María Cristina me quiere gobernar…

La dictadura militar que se inicia el 24 de noviembre de 1948, y que se extiende por diez años, aparece comúnmente asociada al predominio del general Marcos Pérez Jiménez, y aun cuando este ejerció influencia decisiva en toda la década, la verdad histórica es que esa etapa puede delimitarse en un primer periodo que va entre 1948 y 1950 donde el gobierno castrense lo ejerce una junta integrada por el propio Pérez Jiménez, Luis Felipe Llovera Páez y Carlos Delgado Chalbaud, presidida por este último, quien había desempeñado el cargo de ministro de la Defensa del derrocado gobierno de don Rómulo Gallegos.

Delgado Chalbaud, como jefe del Ejecutivo militar colegiado, hace promesas al país de un pronto retorno a la constitucionalidad, y da pasos concretos para ello, designando una comisión que se encargara de redactar las bases de un estatuto electoral, bajo las cuales se realizarían los futuros comicios. Sin embargo el comandante-Presidente carece de ascendencia en las filas del ejército, su condición de oficial inicialmente asimilado, y sus estudios de ingeniería en París, lo distancian de las faenas diarias de los militares troperos, la mayoría de los cuales lo ven con aprensión y desconfianza, su cercanía con Rómulo Gallegos y Acción Democrática durante el trienio 1945-1948 ayuda a incrementar los resquemores, por lo que su piso de apoyo es frágil y el numero de sus enemigos crece cotidianamente.

El 13 de noviembre de 1950, un grupo de facinerosos al mando del terrible general falconiano Rafael Simón Urbina, secuestran al Presidente de la Junta Militar y más tarde lo asesinan alevosa y cobardemente en una casa de la urbanización Las Mercedes, el jefe de los facciosos es asesinado un día más tarde cuando, obligado a salir de la Embajada de Nicaragua donde se había refugiado, herido por sus propios compañeros de aventura es conducido a la cárcel del Obispo y más tarde acribillado por agentes de la Seguridad Nacional. Venezuela contemplaba sorprendida el primer y único magnicidio consagrado de su historia.

La muerte de Carlos Delgado Chalbaud, deja a sus compañeros de gobierno en el desconcierto. Pérez Jiménez, que ya tenía suficiente poder para aspirar a la jefatura del Estado, decide no inmiscuirse ante los crecientes señalamientos que lo involucran en el complot que concluye con la muerte de su compañero de armas. Los militares deciden buscar un civil que los acompañe en la integración de la nueva junta y que la presida. Primero se escoge al doctor Arnoldo Gabaldón, prestigioso sanitarista que ha ganado meritos en la erradicación del paludismo y la malaria, pero más tarde, frente a las iniciativas independientes que el nominado asume deciden prescindir de sus servicios. Ahora los militares fijan su mirada sobre sus compañeros de gabinete y ofrecen el cargo sucesivamente al canciller Luis Emilio Gómez Ruiz y al ministro de Obras Publicas Gerardo Sansón, ambos invocan distintas razones para evadir el desempeño del elevado cargo, al fin aparece el hombre que acepta, el doctor Germán Suárez Flamerich.

Al momento de prestarse para desempeñar tan indecorosa tarea, el doctor Suárez Flamerich, se desempeñaba como embajador de Venezuela en Lima, pero cargaba a cuesta un impecable currículum de servicios a la causa democrática. Miembro distinguido de la generación del 28, había sido inquilino de las cárceles gomecistas, y luego de la muerte del dictador se había desempeñado como concejal de Caracas y Diputado al Congreso Nacional, amén de su condición de profesor universitario y decano de la facultad de Derecho de la Universidad Central de Venezuela. Había igualmente participado de la comisión asesora de la Comisión Redactora de la Constitución Nacional de 1947, por lo que todo abonaba a su favor, antes de aceptar un cargo que lo estigmatizaría para siempre.

Suárez Flamerich, pasa a presidir el gobierno colegiado, que con su incorporación cambia de denominación pasando de Junta Militar a Junta de Gobierno, su fotografía en traje de civil, rodeado de sus dos compañeros militares delataba de por sí donde residía verdaderamente el poder. Suárez se convierte en simple instrumento, en mera marioneta de los intereses y propósitos de los uniformados, pronto la guasa y el humor infaltable en los caraqueños, comienza a asociar a aquel hombre, sometido al dictamen de los jefes castrenses, con la letra de una guaracha de moda en esos tiempos cuyo estribillo resaltaba:

María Cristina me quiere gobernar

Y yo le sigo, le sigo la corriente,

Porque no quiero que diga la gente

Que María Cristina me quiere gobernar.

El deleznable papel de títere de los militares, concluirá para el Dr. Suarez, el 2 de diciembre de 1952, cuando derrotado abrumadoramente el gobierno militar en los comicios del 30 de noviembre de ese mismo año, por URD y Jóvito Villalba, los uniformados se deciden dar un golpe de Estado contra los resultados y la soberanía popular y procedan a disolver el gobierno colegiado y a designar a Pérez Jiménez, en solitario, como Presidente de la República, comenzando entonces en rigor y propiedad y con todo su terror represivo, lo que se conoce como la dictadura perezjimenista.

Rafael Simón Jiménez

rafaelsimonjimenez@hotmail.com

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