Lágrimas mata pasiones

* “Di que vienes de allá, de un mundo raro, que no sabes llorar”, dice la canción de José Alfredo Jiménez. En efecto, todos conocemos las lágrimas y estamos habituados a ellas, pero, ¿sabía que las lágrimas femeninas podrían contener una señal química que reduce los niveles de testosterona y excitación sexual en los hombres?

Cuán equivocados están quienes piensan que todas son igualitas, al calco, pues. ¡Ja! ¡Hasta en eso las mujeres marcamos la diferencia! Algunas se “incuban” lenta y divinamente, algunas rocían los ojos y se deslizan por el párpado hasta descender con exquisita suavidad por la mejilla. Otras, embravecidas, enrojecidas se mantienen en su sitio, se niegan a salir, sirven de alimento a esa mirada de odio por el sentimiento que las provocó. Unas son de alborotada alegría y otras de absoluta tristeza; unas son de melancolía y otras de puro dolor. Sí, existen muchos tipos de lágrimas. Peeeeeero hay unas diferentes a todas. ¡Son las lágrimas de plomo! No se anuncian, son densas, espesas, caen rectas, una detrás de la otra, con tanta fuerza que muchas nos tocan las mejillas, siguen de largo y cuando las tocan, no se detienen, ¡son demasiado pesadas! Son las provocadas por una angustia existencial inconmensurable y un profundo dolor; una gran angustia, la del sin sentido, la que no se puede compartir.

Juegan un papel importante en nuestra salud

Aunque básicamente el lagrimeo tiene la función de proteger al ojo, nadie se opone al hecho de que estas secreciones constituyen una forma de expresión universal del género humano, siendo una de las más distintivas. Hasta donde sabemos, ningún otro ser es capaz de expresar así sus emociones, y aunque las razones para que esto ocurra siguen siendo un misterio, poco a poco se van revelando gracias a distintos estudios científicos. Lo invitamos a descubrir lo que las ciencias de la salud tienen qué decir sobre esta peculiar condición, su evolución y significado dentro de la sociedad humana.

Según una reciente investigación, el llorar poco puede tener una influencia negativa en nuestra salud.  Sucede que  al margen de la descarga emocional que representa el llanto, su evidencia física más notable, las lágrimas juegan un importante papel en nuestra salud.

Hay dos clases de lágrimas: 1. La automática, que cumple una función mecánica porque lubrica el globo ocular, resulta indispensable para la protección de la córnea. 2. La conjuntiva, y para su secreción no se necesita ningún estímulo consciente.  En el caso de aquellas que brotan por el llanto, las risas o las cebollas, la historia es diferente. Un estudio endocrinológico llevado a cabo en Israel, demuestra que estas lágrimas tienen una composición química diferente de las automáticas. Se descubrió que contienen una gran cantidad de adrenalina, una hormona relacionada con la excitación nerviosa, que conviene descargar periódicamente.  De esto se desprende que llorar de vez en cuando es un ejercicio saludable para nuestro organismo. No es casual, entonces, que luego de una crisis de llanto el cuerpo experimenta una sensación de bienestar ya que junto con las lágrimas se afloja la tensión nerviosa.

Déjenme si estoy llorando

Uno de los primeros científicos que trató de dar respuesta fue el británico Charles Darwin (1809-1882), creador de la Teoría de la Evolución de las Especies, quien consideraba que los niños gritan para pedir ayuda tal como hacen las crías de otros animales, pero al prolongar sus gritos como ninguna otra especie lo hace, generan mayor irrigación sanguínea en las glándulas lagrimales y contracciones musculares que estimulan el llanto; a raíz de esto, los nervios se acostumbran y provocan lagrimeo cada vez que hay sufrimiento. Sin embargo, esta teoría perdió vigencia conforme se comprobó que el fenómeno circulatorio observado por Darwin es más intenso en las glándulas que producen saliva que en las que generan lágrimas; claro está, todo mundo sabe que no salivamos copiosamente para expresar rabia, felicidad extrema o sufrimiento.

