“Mierdero, el mejor calificativo para describir a Colombia”

Desde Colombia

Educación crítica, objetiva y de alta calidad es lo que falta para cambiar, al menos un poco, la desafortunada situación.

A quienes se ofenden porque alguien afirma que “Colombia es un país de mierda” es preciso aclararles lo siguiente: el territorio colombiano es hermoso y lo sería mucho más si la mitad del mismo, dedicado a ganadería extensiva, se regresara a bosques; si la parte rural estuviese repartida entre campesinos, agricultores y ganaderos de verdad, y no entre unos cuantos terratenientes; si fuera prohibida la minería a cielo abierto; si no fuera tan larga y profunda la inequidad entre ricos y pobres; si un porcentaje significativo de su población no fuera ignorante, ingenua, idiota útil y con mentalidad esclava porque no saben identificar las causas reales de la miseria, del subdesarrollo, de las inequidades e injusticias sociales, pues convencidos de que vivimos en un país democrático votan siempre por sus amos y desprecian a los de su misma clase.

Este mierdero es el resultado de haber dejado el manejo del Estado en manos de la clase más corrupta, más ladrona, de quienes se enriquecieron explotando la fuerza de trabajo del pueblo llano y solo gobiernan para su exclusivo beneficio, en contra de las necesidades y demandas populares. Sin embargo, si estas ideas no les satisfacen, miren simplemente las aberraciones que se destapan cada día en los poderes públicos: en el Legislativo se ratifica el estímulo a la corrupción y a la inequidad, a pesar de que una parte considerable de la población exige transparencia y leyes anticorrupción; los senadores y representantes no se consideran empleados privilegiados y se niegan a disminuirse sus salarios y se empeñan en que pueden ser reelegidos indefinidamente; y avalan a los corruptos, por ejemplo el pícaro ministro de Economía, enriquecido con dineros del Estado, es defendido con el argumento de que es un buen negociante y conocedor de la hacienda pública (claro que ocultan que es una ficha al servicio del neoliberalismo y del FMI).

En la justicia, liberan mediante trampas jurídicas a los peores corruptos de cuello blanco dejando vencer los términos de los procesos, se hacen los de la vista gorda frente a reconocidos criminales y ni siquiera los indagan para que se conserven inocentes y hasta ejerciendo cargos públicos, y a los poquitos que condenan les asignan casas o chalets por cárcel. Innumerables alcaldes y gobernadores se han robado los dineros recaudados para las obras públicas. Si todo esto no constituye un mierdero, entonces ¿le seguimos llamando “país de las maravillas”, “Estado pulquérrimo”? Si fueran casos excepcionales, hasta razón tendrían en sentirse ofendidos, pero son generalizados, no son excepciones.

A lo anterior también le podemos añadir los delitos de toda clase cometidos a diario a lo largo y ancho del país, desde el robo de celulares, bicicletas, carros, atracos a residencias y establecimientos comerciales; el crecimiento desmedido de homicidios, secuestros y torturas a sus víctimas; las numerosas masacres, cuyos autores cuentan orgullosos que han cometido unos 200 o 300 homicidios y son autores intelectuales de otros 3.000; policías y militares formando parte de bandas criminales; un Estado que firma un pacto de paz, pero incumple y traiciona a la contraparte; un Estado que no respeta ni garantiza los derechos humanos de su población, como lo ordena su propia Constitución (la salud y la educación pública están postradas, sus recursos se han destinado a la guerra, a la corrupción de sus administradores o a las empresas particulares); el desempleo aumenta y los miserables ingresos de los pobres son cientos de veces inferiores a los de los ricos.

Con las coimas prostituyeron toda la sociedad y enterraron la ética, la honradez, la moralidad y la decencia. Básicamente se instauró la lógica de que el que no recibe el soborno es un bobo, un gil. Además, desde la Presidencia de la República hasta la más lejana inspección de policía, desde las altas cortes hasta los jueces más lejanos, le cae con propiedad los versos de Luis Carlos López: “Oh luna, viste robar anoche en despoblado y el ladrón era el juez municipal”.

Mierdero, el mejor calificativo para describir a Colombia, un país donde se subsiste a semejanza de la letra del tango Cambalache, escrita por Santos Discépolo. Puede limpiarse, sí, pero con una educación crítica, objetiva y de alta calidad, mediante la cual el pueblo, ese 75%, despierte, se concientice, aprenda a distinguir sus amigos de sus enemigos y asimile los valores de la decencia o ética. Y eso no será pronto ni fácil.

Libardo García Gallego

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