Las diferencias entre José Gregorio Hernández y Carmen Elena Rendiles

¿Cierto o falso que la beata Carmen Elena Rendiles es tía del empresario Gustavo Cisneros Rendiles? Sí es cierto, la religiosa es hermana de Albertina Rendiles Martínez, madre de la prole Cisneros Rendiles. Ahora bien, ¿cuál es el problema de que sea familia de la poderosa familia?, particularmente pienso que ninguno; sólo que una vez más continúan muchas dudas sobre el esquema seguido por la jerarquía eclesiástica para la beatificación; de acuerdo a la curia romana éste se fundamenta sobre los milagros que se le atribuyan al candidato a ser beatificado (primer escalón para ser canonizado), una cuestión sin sentido sostenida desde tiempos inmemoriales. Sin justificación pues la doctrina cristiana se fundamenta sobre la solidaridad y la vocación de entrega por el prójimo; sin embargo, siempre se hizo gala de sus milagros para enaltecer a Jesús, dejando en un segundo plano su apego a la causa de los oprimidos. Partiendo de la verdadera proyección cristiana, el contrapeso de la monja beata venezolana está representado en la figura de José Gregorio Hernández (un franciscano seglar reconocido por su vocación y entrega a los más necesitados). Por las callejuelas de los pueblos olvidados, al emblemático Médico de los Pobres le endosan innumerables milagros de curación a favor de quienes, en su momento, fueron desplazados por la medicina terrenal. Llama la atención que mientras oculta los milagros de José Gregorio, la jerarquía católica nada dice de los interminables testimonios de los curados por el ilustre y venerado científico. Casualmente, en el caso de la religiosa de las Siervas de Jesús de Venezuela sí aparecieron con prontitud. La beatificación de Carmen Elena Rendiles ocurre en un marco político. El acto es celebrado ceremonialmente por lo más reaccionario de prelados católicos, quienes se aprestan a hacer de la convocatoria de mañana sábado una cruzada contra el Gobierno, ese que la Conferencia Episcopal Venezolana no vacila en rechazar. Ahora bien, pongamos el caso que Hernández Cisneros (último apellido del médico que, por coincidencia, al unirlo al primero de la beata conforman los dos apellidos del potentado que desde el punto de vista económico ha impulsado la beatificación de su tía), despierta la curiosidad que sus dotes milagrosos no convenzan a los mortales que deciden quién es y quién no es santo; vale decir que de no conocerse los milagros de Jesús de Nazaret, éste no sería ahora el hijo de Dios hecho hombre. ¿Qué vale más, la curación no explicada, o la solidaridad y entrega a la causa de los más necesitados? No hay seres entre los pobres de Venezuela que no le den su respaldo a José Gregorio Hernández. El médico nuestro no necesita de la autorización vaticana para ser reconocido como santo, como lo son también todos aquellos que dedican su vida a la causa de los desamparados: Aprendan a hacer el bien, esfuércense en hacer lo que es justo, ayuden al oprimido, hagan justicia al huérfano, defiendan los derechos de la viuda. Isaías 1:17. Para ser el Médico de los Pobres, José Gregorio Hernández no precisa de la buena pro de los nuevos sumos sacerdotes que han tomado por asalto a la Conferencia Episcopal Venezolana. Ellos han puesto en boga la especie perniciosa según la cual José Gregorio no es beato porque es venerado en los altares de las creencias populares; pues bien, si esa fuera la causa que le impide al Vaticano beatificarlo, entonces ni Santa Bárbara sería santa, ni la Virgen María sería la madre de Dios, y así muchas otras deidades que el pueblo escoge para comentarle sus cuitas en su rosario de peticiones. La prontitud en la beatificación de la fundadora de la Congregación de las Siervas de Jesús de Venezuela, hace presumir que la mano de su sobrino empresario le proporcionó a la élite episcopal las gratificaciones que le permite su humanidad millonaria, como manera de condonar su falta de ser cristiano. Entonces, gracias a la Providencia, José Gregorio Hernández no tiene quien lo financie. Los ilustrísimos de la Curia Romana me hacen recordar a Huasipungo, la novela de Jorge Icaza: El indígena era rebajado hasta su mínima expresión, el cura cobraba fuertes sumas de dinero para celebrar misas, y para los entierros engañaba a los indios diciéndoles que si no pagaban, sus seres queridos irían al infierno. Pretender que son distintos tanto el Siervo de Dios como la madre Carmen Elena, es un embuste clerical porque ambos son ejemplos de bondad y entrega, por ello esa profundidad cristiana no puede ser distorsionada. Me pregunto: ¿Cobró la jerarquía vaticana para beatificar a la religiosa Rendiles? Me planteo la interrogante porque no podemos ignorar que, entre la curación de Trinette Durán de Branger (atribuida a Carmen Elena) y la sanación de Dioscelina Sánchez (concedida a José Gregorio) existe una sola diferencia, y ella es la condición social, la primera procede de un sector acomodado y la segunda es de origen popular. Hasta allí han llegado los segregacionistas religiosos en su afán de decretar por separados a los santos (para todos los gustos, para ricos y pobres). ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!, porque cerráis el reino de los cielos delante de los hombres; pues ni entráis vosotros, ni dejáis entrar a los que están entrando. ¡José Gregorio, Beato ya!

Miguel Salazar

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