Mapas del placer

* Busque (¡y localice!) sus zonas erógenas más ricas, trazando un equilibrio entre  búsqueda de satisfacciones y el grado de afectividad y amor

Su cuerpo tiene zonas neutras y otras muy erógenas. Y en el mapa corporal hay lugares donde las caricias producen sensaciones únicas, así como también existen ciertas personas que le hacen sentir cosas inexplicables y otras no. La verdad, todo el guante de piel que lo envasa es su órgano sexual y puede servirle para acceder a estos contactos cercanos con seres queridos. En otras palabras, puede decirse que el lenguaje de la piel es el de la ternura sensual.

En cuanto al mapa del placer, los últimos estudios científicos remarcan que los “mapas cerebrales” son los que se encargan de organizar el conocimiento adquirido. Mediante estos planos mentales usted es capaz de reemplazar datos no deseados por otros más placenteros, en forma consciente. Y para volver a sentir placer, sin asociar las nuevas experiencias sexuales con males recuerdos, puede desarrollar su inteligencia erótica.

Usted y ella son diferentes

Las zonas eróticas del cuerpo humano son muy abundantes. (¡Puede decirse que todo el cuerpo es erótico!). Las diferencias entre los mapas erógenos del hombre y de la mujer se refieren no tanto a las zonas sensibles de sus cuerpos, como a la forma de sentir y aproximarse al sexo.

Mujer

* Hombros: la región que rodea extensamente el hombro femenino tiene  una capacidad erótica especial, muy sensible a las caricias.

* Axilas: la zona formada por la cara interna del brazo (en su tramo superior) y las axilas revisten un carácter de ardor erótico mediante la estimulación manual suave. Debe tantearla con cuidado por la posible interferencia que las cosquillas plantean ante el juego erótico. También es sensible la cara interior del antebrazo.

* Cintura: las partes laterales de la cintura (los costados) son sensibles a la excitación manual mediante suave presión dinámica, es decir, no se trata de presionar sobre  un mismo punto, sino hacerlo en general sobre la zona, pasando la mano.

* Senos: son los primeros en reaccionar ante el estímulo sexual. Sus partes más sensibles son el pezón y la areola, que pueden estimularse manual y oralmente, con la succión como elemento muy importante (una presión excesiva puede resultar contraproducente para la excitación). No obstante, sólo la mitad de las mujeres encuentran con ellos una excitación suficiente para alcanzar el orgasmo.

* Monte de Venus: su proximidad al clítoris transmite a éste parte de la estimulación, siendo en ocasiones la excitación más próxima a éste que, por su excesiva sensibilidad, es tolerada sin sensaciones de malestar.

* Clítoris: órgano de placer por excelencia, pero que debe ser tratado con mucho cuidado y delicadeza. Antes de ser estimulado se requiere una suficiente preparación por medio de otras zonas más lentas.

* Labios mayores y menores: los primeros producen al ser acariciados una excitación considerable, que en el caso de los segundos puede llegar a ser casi tan intensa como la del mismo clítoris.

* Entrada de la vagina: la sensibilidad consciente sólo alcanza al tercio exterior de la vagina, donde se ubica el discutido punto G de Grafënberg.

Hombre

* Tetillas: la gran desconocida entre las zonas erógenas masculinas, puede producir una sensación muy placentera, pero también llegar a molestar.

* Muslos: las partes más sensibles son la cara interna y la superior.

* Pene: repleto de terminaciones nerviosas resulta muy sensible en toda su extensión, pero especialmente en el glande. Se puede excitar por presión o por tracción.

* Escroto: son las bolsas testiculares, pero su importancia erógena es escasa. Reaccionan con la elevación de los testículos y la estimulación del pene.

En los dos

* Orejas: la zona situada detrás de la oreja, el lóbulo y la cavidad del pabellón auricular son partes especialmente sensibles a la estimulación erótica, sobre todo, si ésta se realiza oralmente. Estas partes aumentan su sensibilidad durante la excitación sexual.

* Manos: parte secundariamente sensible, pero que tiene especial importancia por cuanto son el elemento para excitar a través de las caricias y de ser excitado a través del tacto. En la mujer, la palma de la mano es bastante sensible al estímulo erótico, pero en general todo, también los dedos.

* Boca: su poder erótico reside en los labios y en la lengua. En los primeros, mediante el roce en el beso o en la caricia oral, y tras la excitación aumenta marcadamente su sensibilidad nerviosa.

* Nuca y cuello: la parte de la nuca en la que se encuentra el nacimiento de los cabellos, tiene un poder erótico delicado y vago, pero muy efectivo. Asimismo, el cuello es muy sensible a los besos, al mordisqueo y a la acción lingual.

* Perineo: es la zona que se halla situada entre los órganos genitales y el ano. Se trata de una parte de la  geografía erótica, rica en sensaciones mediante la excitación  manual.

En la estimulación está la clave

El masaje es quizá la mejor y más sencilla forma de relajar el cuerpo. Establece una profunda comunicación entre los cuerpos de las personas, respondiendo así a la necesidad más básica de las relaciones interpersonales como es el intercambio de afecto. El ambiente debe ser relajante y distendido, con iluminación suave, temperatura cálida y sonido ambiental sin estridencias. Ambos participantes deben estar totalmente desnudos y haber establecido una unión sentimental, aunque no sea imprescindible que lo consideren amor. El comienzo es suave y aumenta progresivamente en intensidad, presión y frecuencia. Puede aplicarse con las manos, los dedos, los labios o incluso con todo el cuerpo, y es imprescindible que se disponga de suficiente tiempo para permitir un acercamiento relajado y sin presiones. El masaje sexual debe establecer un equilibrio entre los dos lados del cuerpo, evitando que la estimulación de uno de ellos deje al otro a la espera de su parte. De lo contrario, el cerebro recibe una señal diferente de las dos hemimitades del cuerpo.

Según la doctora Penny Slinger, de la Universidad de Minnesota, el masaje sexual se desarrolla en tres fases. La primera establece un equilibrio entre cuerpo y mente, manteniendo el mencionado equilibrio entre los dos lados del cuerpo. Se desarrolla mediante estímulos suaves en la piel de todo el cuerpo, con especial incidencia en las sienes y al final en la columna vertebral. La segunda contempla la estimulación de las zonas erógenas, evitando un contacto inmediato con los genitales que podría provocar angustia y una necesidad precoz de orgasmo. En esta segunda parte, se estimula la línea que recorre desde la nuca hasta la parte lateral de la pelvis, pasando por los pezones y la cintura, y dedicando especial atención a las orejas, que concentran la representación de todos los órganos sexuales. Y la tercera se dedica directamente a las zonas genitales. Su aplicación depende de los gustos y tolerancia de cada persona, ya que la sensibilidad de estas zonas varía mucho dependiendo de cada uno. En cualquier caso, su finalidad no es el orgasmo propiamente dicho, motivo por el cual muchos sexólogos no lo consideran parte del masaje sexual, sino algo directamente sexual.

Fabricio Yarica

 

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