Las Verdades desde Trafalgar Square

¿Fin de la Iglesia católica en Irlanda? La aplastante victoria de los que dijeron YES a la anulación de la octava enmienda de la constitución fue el último clavo en el ataúd de la influencia dominante de los obispos y clero desde la fundación del estado. La octava enmienda consagró el derecho de vida tanto de la madre como del niño no nacido, o sea mantuvo la prohibición del aborto en el país. El último referéndum sobre el aborto fue en 1983 cuando el voto NO ganó y se creó la octava enmienda.

Esta campaña fue muy amarga y agresiva y se vio muchos irlandeses jóvenes regresando a Irlanda en olas para apoyar el YES tal como lo hicieron para apoyar el voto el año pasado para permitir el matrimonio del mismo sexo.

La publicidad adversa e ira contra la política oficial de aborto impulsó el movimiento para anular la enmienda cuando en 2012 una dentista de la India trabajando en Irlanda murió de sepsia después de que los médicos le negaron un aborto después de que sufrió un aborto espontaneo. La razón que dieron los médicos que no quisieron operar fue que Irlanda es un país católico.

Un poco de historia y de la influencia de los curas: en 1971 se prohibió la venta o importación de contraceptivos hasta 1985. Las Mujeres en Irlanda del Sur tenían que viajar al Reino Unido (UK) para tener un aborto sin riesgos a su salud o conseguir pastillas. El ambiente social en Irlanda era tal que dar a luz a un niño fuera del matrimonio significaba un estigma social para ella y la familia; para muchas mujeres emigrar a UK fue la respuesta.

Ahora el Gobierno de Irlanda tiene que introducir legislación permitiendo el aborto de hasta 12 semanas de gestación poniendo a Irlanda en línea con la mayoría de las naciones de Europa.

La reacción de la Iglesia es de tristeza e insistencia que el derecho del niño a la vida es inviolable. Un obispo insistió en que el rol del cura célibe es de “escuchar” a la gente pero la verdad es que el clero en el pasado no escuchaba a la gente y, con la anuencia del Estado, metieron niños nacidos fuera del matrimonio en orfanatos donde fueron adoptados o criados. A las madres “pecadoras” las metían a vivir y trabajar en lavanderías manejadas por las monjas. El trato hacia ellas y los niños era cuestionable. Pero no es el fin del catolicismo sino de una forma de imponer la religión bajo una alianza perversa con el Estado.

Ahora las activistas victoriosas buscan cambiar la ley antiaborto en Irlanda del Norte (que es diferente de la ley de la Gran Bretaña); enfrentan la oposición cerrada del protestantismo evangélico y del Partido Democrático Unionista. El problema es que como no hay Asamblea Legislativa todo dependerá del Parlamento británico.

Ministra Catherine Noakes

Hablando de Irlanda del Norte y la unión con Gran Bretaña. Y Brexit. The Irish Times publicó un informe con la ministra británica encargada de inmigración que demuestra su ignorancia y falta de preparación. Catherine Noakes, la ministra, apareció frente a un comité parlamentario investigando los procesos existentes de pasaportes. Algunos miembros del comité señalaron una anomalía de cómo los dos gobiernos (Irlanda del Sur y Reino Unido) administran la doble nacionalidad bajo los términos del Acuerdo de Belfast. El acuerdo estipula que la gente de Irlanda del Norte puede identificarse y ser aceptados como irlandeses o británicos o ambos. Un residente del norte buscando ciudadanía irlandesa podría ejercer el derecho pagando 89,50 euros, pero una persona residente en Irlanda del Norte que nació en el sur después de 1949 sólo puede ejercer su derecho a un pasaporte británico completando un proceso de naturalización complejo y completo y pagando unas 1.330 libras (€1.517).

La ministra no podía entender la anomalía y tampoco sabe cuántas personas están afectadas por la anomalía; dijo que sus oficiales deberían saber. Un miembro laborista preguntó a la ministra si no sería mejor una paridad de precios a la cual la ministra contestó que aquellos ciudadanos buscando ciudadanía británica podrían pasar por el mismo proceso de naturalización que nacionales de países terceros. La laborista expresó asombro y preguntó si la ministra había leído algo de la historia irlandesa; la respuesta, “últimamente no”. A propósito, aun para gente que posee el pasaporte británico de “sujeto” (nacido en Irlanda del Sur antes de la formación de la República), el precio de convertirse en ciudadano es caro.

Otro hueso: en un aviso reclutando 300 oficiales para la fuerza fronteriza (Border Force) por todo UK, se incluyó sólo a ciudadanos británicos. Se retiró el aviso cuando políticos nacionalistas reclamaron que excluyó a residentes del norte que se identifican como irlandeses y que no tienen pasaporte británico; la ministra no pudo explicar el error.

Irlanda sigue un hueso duro de roer para UK y Brexit y la corriente de opinión de que Irlanda “ha socavado” a gobiernos británicos por mucho más de 100 años es común y corriente entre políticos y medios.

Patrick O´donoghue

Patrick.vheadine@gmail.com

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