Me quedan seis meses de vida

Lisandro Alvarado

Al mejor estilo de una mente brillante, como esos personajes fantásticos de las películas de Hollywood, Lisandro Alvarado, oriundo del Guarataro un barrio en pleno corazón de la capital venezolana, desarrolló una destreza extraordinaria en ambos hemisferios cerebrales, para ello no necesitó de platos exquisitos ni vivir en una de las mejores urbanizaciones de una potencia mundial, como dicen quienes lo conocieron desde que estudiaba bachillerato, pues sus conocimientos superaban a muchos de los extraordinarios profesores de matemáticas de esos tiempos en los años 70.

Era un come libro, como no tenía dinero para comprar los textos que indicaban en el liceo, se los prestaban por un máximo de 48 horas, tiempo suficiente para leerlos y aprendérselos.

Un muchacho flaaaco de tez morena, dientes muy blancos que resaltaban con una permanente sonrisa, con una voz gruesa y juguetona que acompañaba con unos ojos almendrados. Para llamar la atención de las chicas en el liceo tocaba flauta y luego en la universidad siempre usaba un sombrero, hasta la actualidad.

Como todo estudiante de bajos recursos tenía que trabajar para costear el almuerzo en la universidad, pero con la diferencia de que su trabajo lo divertía a diario, ya que hacia lo que más le gustaba, dar clases de matemáticas, pero cuando no tenía estudiantes particulares al comienzo de la carrera, a veces jugaba truco apostando la cantidad suficiente para costear lo mismo.

Lisandro Alvarado Ramos es un docente que nació al abrigo de una familia humilde el 3 de marzo de 1958, cuarto hijo de 10 hermanos, 5 varones y 5 hembras, todos nacidos en el Guarataro, profesionales hoy día.

Pero qué pasa con Lisandro Alvarado un científico matemático que se ha mantenido oculto en los barrios caraqueños y mirandinos. Nos preguntamos por qué no se fue de Venezuela y por qué de esta historia… al final lo sabrán, luego de la entrevista.

—¿Desde pequeño te gustaron las matemáticas?

—Desde pequeño siempre tuve inclinaciones numéricas pero era un niño tremendo, mala conducta como me decían mis padres por eso cuando llegué a 3er año de bachillerato tuve que cambiarme de liceo, estudie primero y segundo año en la escuela Parroquial San Juan Bautista de La Salle, conducida por curas.

En Caracas hay 3 colegios de La Salle pero la gente sólo conoce 2, el de la Colina y el de Tienda Honda, pero el que está en la Plaza Capuchinos muy poco se nombra. Los que provenimos de los barrios aledaños y fuimos formados allí sabemos de los conocimientos que nos brindaron.

Pero como muchacho al fin me la pasaba discutiendo con los curas y le pedí a mi mamá que me cambiara a un liceo del Ministerio de Educación, logrando ingresar al Antonio Guzmán Blanco de El Paraíso, donde descubrí otro mundo, (sonrisa), primero que todo las mujeres, porque el colegio de los curas era solo para varones y lo otro que me enamoré de las ciencias, mis notas eran de 20 en matemática, física y química. Luego pasé a uno de los 3 liceos donde egresaban a técnicos medio mención Química, como fue el Julio Calcaño en las Lomas de Urdaneta

Buscando mayor precisión en mis conocimientos, al salir del Julio Calcaño me fui a estudiar matemática pura y tuve la fortuna que me abrieron las puertas 3 instituciones, escogí la Universidad Simón Bolívar, porque me interesaba aprender y allí lo podía lograr.

—¿Lograste graduarte ante tanta precariedad?

—Mi preocupación en ese momento eran los conocimientos en matemática pura, no me importaba tanto el título, ni bienes materiales, aunque no puedo negar que también las rumbas de la época ocuparon tiempo en mi vida, y decidí casi al final de la carrera en la Universidad Simón Bolívar, irme a otra sede de la misma universidad, en Parque Central, para estudiar Docencia en matemáticas mediante estudios Libres supervisados, desde entonces, hace más de 30 años, algunos estudiantes de la última promoción esperamos el Titulo.

La mejor educación fue la pública, docente con ética y bien formados, muy por el contrario en lo privado, sin embargo ahora los papeles se invirtieron porque el sistema se fue corrompiendo ya para finales del siglo XX.

—Se dice con frecuencia que los alumnos llegan con mucha deficiencia a las universidades, ¿estás de acuerdo?

—Muchas normas influyen y se vuelven castrantes, el tiempo asignado no es suficiente. En la actualidad los números o resultados de los exámenes no determinan el conocimiento del estudiante en el área de matemáticas porque la forma de evaluación impide, frena los conocimientos.

