La única pastilla efectiva contra la calvicie plantea un dilema cruel

¿Tener pelo o erecciones?

Ya hay quien habla de un síndrome asociado a su consumo y algunos especialistas están contra ella: “Deben retirarla inmediatamente”.
A principios de 2017, el médico personal de Donald Trump confesó que el presidente de EEUU acostumbra a tomar una pastilla diaria para combatir la caída de su icónica cabellera. El fármaco se llama Propecia. Y le ha ido genial.

El doctor Harold Bornstein no hizo sino visibilizar el único remedio efectivo contra la alopecia androgénica, un tratamiento dividido en dosis de un miligramo que actúa directamente sobre la testosterona. La Propecia era un secreto a voces para muchos hombres asomados al abismo de un futuro sin pelo.

¿Cuántos? Según el reporte de ventas emitido por el laboratorio Merck Sharp & Dohme, la pastilla anticalvicie recaudó en 2015 un total de 183 millones de dólares, lo cual se traduce en 658.000 pacientes anuales. Pero no es todo. En 2013, el laboratorio MSD perdió la patente exclusiva de la finasterida –principio activo de la Propecia– y el producto genérico salió al mercado bajo diversos nombres. IMS Health señala que sólo en 2014 se prescribieron 1,2 millones de recetas de la pastilla rosa.

Se habría vendido más de no ser por los dos condicionantes que recortan su popularidad. Primero: no se trata de un medicamento infalible y eso queda claro con un simple vistazo alrededor: el paisaje de calvos sigue en su sitio. La pastilla congela la caída, pero no siembra pelo en una cabeza yerma.

Sólo en 2014 se prescribieron 1,2 millones de recetas de la pastilla rosa.

El segundo tiene que ver con las contraindicaciones. En 1992, la FDA (agencia de control norteamericana) aprobó un fármaco llamado Proscar destinado a controlar el agrandamiento de la próstata; sin embargo, algunos pacientes notaron que les crecía más pelo de lo habitual, de modo que, tras los pertinentes ensayos clínicos, el laboratorio MSD rebajó la dosis de 5 a 1 miligramos y empezó a venderla (en 1997) como tratamiento contra la calvicie.

Fue una jugada maestra, aprovecharon un efecto secundario para ampliar su negocio. Hasta que, de repente, el tratamiento se empezó a torcer. Con los años, muchos usuarios han ido manifestando una sintomatología severa asociada a la finasterida. Problemas relacionados con la esfera sexual, pero no solo eso. En mayo de este año el Ministerio de Salud británico alertó de un número inusual de depresiones entre los pacientes que consumían la pastilla. En octubre, la agencia de medicamentos francesa habló incluso de pensamientos suicidas.

Lo que sigue son tres casos de pacientes que han sufrido los temidos efectos adversos del anticaída popularizado por Trump.

David: “Tomé finasterida durante 10 meses y la dejé porque noté como empezaba a tener dificultades para mantener una erección. Después, con el tiempo, me di cuenta de que me era imposible: me había vuelto impotente en cuestión de meses”.

Sergio: “A los dos años de tomar Propecia empecé a notar que me costaba mucho concentrarme. También sufrí apatía, ansiedad y brain frog (neblina cerebral). En cuanto dejé la pastilla empecé a perder pelo y ahora estoy casi calvo por completo”.

Víctor: “A los 19 años comencé a tomar finasterida tal y como me recetó la dermatóloga, 1mg diario; estuve con ella varias semanas. Desde la primera empecé a perder el apetito sexual. Además recuerdo un dolor testicular insufrible y eyaculaciones tan líquidas que parecían agua. Eso me asustó“.

Los síntomas descritos se agrupan bajo una enfermedad bautizada “Sindrome Post-Finasterida”, para la que ya hay una fundación consultiva, la PSF Foundation. Surgió después de que el hijo de su principal impulsor se suicidara movido por –dice– la depresión que le causó la Propecia. Desde entonces, la PSF recauda fondos para financiar terapias efectivas contra el síndrome de la pastilla rosa.

Una pastilla, no olvidemos, avalada por la FDA. ¿De verdad se puede hablar de síndrome? Según Philip Roberts –defensor del paciente en la PFS Foundation– hasta hace días la base de datos de reacciones adversas a fármacos de la OMS contenía 13.674 quejas por finasterida, incluidos 2.408 informes de disfunción eréctil y 2.867 trastornos psiquiátricos (con 52 suicidios consumados y 29 intentos de suicidio).

A la vista de estos números, Philip Roberts esboza una solución radical: “La Propecia nunca debió haber sido aprobada por la FDA. 20 años después de salir al mercado numerosos estudios han demostrado que, en un subconjunto de pacientes, la finasterida puede tener un impacto devastador a largo plazo, cuando no permanente. El fármaco debe retirarse del mercado inmediatamente”.

“La Propecia nunca debió haber sido aprobada por la FDA”

Frente al juicio de la PFS Foundation se sitúa la comunidad dermatológica, en general partidaria de la pastilla contra la calvicie. Según la especialista Cristina Eguren los efectos adversos han sido sobredimensionados por medios y foreros que efectivamente han podido sufrir dichos problemas. De hecho, el prospecto de la medicina incluye desde 2011 estos efectos: disfunción eréctil, depresión y pensamientos suicidas.

Nadie cuestiona el daño. Se cuestiona la frecuencia y la intensidad. “Menos del 2% de pacientes sufren estos síntomas”, afirma Eguren, que rescata para demostrarlo un metaanálisis con 17.400 participantes: unos tomaron finasterida y otros placebo; cuando se levantó el doble ciego quedó en evidencia que el porcentaje de disfunción eréctil era prácticamente similar.

Pero el estudio no convence a los afectados por una sencilla razón: la muestra. Los participantes tenían una media de 60 años, los pacientes con efectos secundarios no suelen pasar de los 40. Al final sólo queda ruido e indignación. Habla Rodrigo, un exconsumidor de finasterida: “Hay médicos que rechazan los efectos de manera dogmática, y es una canallada porque la gente va jodida a la consulta y encima sale culpabilizada. Nos dicen que todo está en nuestra cabeza, que es sugestión; pero yo tuve esos efectos concretos sin haber leído nada sobre ellos”.

¿Hay más sugestión o más culpabilización? Al hacer recuento lo único cierto es que la Propecia tiene efectos secundarios, de eso no cabe duda. Al menos en un 2%, los hombres que la toman sufren disfunción eréctil. Además se exponen a un cúmulo de contraindicaciones inciertas y MSD se cubre las espaldas declarando que ya “informa de esos eventos”.

Ahora la gran pregunta: ¿es realmente tan nociva? De momento solo hay un cruce de estudios endebles y un debate disputado en un terreno desnivelado, con el gigante MSD patrocinando investigaciones favorables y la fundación PFS sumando fondos por goteo para financiar contrainformes. De demostrarse los últimos, la Propecia plantearía el dilema atroz de tener que elegir entre: pelo o libido, pelo o erecciones, pelo o bienestar emocional y, finalmente, pelo o vida.

La Propecia sería una ruleta rusa. Y Trump estaría apostando en ella.

 

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