Las Verdades desde Trafalgar Square

¿Que ha pasado con Brexit las últimas semanas? La lucha contra el antisemitismo es la primicia de la semana y el objetivo parece ser de desacreditar el partido laborista, el partido de la oposición en el Reino Unido (UK) y para afinar más, socavar la credibilidad del líder de la oposición, Jeremy Corbyn.

Quiero resaltar la arrogancia, lo llamaría así, de Ben Wallace, ministro encargado de la seguridad nacional. Salió en la prensa burlándose de Corbyn diciendo que el número de personas encomendados con los detalles más sensitivos del caso del agente doble ruso envenenado deben ser limitadas para no poner en peligro las vidas de agentes de inteligencia. Y por eso, insiste, no le dieron más información al líder de la oposición. El ministro insinuó que la información clasificada pudiera se pudiera fugar. Por supuesto, el partido laborista reaccionó con furia. A propósito, Wallace culmina su gesto de desprecio… “Corbyn no es primer ministro y no es responsable de proteger el país en ese momento… “espero que nunca sea por la seguridad de este país.”

Grafitti caliente

El líder del partido laborista se encontró en medio de otro huracán político tildándole de alcahuete de descargas de antisemitismo dentro de su mismo partido. La acusación se originó con el descubrimiento de un comentario de Corbyn varios años atrás en su Facebook, solidario con un artista cuyo mural iba a ser borrado. El mural muestra a banqueros judíos jugando al Monopolio a espaldas de los pobres. Corbyn se defendió sosteniendo que no se fijaba bien en la pintura como tal sino atacó la amenaza de retirar la pintura. Miembros laboristas de parlamento (MPs) reaccionaron criticando a su líder y varios miembros judíos del partido renunciaron alegando que el antisemitismo sigue vivo. La comunidad judía de UK organizó una manifestación en Trafalgar Square con el eslogan: ¡Basta! Una manifestación insólita ya que los judíos en el pasado han preferido mantener un perfil bajo.

Howard Jacobson, un escritor influyente narra su experiencia en The Guardian de ser judío en el Reino Unido y no es religioso. Cuenta de las diferencias entre su generación y la de sus padres por quienes las memorias de atropellos de judíos en Europa oriental y el holocausto aún resuenan. A él le enseñaron a ser ciudadano de este país y de estar orgulloso de su herencia. Relata que como muchacho había muy poco en el discurso nacional británico para causar molestias raciales hasta que llegara el Estado de Israel. Recuerda que la izquierda británica abrazaba el nuevo Estado por el “socialismo en acción” de los kibutz, pero que la Guerra de Seis Días cambió todo: Israel se convirtió en una fuerza ocupante, quisiera o no. El cariño se convirtió en odio virulento por parte de la izquierda británica y alteró el sentido de ser judío en este país. Su conclusión personal es que hoy día el Reino Unido es un país donde se puede vivir como un judío pero es como vivir en la “sombra de un enemigo escondido”. Para un judío que alberga una alianza tradicional con el partido laborista y que ha criticado al Estado israelí es un insulto acusar a los judíos britanicos de manipular el antisemitismo para desviar la atención de Israel.

De los años 60 recuerdo otro judío de izquierda, Arnold Wesker, dramaturgo famoso por su trilogía sobre una familia judía pobre y su participación en la famosa “Batalla de la Calle Cable”, en el este de Londres, en contra de una marcha de los nazis británicos por el sector de los judíos en los años 30. El padre de Jacobsen participó en la manifestación antifascista de la calle Cable.

Batalla de la calle Cable

Durante esta revisión interna del partido laborista se juega una serie de corrientes. Los medios del establecimiento equivalen o borran la distinción real entre ser antisemítico y ser antisionista, entre ser antijudío y antiIsrael por su política de apartheid contra los palestinos. Otra cosa que dificulta el debate interno es que para muchos judíos en UK se ha diluido esta distinción y la mentalidad parece ser: aunque se puede criticar a Israel, por lo menos aquella patria les garantiza a los judíos britanicos un lugar donde huir si un día les llegue la persecución acá.

Como señalé en otras oportunidades el lobby israelí es poderoso en UK pero también es la influencia creciente de sectores musulmanes que ninguno de los medios ha querido tratar en este caso. El partido laborista cuenta con parlamentarios musulmanes representando a circunscripciones de mayoría musulmana y se nota que a veces ellos tampoco hacen diferencia de identidades expresando sesgos antisemíticos.

Por lo tanto, a Jeremy Corbyn que, sin duda alguna, no es antisemítico le queda la tarea de poner orden en casa frenando el antisemitismo de sectores musulmanes y de sectores blancos que niegan el holocausto. Sin olvidar la mano de Israel moviendo hilos dentro y fuera del partido para impedir el ascenso de Jeremy Corbyn como el próximo primer ministro de UK.

Patrick O´donoghue

Patrick.vheadine@gmail.com

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