Las Verdades desde Trafalgar Square

La privatización revisitada: Un pulpo con largos tentáculos muerto en Reino Unido (UK). El pulpo es una compañía que extendió sus tentáculos tanto en el sector privado como en el sector público británico. La semana pasada entró en liquidación sellando un futuro inseguro para los miles de trabajadores y pequeñas y medianas empresas (pymes) subcontratadas por ella. La compañía con nombre sin sentido, Carillon, inició sus andanzas como una simple constructora y se engrandeció para tragar servicios públicos en hospitales, comidas para las escuelas, mantenimiento de unas 50,000 viviendas del Ejército y la mitad de las cárceles e instituciones juveniles.

Entonces se alimentaba con jugosos contratos del Estado y de municipalidades asumiendo responsabilidad por unos 450 contratos financiados por los contribuyentes. Como en el caso de los bancos los defensores de la constructora alegan que era tan grande que no pudo caer y hubo rumores de rescate por parte del gobierno tal como se hizo en el caso de los bancos fallidos en 2008, bancos nacionalizados con la promesa de más tarde revenderlos al sector privado.

En el caso de Carillon, el rol del gobierno ha sido seriamente cuestionado porque a pesar de señales de la compañía peligrando, ministros le regalaron más contratos importantes. Al gobierno lo acusan de ser complaciente y descuidado; aun tres días después de una tercera advertencia de pérdida de ganancias y una caída de su valor el Gobierno le dio un contrato de 12 millones de libras para construir otras escuelas públicas. Resulta además que los directores responsables del fiasco querían seguir gozando de fabulosos salarios y beneficios.

Los periódicos en general concuerdan que lo que pasó con la compañía es una clara demostración de los límites del libre mercado. La revista The New Statesman dice que, como en el caso de los ferrocarriles británicos privatizados, la posición ideológica del Gobierno de tercerizar contratos al sector privado terminó no en eficiencia y menos costos sino al contrario y por lo tanto, es “hora de revisitar esta práctica”.

La crisis de la privatización le presenta al partido laborista una oportunidad de ganar más adeptos a la política de más control estatal y más inversiones por el sector estatal. Vale recordar que el mismo partido de la izquierda con Tony Blair (y su tercer camino) impulsó la entrega de contratos estatales creando más de los llamados pulpos.

Lo cómico de esa desgracia es la afirmación de la primera ministra conservadora, Theresa May durante la sesión de la cámara baja del Parlamento: “preguntas a la primera ministra” que el Gobierno también fue afectado por la liquidación de Carillon porque era “un cliente mas”. Risible. El problema es que son los contribuyentes (pagadores de impuestos) que deben seguir pagando a los trabajadores de Carillón en contratos estatales. Los pymes tendrán que salvarse como puedan.

El fracaso de la política de privatización no es nuevo. Están los casos de una línea de ferrocarriles con problemas; el Gobierno tuvo que meter 2.000 millones de libras esterlinas para mantenerla a flote en vez de nacionalizarla. También recordó la compañía G4S que se comprometió con la seguridad de las Olimpiadas 2012 en Londres, no cumplió y el ejército tuvo que meterse para redondear.

Lo que molesta a los pro-privatizadores son sondeos que indican que alrededor de 80% de los entrevistados están de acuerdo con la renacionalización de los ferrocarriles y servicios públicos de agua, electricidad y gas. Los defensores señalan a Venezuela como consecuencia patente de renacionalización y que un Gobierno laborista bajo Jeremy Corbyn terminaría como la de Hugo Chávez (no mencionan a Maduro): es Chávez.

La política de “privado bueno, público malo” ha fracasado en Reino Unido y se ha convertido en “ganancia privada, perdida pública”. Para mí es una advertencia para la oposición venezolana –si es que volvieran a gobernar– de no buscar una salida fácil pasando propiedades estatales a los pulpos o como se llaman allá los buitres. Como comentó una analista política a los neoliberales británicos: no miren a Venezuela sino al costo político y social que deben afrontar los concejos y municipalidades británicos frente a la ferocidad y doble cara del sector privado.

Lo mismo para los medios internacionales en sus reportajes sobre la Venezuela de hoy. Acepto y he visto el sufrimiento del pueblo en busca de comida barata, la irregularidad de las entregas de los CLAP, caída de los servicios públicos pero hay que balancearlo con la conducta del sector privado y de lo que se podría definir como “lumpen económico” creado por Cadivi y tarjetas “raspadas”. Me cuentan unos familiares de la ultima demanda de los especuladores de cauchos de pedir ¡mitad transferencia-mitad efectivo!

Patrick O´donoghue

Patrick.vheadine@gmail.com

 

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