¡La piel, órgano sexual por excelencia!

* Una relación de muchos años, un episodio de infidelidad con su pareja, experiencias pasadas con un interés meramente sexual, estrés, falta de atracción física hacia su compañero/a y hasta los cambios hormonales, pueden ser algunos de los motivos que lleven a que pierda el deseo sexual hacia él/ella. ¿Una, entre otras soluciones? Las caricias, ¡el primer paso para revivir el deseo sexual!

¿Es posible tocarse otra vez aunque haya crecido una pared de hielo en medio de dos personas que se aman? A menos que la pareja se haya deteriorado demasiado, siempre se puede revivir el deseo sexual, recuperando como primer paso las caricias perdidas u olvidadas y volviendo a tocarse con cuidado. La idea básica para resolver los problemas sexuales, es el aprendizaje de un nuevo método para fortalecer la relación afectiva y sexual.

En qué consiste

Según los especialistas en medicina familiar y psicólogos clínicos, si alguien quiere revivir el deseo, debe tener muy presente que esa persona con quien va a compartir sus caricias es única. Y aseguran que tomar en consideración a alguien quiere decir, entre cosas, aceptar que tiene perspectivas y ritmos diferentes, momentos oportunos para la relación y otros que no lo son, y, en consecuencia, nos pone frente al reto de desarrollar una fina capacidad de observación.

Además de ser el órgano más extenso del cuerpo, la piel también puede ser considerada el órgano sexual por excelencia, ya que si bien la vista es importante, el sexo comienza en la epidermis, en el contacto físico.

Los especialistas aseguran que acariciar a la pareja es clave, más aún cuando se está intentando revivir el deseo. No son recomendables las prisas o el ir directamente a los órganos genitales. Cuando una relación está comenzando, son frecuentes las caricias en todo el cuerpo antes de llegar a la cama. Entonces, para revivir esa llama que se ha apagado entre dos personas, es necesario volver a al principio.

Sin prisa y con suavidad

Una de las principales causas está relacionada con las excesivas muestras de cariño que sólo le transmiten a la otra persona, ganas de tener sexo sin ir más allá. Si este es el caso, el proceso de cambio podría ser tal vez bastante prolongado y habría que mostrarse afectuoso y cariñoso sin llegar al sexo. Todo es cuestión de estar atento a las señales verbales y no verbales de la pareja.

El sexo es una forma de relacionarse y la caricia es una señal de que tomamos en consideración al otro y que no tenemos prisa, y le dedicaremos tiempo. Para recuperar la pasión es importante ser suave e ir poco a poco. Señalan los expertos que cuando el deseo se ha ido apagando con el tiempo, uno ha podido convertirse para el otro en una persona que despierta reacciones negativas. Incluso puede que el sexo haya llegado a producir rechazo y miedo. Y que en ese caso, los acercamientos bruscos, impositivos o desconsiderados sólo empeoran las cosas. Empezar despacio le dará la oportunidad de descubrir dónde está todavía esa “chispa”, hasta escuchar el tan anhelado “me gusta como lo haces”.

Cómo lograrlo

Es importante que los amantes se den permiso para probar y explorarse sin afán, con el tiempo suficiente para escuchar la respuesta a las caricias y probar el placer de todos los sentidos, para inventar, jugar y tomar con sentido del humor los intentos fallidos. En todos los estados de una relación, los besos y las caricias tienen importancia decisiva, pero lo es más aún tomar en cuenta la sensibilidad del otro cuerpo a esos besos y caricias.

Las caricias, ¡cómo curan!

El contacto físico en la pareja es de esas necesidades que apenas somos conscientes de tenerlas hasta que nos faltan. De hecho, por lo general la pareja mantiene en todo momento contacto físico, pero no somos conscientes de cuán importantes pueden ser todos esos detalles. Es más, así como todos consideramos que el sexo en la pareja debe ser bueno y satisfactorio para que todo vaya bien, hemos de considerar también, que para que la relación funcione, las caricias deben aparecer, deben estar ahí, porque su papel es fundamental a la hora de hacernos sentir protegidos, queridos y sobre todo, reconfortantes ante situaciones no tan buenas que nos toca vivir.

Está claro que todos nos sentimos mejor cuando nuestra pareja está cerca, cuando nos abraza, cuando nos acaricia sin más. Y esto no es un casual, no se trata de una sensación que aparezca sin más, sino más bien de algo más complejo, que desata una serie de sistemas de nuestro organismo pensados para que la calma, la tranquilidad y el saber que podemos contar con esa persona despierten en nosotros. Así que, no es un casual que cuando tenemos a una pareja que se preocupa por todos esos detalles, nos sintamos mejor, también con nosotros mismos.

Las caricias funcionan como soluciones naturales ante situaciones de estrés. De hecho, precisamente ellas son las que son capaces de reducir esa carga de tensión importante que hemos acumulado. Cuando estamos enfadados, no podemos más, o simplemente no hemos tenido un buen día, nos encontramos con que la caricia puede ser el mejor de los remedios para arreglarlo. Pero está claro que hay muchos tipos de caricias, y que otras, además de expresar cariño, también expresan el deseo que sentimos por el otro.

Las caricias, además de ser calmantes naturales, también son, según quien nos las dé y la situación concreta en la que estamos, estimulantes naturales. De hecho, se convierten en el preámbulo perfecto para la relación sexual, o nos hacen pensar cuánto nos desea el otro en un momento determinado en el que por el lugar, o por el tiempo, no se va a poder tener una relación plena. Es decir, nos dejan también con las ganas y con ese pensamiento de querer estar en la intimidad con esa persona tan pronto como sea posible.

Dorothy Lamar

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