Otro eminente científico que se ocupó del tema fue el austriaco y padre del psicoanálisis, Sigmund Freud (1856-1939), para quien el sollozo ejerce la función de liberar emociones. En efecto, esta interpretación ha sido más aceptada e incluso comprobada por investigaciones como la realizada en la Universidad Johns Hopkins (Estados Unidos), que encontró relación entre contener el llanto y la aparición de trastornos generados por estrés, como úlcera intestinal y asma. Además, este mismo trabajo demostró que los individuos que no manifiestan sus sentimientos y se sienten solos son más propensos a experimentar angustia y tensiones internas, y tienen 16 veces más posibilidades de sufrir cáncer que quienes se caracterizan por su expresividad. Otros estudios han revelado que quienes contienen sus sentimientos alteran el buen funcionamiento de su sistema inmunológico (protege de enfermedades) debido al alto nivel de ansiedad que guardan.

Así, es probable que el llanto emocional sirva para hacer frente a enfermedades psicosomáticas (de origen mental) y no sólo una manera de eliminar toxinas, mantener humedad en nariz y garganta o el recuerdo en nuestra memoria remota del humo con que cocinaban nuestros ancestros, tal y como han sostenido otras hipótesis. En todo caso, y no es difícil concordar con este pensamiento, el lagrimeo es una forma de expresión humana que al externar emociones crea alivio, así como ocurre con el habla.

Yendo más lejos, y en combinación con trabajos de Antropología, hay investigadores que sostienen que el sollozo emocional pudo surgir hace 25 o 50 mil años, justo en la misma época que el lenguaje facial o de gestos. Esto porque, dicen los especialistas, al hombre primitivo le faltaban músculos en la cara para expresar toda su gama de emociones (ira, amor, sospecha, enfado, rencor, vergüenza, timidez) y por ello tuvo que recurrir a otros medios para darse a entender, como las lágrimas.

Por cierto, eso de que los hombres no lloran no es verdad, pues a pesar de que las mujeres son más expresivas y derraman hasta cuatro veces más lágrimas, los varones tienen una forma peculiar y discreta de manifestarse y de la cual no son conscientes en la gran mayoría de casos: sienten que se les forma un nudo en la garganta, se les humedecen los ojos y de inmediato detienen el gesto. Así, haciendo a un lado esta diferencia de “estilos”, diversos investigadores han concluido que a ellas les da por sollozar tres veces por semana, en tanto que a ellos poco más de dos.

Lágrimas femeninas Ko.

Excitación masculina

Investigadores del Instituto Weizmann de Ciencias, liderados por la científica Shani Gelstein, sugieren que las lágrimas de las mujeres podrían contener una señal química que reduce los niveles de testosterona y excitación sexual en los hombres. “La importancia funcional de este tipo de lágrimas, que creemos que son únicamente humanas, han desconcertado a biólogos durante años. En ratones, las lágrimas contienen compuestos químicos específicos que transmiten señales a otros ratones que las ‘huelen’”, explican los expertos.

Para el estudio, que publica la revista Science, los investigadores recogieron las lágrimas de mujeres que lloraron con una película triste, junto con una solución salina y se las expusieron a un grupo voluntario de varones para que oliera dichas gotas y posteriormente observara fotografías de mujeres. “Ellos manifestaron que las lágrimas no tenían olor. Sin embargo, los  que las olieron fueron más proclives a considerar a mujeres en fotografías menos atractivas sexualmente que aquellos que olieron la solución salina”, aseguran los expertos.

El experimento fue doblemente oculto, es decir, ni los hombres ni el investigador que entregó los líquidos sabía si estaban recibiendo lágrimas o solución salina. “Los varones que olieron las lágrimas también experimentaron bajadas en sus niveles de excitación fisiológica y testosterona salival. Además, los que olieron las lágrimas y luego vieron una película triste dentro de una máquina de imágenes por resonancia magnética funcional, mostraron menos actividad en las partes del cerebro típicamente asociadas con excitación sexual”, apunta el estudio.

Pese a que el estudio no investiga las lágrimas recolectadas de hombres, los investigadores especulan que las lágrimas de varones (y posiblemente las lágrimas de niños) podrían contener quimioseñales similares.

Dorothy Lambert

 

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