la iglesia metodista de Grafton, Virginia Occidental y la última parroquia de Ann, un homenaje a su madre y a todas las madres. Era el 10 de mayo de 1908, y ese día se considera el primer Día de la Madre.

Desde su posición de mujer trabajadora y conocida en los círculos de poder en Filadelfia, Anne inició una campaña para conseguir que se adoptara el Día de la Madre de manera oficial, y lo consiguió pronto en algunas ciudades y estados. Escribió cartas y artículos; dio conferencias en iglesias, universidades y clubes privados, renunció incluso a su trabajo en una compañía de seguros y fundó la Asociación Internacional del Día de la Madre (MDIA por sus siglas en inglés). Sus esfuerzos pronto dieron fruto también en Canadá y México, China y Japón y, finalmente, el presidente Woodrow Wilson declaró en 1914 el Día de la Madre como fiesta nacional, a celebrarse el segundo domingo de mayo. Todo un triunfo para Anne.

Desafortunadamente, las cosas se tergiversaron. El espíritu de homenaje a las Madres que tanto Anne como su madre deseaban, pronto se tornó en un circo comercial. Como es de imaginar, los floristas y los impresores de tarjetas de felicitación hicieron su agosto, así como los fabricantes de chocolates y bombones. Anne, que había patentado varios símbolos de la fiesta que ella había inventado y promovido, intentó detener a aquellos que se beneficiaban económicamente, llegando a presentar casi 40 denuncias en los tribunales, sin éxito. Ya en los años 20 dijo:

“Una tarjeta impresa no significa nada, excepto que eres demasiado vago para escribir a la mujer que ha hecho por ti más que nadie en el mundo. ¡Y bombones! Le llevas una caja a tu madre -y terminas comiéndotelos tú. Muy bonito”.

Llegado el momento, Anne intentó frenar la celebración del Día de la Madre, escribiendo al Presidente de turno que cancelara la fiesta, pero sus esfuerzos fueron en vano. Ni sus retahílas ni sus demandas pudieron cambiar la avalancha de comercialismo que se había apoderado del Día de la Madre. Frustrada, pasó el resto de sus días encerrada en su mansión de Filadelfia. Anne Marie jarvis, la creadora del Día de la Madre, murió sin hijos el 24 de noviembre de 1948.

Jesús García Barcala

 

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