—¿Cuál es la falla más fuerte en cuanto al conocimiento de las matemáticas?

—Por un lado vemos que no hay suficientes profesores de matemáticas en Venezuela, aunque el alumno no la curse las instituciones promedian las notas, le aparece aprobada la materia sin cursarla. Por el otro lado hablando fuera de lo que establece el sistema, hay un grave problema de geometría. La matemática moderna fue instalada por mucho tiempo, mientras otros países ya lo habían eliminado, todo ello trajo una laguna en los profesionales para la aplicación de la geometría.

—Retomando tu vida, ¿cuando eras joven qué soñabas alcanzar?

—Siempre quise ser feliz, era mi norte, también me gustaba aprender, los números eran y son mi pasión. La matemática era una carrera prestigiosa aunque no querida y por eso decidí estudiar en la Simón Bolívar, me gustaban los retos, ya mi hermana había estudiado allí, ya sabíamos los rigores de esa institución, pero luego los profesores me respetaban muchísimo y por supuesto yo a ellos.

—¿Qué es para ti la felicidad?

—Estar rodeado de gente alegre, poder estar con mi familia, si ellos están felices yo estoy feliz, yo no necesito muchas cosas, me basta tener cierta libertad para la acción, respetando la naturaleza y al ser humano.

—¿Te consideras un hombre libre?

—Sí, aunque la libertad absoluta no existe, todos somos presos en algún momento de algo. Parte de todo esto es tratar de sentirse bien con lo que uno tiene y hasta donde uno puede llegar. Aclaro que no quiero decir que se debe ser conformista, sino realista, cuando uno puede llegar más allá seguro que uno llega. Yo particularmente nunca quise tener propiedades, ni hijos propios, aunque si asumí la responsabilidad de un matrimonio y los 3 hijos de mi compañera desde hace 30 años.

No tener apego a lo material era parte de mi filosofía desde pequeño y tener un hijo me obligaría a cambiar el rumbo. Yo observaba el sufrimiento de las personas cuando no tenían mucho y sufrían más cuando perdían lo que tenían. Nunca me ha dado miedo la vida aunque me quede sin un techo alquilado que es lo que he tenido hasta el presente.

Los matemáticos somos extremadamente racionales y pienso que una de las cosas por lo cual no luche por mi título es porque formaba parte de esas cosas materiales. Quise ser totalmente libre, inclusive no estaba de acuerdo con el matrimonio, la mayoría de mis amigos me siguieron, pero luego fui yo el que me casé primero, a los 28 años y ellos luego me querían matar. No quería sentirme amarrado a nada que indirectamente me obligara a luchar por lo material.

—¿Qué es la vida para ti?

—El sentido lo he logrado haciendo las cosas que me gustan. Yo he sido feliz transmitiendo un poco de felicidad cuando otros alcanzan el dominio de las matemáticas. Fui preparador de la universidad Simón Bolívar por varios años.

Lo otro que ha llenado mi vida han sido las olimpiadas de matemáticas, una herramienta extraordinaria. Para las olimpiadas comencé en los 90 con el Centro Profesional para el Mejoramiento de la Enseñanza de la Ciencia (Cenamec), sostenida por la Comunidad Económica Europea, dirigida por el doctor Henrique Planchar, actual rector de la USB pero luego pasé al Ministerio de Educación que fue cerrado en el año 2002, lo retomaron 2 años después pero volvieron a cerrarlo.

Es curioso, fue cerrado porque consideraban que siempre ganaban los estudiantes de los liceos privados y era verdad, pero por qué, porque el mismo Estado ha descuidado en los liceos públicos la enseñanza en matemáticas, pero si hubiese ocurrido en mi época de liceísta el asunto era a la inversa, los estudiantes mejores preparados provenían de los liceos públicos. Había 5 olimpiadas, de física, de química, de matemáticas, de petróleo y la del agua, los muchachos eran felices con eso, fue muy valioso el Centro.

Las olimpiadas que se desarrollan actualmente están en manos de dos organizaciones, una es la Fundación de las Competencias Matemáticas y la otra la Asociación de Competencias Matemáticas, quienes me nombraron coordinador en el estado Miranda.

—¿Le tienes miedo a la muerte?

—No. Es un proceso natural.

 —¿Has pensado cómo quieres morir?

—No lo había pensado, pero ya estoy montado en eso, los médicos me informaron que me quedan 6 meses de vida. Estoy tratando de disfrutar la vida, me acaban de diagnosticar un cáncer, pero como aún estoy en pie, me he dedicado a ser feliz. Algunos médicos del hospital Razetti me han dado esperanza con una intervención quirúrgica, pero el proceso es incierto para llegar allí.

