Los supermercados se llenan, pero las neveras siguen vacías

La liberalización de los precios ha acabado con el mercado negro de alimentos y productos básicos. Pero a un precio que la mayoría de los venezolanos no se puede permitir

Estantes llenos, con productos nacionales que hacía años que no se veían en Venezuela. La foto fija de un supermercado de Caracas hoy está lejos de aquella con anaqueles vacíos o con colas de un solo producto. La vista gorda del Gobierno para que las empresas marquen precios libremente a productos que antes estaban regulados ha creado un efecto bola de nieve por el que (casi) ha desaparecido el mercado negro de bienes de primera necesidad. Los mercados se han llenado de productos, pero a precios que un salario mínimo venezolano no puede soportar.

Hace apenas un año, conseguir un indispensable en la despensa venezolana como la harina de maíz precocida, arroz, pasta o detergente era una labor titánica. Imposible la mayoría de las veces, a no ser que se recurriera a los llamados “bachaqueros». Todavía hay cosas que se han dado por perdidas, como toallas sanitarias, desodorantes, jabones, detergentes…

Era una práctica común que, si se encontraba alguna de estas ‘joyas’, se avisara automáticamente a familiares y amigos: «Encontré harina de maíz. Quién quiere». Y con la misma rapidez que el producto llegaba a los estantes, volaba. También era común que se formaran largas colas cuando se corría la voz de que en algún lugar iba a «llegar algo a precio regulado».

En un mismo estante reposan montones de harina de maíz de varias marcas, arroz y pasta. Y no hay un revuelo alrededor, una muchedumbre peleando por conseguirlas, una cola.

El motivo por el que no vuelen son los precios, que parecen haberse liberado. Si antes un kilo de harina costaba -a precio regulado por el Gobierno- (por decirlo en términos de moneda extranjera) era el equivalente a 5 céntimos de euro, ahora cuesta alrededor de un euro o dos. Aunque para países extranjeros luce como un precio normal, meter en el carrito de la compra una cosa de ese estante equivale a gastar la mitad de un salario mínimo.

Una serie de ajustes en la economía por parte del gobierno de Nicolás Maduro están detrás. «Desde septiembre hizo planes económicos, pero con más fuerza desde enero. Un plan muy controlado y encapsulado en la lógica del gabinete económico, pero son elementos diferentes: recortar gasto público, dependiendo cada vez menos de monetizar el déficit con bolívares del Banco Central, despenalizar el mercado cambiario, permitir la liberación de precios de productos», explica Asdrúbal Oliveros, director de Ecoanalítica.

Aunque en el tema de la liberación de precios explica que ha sido algo más informal: «Es un dejar hacer, no ha habido ley que derogue la Ley de Precios Justos, pero pareciera que el Gobierno ha decidido a conciencia no aplicarla. Lo que lleva a pensar que esto puede cambiar de un momento a otro», explica el economista.

María Carolina Uzcátegui

María Carolina Uzcátegui, de Consecomercio, apunta dos motivos por el que ahora se ven los mercados llenos: la liberación de precios y la bajada en el consumo. «Permitieron a la industria poner el precio que realmente estaba asociado a los costos de producción, no algo fijado. Eso ha hecho que muchos precios se sinceraran. Muchos se conseguía a través del bachaqueo y ahora se ve en los anaqueles».

Que la gente consuma menos, explica Uzcátegui, se debe varias cosas. «En primera instancia, los precios estaban muy altos y llevó a una caída del consumo. La gente empezó a restringir la compra. Pero además, al poder acceder más fácil a las cosas, la gente dejó de comprar por bultos».

Asdrúbal Oliveros

Asdrúbal Oliveros explica que la clave es la corrección de precios. «Nadie produce a pérdida, y mucha de esa producción que no se veía en los anaqueles es porque iban al mercado ilegal, a los bachaqueros. Ahora no los hay, así que la percepción es que ves más productos. Corregiste precios y eliminaste el mercado negro».

Regulación de precios, caída de la producción, contrabando, acaparamiento y escasez eran parte de un círculo vicioso que parece haberse desarticulado. Con la regulación de precios anterior, llegó la escasez. En consecuencia, se acudía a bachaqueros para comprar productos en grandes cantidades. Así, la gente que tenía un poco de solvencia económica acaparaba productos ante la incertidumbre de no volver a encontrarlos más adelante.

«Antes se compraba un bulto de harina al mes y descalabraba el presupuesto familiar. No se compraba otra cosa. Ahora se compra un kilo y ya. Eso ha hecho que el consumo por producto disminuya y que bajen los precios, que inicialmente estaban más altos en previsión de la híperinflación», dice Uzcátegui.

Con estos ajustes de precio-consumo, hay una desaceleración de la tasa de inflación. Si al inicio del año estaba sobre el 20%, ahora está en el 5%, indica Oliveros, aunque no ha frenado tanto como para haber salido del ciclo de híperinflación actual.

«No es una verdadera recuperación, no es que el país sale adelante. Aún no existe producción nacional suficiente, tenemos pérdida del poder adquisitivo y tampoco las industrias ni los empresarios están en capacidad de adquirir más materia prima porque están descapitalizados», señala María Carolina Uzcátegui.

Según el informe mensual de CENDAS (Centro de Documentación y Análisis Social de la Federación Venezolana de Maestros), para comprar la Canasta Alimentaria Familiar para cinco personas, en el mes de mayo eran necesarios 63,8 salarios mínimos, más de dos salarios mínimos al día. El salario mínimo mensual son 40.000 bolívares. Así que, aunque los supermercados estén llenos, las neveras de la mayoría de los venezolanos siguen vacías.

Alicia Hernández

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