Los Monjes. 1952. Conflicto entre Venezuela y Colombia

Desde la colonia, la Corona española asoció el Archipiélago de Los Monjes con la península de la Guajira, considerándosele su anexo natural, por lo que el Estado venezolano, heredero de la Capitanía General de Venezuela, lo obtuvo al independizarse. Sin embargo, los progresivos retrocesos en la demarcación fronteriza con Colombia a lo largo del siglo XIX, terminaron ocasionando cierta ambigüedad legal que fue aprovechada por el país vecino. Esto a pesar que desde 1871, bajo el gobierno de Guzmán Blanco, hubo presencia venezolana en las islas, y documentación que la validara.

Para el año de 1944, el Gobierno de Colombia edito una segunda edición de un libro el cual era muy polémico intitulado “Limites de la Republica de Colombia“, en la pagina 110 específicamente dice “Pertenecen también a Colombia las islas y cayos llamados por Monjes y todos las demás islas, islotes cayos, morros y bancos que se hayan próximo a sus costas”, en esa oportunidad Venezuela fue indiferente y no efectuó ningún reclamo. El año de 1951, Venezuela, unilateralmente, adscribe el archipiélago de los Monjes a la Capitanía de Puertos de las Piedras, el año de 1952 la revista oficial “Territorios Nacionales” publica un escrito de un abogado de nombre Hernando Holguín, afirmando que Los Monjes forman parte de Colombia, la Cancillería venezolana emite un comunicado afirmando la soberanía de Venezuela sobre Los monjes, firma el Canciller encargado Rafael Gallegos Medina y lo ratifica el titular Luis Emilio Gómez Ruiz, para esa época el ministro de la Defensa era el coronel Marcos Pérez Jiménez, notifica el comunicado y expresa: “La voz del Canciller es la voz del Gobierno” en vista de la tensión internacional entre ambas repúblicas, el 12 de junio se convocan las reservas de las clases 1950 y 1951. La situación tendió a empeorarse cuando el buque insignia de Colombia “Almirante Padilla” inició unas pruebas de tiro de entrenamiento en la zona contra los islotes de Los Monjes, cuyas prácticas de tiro fueron conducidas por el capitán de navío Jorge Berríos Posada y el Tte de navío Oscar Herrera Rebolledo. El 1 de septiembre la Embajada de Colombia en Caracas, recibe informe de la Dirección de Marina del Estado Mayor Naval de Venezuela donde reportan que el buque de la Armada Colombiana, Almirante Padilla, efectuó varios disparos en contra de dos embarcaciones pesqueras venezolanas, de estos disparos dos hicieron impacto en la isla de Los Monjes del norte.

Esta novedad llegó con retardo al Ministerio de la Defensa; al conocerse la noticia se ordenó inmediatamente una alerta máxima a las instalaciones militares y se reforzó la guarnición de Venezuela en las zona fronteriza con Colombia, se ordeno el despliegue de las corbetas Patria, Federación, Victoria, de la armada venezolana hacia el área de los Monjes, la fuerza naval, transportaba el Batallón Agustín Codazzi y otros efectivos de la Infantería de Marina al mando del capitán de fragata Oscar Ghersy Gómez; por su parte el Escuadrón de Caza Nº 36, dotado de aviones Thunderbolt P-47 comandados por el capitán Alberto Delgado Ontiveros y Néstor Rodríguez, despegando desde Maracaibo del aeropuerto Grano de Oro, a fin de realizar patrullajes en las fronteras y reforzar las unidades de superficie; para estas acciones reciben apoyo de reconocimiento del Escuadrón R-1 al mando del teniente coronel Luciano Sánchez Carreño con aeronaves Beech T-11, se ordenó la incorporación de aviones B-25 los cuales eran plaza del Escuadron B-40 e igualmente los aviones De Havilland Vampire del Escuadron de Caza C-35. Con este inventario se efectuaban los patrullajes y sobre vuelos, cada seis horas. Pérez Jiménez hizo un balance del poder relativo de combate de las fuerzas armadas de Colombia con las nuestras, el cual planteó de la siguiente manera: Colombia poseía dos destructores y 5 fragatas, un mayor número de efectivos terrestres, reservas entrenadas y profesionales bien capacitados. Venezuela disponía de 4 corbetas en mal estado; mayor poder de fuego individual por la dotación de fusiles automáticos livianos (FAL) y una aviación muy superior con “canberras”, “venom” y “vampiros”. Durante los días del ocho al quince de septiembre las tropas desembarcaron en Los Monjes sur, el ocho de septiembre, las tropas comandadas por el capitán Luis Benito Gutiérrez, izaron el tricolor venezolano, al acorde de las notas del Gloria Bravo Pueblo. El espíritu del venezolano, permite que de todo se saque un chiste, en esa oportunidad, esta misión se bautizó con el nombre de “Misión Caimán” ya que para esa época estaba de moda la célebre guaracha de Billo´s que decía “se va el caimán, se va el caimán, se va para Barranquilla”. con una clara alusión a la Corbeta insignia Almirante Padilla.

El 22 de noviembre se expide la Nota diplomática GM-542. elaborada por Vásquez Carriosas como secretario general de la Cancillería firmada por Juan Uribe Holguín, como ministro de Justicia, encargado de la Cancillería; el texto de la nota más importante, es la afirmación siguiente: “Con base a los antecedentes mencionados el Gobierno de Colombia declara que no objeta la soberanía de los Estados Unidos de Venezuela sobre el archipiélago de Los Monjes y que en consecuencia no se opone ni tiene objeción respecto del ejercicio de la misma o cualquier acto de reclamación alguna que formular respecto al ejercicio de la misma o a cualquier acto de dominio de este país sobre el archipiélago en referencia”. La nota fue entregada, a las once de la mañana del mismo día, por Vásquez Carriozas al embajador de Venezuela en Colombia Luis Gerónimo Pietri. El 29 de noviembre, es izado oficialmente el Pabellón Nacional en Los Monjes grandes del sur, el Gobierno de Colombia y sus Fuerzas Armadas guardan total silencio por el acto de soberanía de Venezuela en el archipiélago de Los Monjes…

La fortuna ayuda a los audaces.

La defensa de la soberanía de las fronteras venezolanas no son tareas reservadas exclusivamente al estamento militar, la Constitución Nacional dispone un concepto integral de seguridad y defensa de los intereses nacionales; con esto quiero decir, que la ciudadanía en general debe tener y necesita adquirir información de las fortalezas y debilidades que presenta el país con relación a estos temas. Lo que no se conoce no se valora y lo que no se valora, corre el riesgo de perderse.

NR

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