Frente a esta noticia me detuve a pensar la gran cantidad de alumnos que he tenido y andan regados por el mundo, muchos me han escrito y eso me ha hecho feliz

—¿Frente a la noticia de tu posible muerte te arrepientes de algo?

—Me sorprende tu pregunta (lágrimas), no soy un santo, he cometido errores en mi vida que no hubiese querido cometerlos. Mi conducta ha cambiado, he sentido mayor libertad para decir cosas que uno no dice.

—¿Cambiarías algo en tu vida si tienes la oportunidad de seguir viviendo?

—No. Aunque creo que la forma de ver la vida cambiaría. Aceptando menos preocupaciones, alejando los sufrimientos.

Lisandro Alvarado, sin duda forma parte de esas investigaciones donde se ha determinado que no todos los individuos catalogados como mentes brillantes llegan a ser famosos porque deciden escaparse de la notoriedad por una extraña razón. Ahora su periplo vital tiene fecha y hora de término si no ocurre ese milagro esperado.

 Podríamos entonces pensar frente a la muerte para sobrevivir a ella, lo valioso de cada minuto de nuestra existencia para utilizar los tiempos lo mejor posible sin ataduras obligadas, sin esa libertad anhelada pero tímidamente reprimida.

Vilma Canelón

vilmacanelong@gmail.com/@vilmacanelon

Fotos: Belkis Canelón

3 comentarios sobre “Me quedan seis meses de vida

  • el marzo 18, 2018 a las 2:12 pm
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    ¡Saludos, Vilma!

    Me encantó leer la historia de Lisandro Alvarado, su trayectoria y su firmeza ante la vida y la muerte.

    Quisiera hacerle llegar a tu través un mensaje de optimismo: soy sobreviviente de un cáncer del que fui tratado hace ya más de 10 años. Aunque nunca me dijo ningún médico que me quedaban tantos meses o años de vida, he sobrevivido mucho más que otras personas que han tenido como yo cáncer de colon.

    Creo que ningún médico puede decirnos con certeza: “te quedan seis meses de vida…”, pues sobran los casos de pacientes que han desmentido esa condena.

    Quiero referirme a uno que narra David Servan-Schreiber en su libro Anticáncer:

    El capítulo 2 del libro se titula “Librarse de la estadística”. Presenta en él el caso de Stephen Jay Gould, un zoólogo de 40 años, eminente investigador, a quien se le diagnosticó un tipo muy raro de cáncer, para el cual la media de supervivencia era de ocho meses. Cuando se enteró de ese valor, buscando en la bibliografía -porque su médico no quiso decírselo- fue presa del pánico y se quedó paralizado por varios minutos tratando de digerir tan mala noticia. Cuando finalmente logró recuperarse, apeló a su formación científica y a su conocimiento de que en la naturaleza no hay ninguna regla fija que se aplique a todo del mismo modo, y de que la estadística es una manera que ha encontrado la mente humana para imponer orden a la enorme variedad de casos individuales, “para el Gould individuo, la cuestión era saber qué lugar ocupaba él en el espectro de variaciones existente por encima y por debajo de la mediana”.

    Dice David Servan-Schreiber:

    “Stephen Jay Gould moriría veinte años después a causa de otra enfermedad. Le dio tiempo a recorrer un largo camino, una de las carreras científicas más admirables de su época […] había vivido treinta veces más de lo que los oncólogos habían predicho”.

    Te invito, y a Lisandro, a ver el comentario completo en mi blog (y lo enviaré a tu correo para que se lo hagas llegar):

    http://avasquezd.blogspot.com/2010/09/anticancer-una-nueva-forma-de-vida-2.html

    Una cosa es no tener miedo a la muerte, y otra muy distinta es rendirse sin luchar. Le digo a Lisandro que rechace esa afirmación de sus médicos de que tiene los días contados y se disponga a dar la batalla con todas las armas a su alcance. Podría tener por delante todavía muchos años de vida productiva.

    ¡Un abrazo, con mi solidaridad!

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  • el marzo 22, 2018 a las 12:15 am
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    Querido y siempre genial Épity

    Respuesta
  • el junio 30, 2018 a las 7:39 pm
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    En el año 2001, mi padre se le diagnosticó un cancer de prostata, y según el médico tratante debía ser operado para que durara unos cinco años a lo máximo, Diecisiete años despúes, mi padre sigue vivito y coleando y el médico que lo operó lamentablemente murió a los pocos años de la intervención. Al Profeor Alvarado, que no se rinda y seguro que vivirá muchos años de vida, hasta que nuestro Dios lo disponga.

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