Las Verdades de Miguel – 655





MI COMENTARIO DE LA SEMANA. En principio el siguiente editorial tenía una finalidad por partida doble: la primera referirme a los 14 años de este semanario, cuyo viaje, aún corto, se inició el 26 de marzo de 2004. Sin que nos percatáramos nacimos el día que se cumplieron 192 años del terremoto de Caracas (1812), ello nos hizo pensar en producir el cataclismo necesario en el desgastado periodismo venezolano. El otro objetivo de estas líneas quise centrarlo en la realidad nacional alejándome en lo posible de convertirme en portador de malas noticias. Lo primero, si no fue un movimiento telúrico de las consecuencias que esperaba, sí sirvió al menos para hacernos sentir en un país ávido de información veraz y oportuna. En lo segundo no puedo evitar encontrarme en esa frontera donde la vida acostumbrada está en pleno maridaje con las malas noticias.

Quiero pues extenderme en este tema; sin embargo, qué tal si transcribimos oportunamente algunos principios que me hicieron ser optimista con la presencia de Chávez en Miraflores; ideas sobre las cuales se fundaron nuestras esperanzas de un país mejor y de futuro promisorio, que en definitiva son comunes en las querencias de nuestro amadísimo pueblo.

Comenzaré por la meta que se diluyó en una contrahecha imagen de país potencia. Les diré que más que ningún engrandecimiento de Venezuela quiero un país donde, sin supresión posible, podamos convivir inclusive con las diferencias ideológicas; se trata pues de cohabitar sencillamente, sin aspavientos de otra índole. Donde todo cambio de ruta sea expresado libremente a través del sufragio directo, secreto y universal. Por encima de todo se debe respetar el derecho que tenemos todos de elegir el tipo de gobierno bajo el cual queremos vivir, al tiempo que se hace imprescindible reedificar los derechos independientes y la libertad de todos, inclusive de aquellos sometidos a cautiverio por circunstancias adversas.

Revisemos el proceso revolucionario. Nacimos para ser incluyentes y nunca excluyentes. La historia ha demostrado que el socialismo conducido por el proletariado es un mito, sobre todo cuando repasamos cada revolución en el mundo y caemos en cuenta que todas sin excepción han sido dirigidas por las pequeñas burguesías de las regiones donde se dieron. Por lo tanto todas contrarían el llamado poder obrero, incluso las incompatibilidades se manifiestan con el propio manifiesto comunista, el cual fue escrito por dos personajes de la pequeña burguesía alemana. En el caso venezolano es elocuente que Nicolás Maduro no encaja en el concepto de proletario porque su devenir laboral estuvo enmarcado en el área de los servicios.

Nosotros debemos tener un Gobierno que garantice la posibilidad de acceso en condiciones de igualdad al comercio y a las materias primas necesarias para la bonanza económica de cualquier país. Bajo ese precepto se afirman las mejoras de los escenarios de empleo, el adelanto económico y la necesarísima protección social. Nuestro perfil debe establecerse sobre la convivencia que nos permita a todos vivir con seguridad en el interior de la propia Venezuela, sin la presencia del miedo y una verdadera erradicación de la pobreza, tras una política cónsona con la superación del rancho tanto físico como mental. Si nos deslastramos de la inseguridad el futuro será brillante sin necesidad de alardear de país potencia.

Estamos obligados a revisar las estructuras militares, porque el mundo moderno requiere antes que las razones de fuerza, las de orden espiritual. El presupuesto militar no puede ser como hasta ahora superior a los recursos destinados para la educación y la salud. Ciertamente, estamos amenazados por agresiones externas, pero no podemos perder las perspectivas y hacerles el juego a los perros de la guerra. Es una grosera contradicción tener armamentos de última generación y mantener una visión rural de la salubridad. Si podemos superar las amplias fisuras de nuestra escolaridad, entonces estaremos dando un paso firme hacia un sistema de seguridad general, amplio y permanente, donde el respeto por la vida sea fundamental el desarme de tales naciones es esencial. Igualmente, donde la violencia deje de ser un hecho cotidiano.

No comparto la reelección presidencial. No es sano eternizarse en el poder. Nadie puede sentirse indispensable, de caer en esa tentación estaría abonando el camino de los totalitarios. Le temo a cualquier disposición absolutista porque no quiero escribir una carta anticipándome a mi fusilamiento. Siempre cuando puedo releo párrafos de una carta de Fiódor Dostoievski enviada a su hermano: Hoy, 22 de diciembre, nos han llevado al campo de tiro de Semionov. Una vez allí nos han leído a todos la sentencia de muerte, nos han dicho que besáramos la Cruz, nos han partido las espadas en la cabeza y nos han permitido lavarnos por última vez (camisas blancas). Luego han atado a un poste a tres de los nuestros para ejecutarlos. Yo era el sexto. Terrible narración. En Venezuela debemos descartar cualquier intención totalitaria porque ella abriría las puertas a los campos de concentración.

Se hace necesario revisar la situación de los poderes públicos y preguntarnos si realmente son autónomos entre sí. Pienso que una de las razones de ese manto de impunidad que protege a la corrupción tiene que ver, entre otras, con la profusión de la práctica del tráfico de influencias. Tampoco es un secreto que la corrupción ha penetrado en todo el cuerpo de la república. ¿Qué hacer? Me parece que las últimas actuaciones de la FGR desentrañando el bandidaje y el saqueo de los cuales ha sido víctima la industria petrolera, están en el sentido correcto. Aunque tengo mis dudas acerca de la acción positiva de la justicia. Mis recelos se fundamentan en que buena parte del alto funcionariado está comprometido en el dolo, por lo que en cualquier momento esos expedientes pueden ir a dar a un archivo “refrigerante”. Las investigaciones de la FGR sobre los petroleros merecen y requieren de mucha atención. La corrupción es una bomba extremadamente poderosa, y puede destruir la patria desde sus cimientos. Debemos evitar una reacción en cadena. La FGR está en la obligación de mantener informada a la ciudadanía acerca de sus actuaciones.

En cuanto a la situación económica se hace imperativo no desinformar al país, sobre todo hoy cuando millones de compatriotas viven con el temor constante de no tener con qué comer mañana. La presencia de esta desconfianza y la posibilidad de morir a manos de la inseguridad reinante, genera una población sumergida en la desesperanza. Siento que escribo en nombre de esos millones de compatriotas desguarnecidos ante la crisis, todos ellos saben que cualquier bolsa de comida o prebenda del Estado no va a mejorar su situación, sobre todo porque el Gobierno termina limitando el descontento al silencio.

Me pregunto si acaso somos rehenes de una fatalidad. Es evidente que la dirigencia revolucionaria no se ha percatado que tiene el poder para liberar a Venezuela de la bancarrota próxima. Ella tiene la responsabilidad de que los venezolanos se sientan seguros de un cambio y que sus temores terminen. La patria se está moviendo desplazándose hacia el momento en que esta situación termine en una catástrofe, a menos que se encuentre una forma más legítima de conducirnos. El presidente Nicolás Maduro ha repetido que toda su política está orientada por la paz y el amor, si eso es verdad entonces no habrá necesidad de un enfrentamiento. Que el jefe del Estado no solamente cumpla su palabra, sino como la mujer de César tiene que parecer la mujer de César. Hago este planteamiento no por miedo ni por debilidad, sino por la fuerza espiritual que me hace ser la voz del pueblo. Todavía estamos a tiempo de resolver los problemas, más con hechos que conversando.

Políticamente hace falta un relajamiento aunque sea circunstancial porque considero oportuno este editorial. Hay que tranquilizar al país en lo político y económico, de tal manera de atender los problemas sociales sin esperar que se calienten las calles, situación que podría obligar al Gobierno a hacer uso de medios no pacíficos. No nos llamemos a engaño sobre los éxitos electorales de los últimos meses, porque de continuar el desplome económico y moral del país incidirá en el flujo de los sucesos, lo cual haría inevitable la temida y tantas veces anunciada explosión social. Si ella ocurre, entonces será inevitable que el país en su conjunto participe en su ruina común, parece inevitable que gran parte del mundo participe en la ruina común. Todos, absolutamente todos vamos a sufrir las consecuencias.

Ojala no se mal interprete la sinceridad de este editorial, y por ello en esta hora decisiva, hago garante a la dirigencia revolucionaria del destino de nuestro país en los próximos meses. La historia la hará responsable por nuestra existencia como república. Compatriotas, como decía el Che, seamos realistas, exijamos lo imposible. Hago votos por una Navidad de reflexión. Feliz año 2018.






2 comentarios sobre “Las Verdades de Miguel – 655

  • el enero 26, 2018 a las 5:41 am
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    Miguel, te felicito por esta manera de estar al dia informado y conocer lis acontecimientos futuros y facil de leer..exitos

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  • el marzo 3, 2018 a las 12:42 pm
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    Nunca he leido tu revista por desconocimiento de la misma. Varios de mis amigos me informaron que es muy buena. Me recomendaron su lectura…..

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