Mitos y realidades de los alimentos transgénicos

Qué es una semilla o un alimento transgénico:

Son aquellos que han sido producidos a partir de un organismo modificado mediante ingeniería genética y al que se le han incorporado genes de otro organismo para producir las características deseadas. En la actualidad tienen mayor presencia en alimentos procedentes de plantas transgénicas como el maíz o la soja.

La Ingeniería genética o tecnología del ADN recombinante es la ciencia que manipula secuencias de ADN (que normalmente codifican genes) de forma directa, posibilitando su extracción de un taxón biológico dado y su inclusión en otro, así como la modificación o eliminación de estos genes. En esto se diferencia de la mejora clásica, que es la ciencia que introduce fragmentos de ADN (conteniendo como en el caso anterior genes) de forma indirecta, mediante cruces dirigidos. La primera estrategia, de la ingeniería genética, se circunscribe en la disciplina denominada biotecnología vegetal. Cabe destacar que la inserción de grupos de genes y otros procesos pueden realizarse mediante técnicas de biotecnología vegetal que no son consideradas ingeniería genética, como puede ser la fusión de protoplastos (técnica de biotecnología en la cual se produce la fusión de las membranas de dos o más células dando lugar a un híbrido somático. La técnica es ampliamente empleada para introducir variabilidad en las cepas de interés biotecnológico).

Esta técnica novedosa está orientada hacia la mejora de las semillas y por ende el aumento de su producción.

En mi pasantía como director del Consejo Para el Desarrollo de la Industria Nuclear, en los años ochenta, hicimos un proyecto con el OIEA, ejecutado en la Universidad del Zulia, para la mejora de la semilla de la Soja mediante mutaciones inducidas y la cual incrementó la producción de 3 toneladas por hectárea a casi diez.

Desafortunadamente un mal asesoramiento al presidente Jaime Lusinchi evaporó ese Consejo, que por cierto era magistralmente dirigido por el mejor grupo de especialistas nucleares que ha tenido este país, especialistas en el área de legislación internacional, geología, reactores nucleares, protección radiológica y técnicas para su uso pacífico.

No fueron suficientes las diligencias del VA e ingeniero Nuclear, Gonzalo Gómez Jaén, su secretario Ejecutivo, para persuadir al Ejecutivo nacional del craso error que se iba a cometer.

Se disolvió ese grupo y el Consejo se convirtió en una Dirección del MEM sin más pena ni gloria, hasta la fecha.

Venezuela es uno de los pocos países en el mundo que no cuenta con un organismo especializado en esa área.

La FAO, Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura estima que, por efecto del cambio climático, para el 2050 el decrecimiento en la productividad agrícola será del 9 al 12% de las cosechas.

El uso de especies transgénicas en la agricultura no sólo aumenta la productividad promedio al minimizar las plagas de insectos y maleza, sino que también hace un uso más racional de los agroquímicos, reduciendo los costos económicos, sanitarios y ambientales asociados. Los cultivos transgénicos también presentan mayor resistencia a climas adversos y crecen en tierra seca y salina, lo cual podría representar una solución al problema de reducción en las cosechas.

Gregory Jaffe, director de Biotecnología en el Centro para la Ciencia en el Interés Público asegura que: “Los cultivos transgénicos actuales son seguros para comer y su plantación no entraña riesgos para el entorno”.

Se han aprobado más de cien cultivos transgénicos para consumo tanto humano como animal en un lapso de 15 años, y de acuerdo con la “Organización Mundial de la Salud, son tan seguros como los convencionales”.

Asegura que hasta la fecha, los países en los que se han introducido cultivos transgénicos en los campos no han observado daños notables para la salud o el medio ambiente. Además, los granjeros usan menos pesticidas o pesticidas menos tóxicos, reduciendo así la contaminación de los suministros de agua y los daños sobre la salud de los trabajadores, permitiendo también la vuelta a los campos de los insectos benéficos. Algunas de las preocupaciones relacionadas con el flujo de genes y la resistencia de plagas se han abordado gracias a nuevas técnicas de ingeniería genética.

Sin embargo, que no se hayan observado efectos negativos no significa que no puedan suceder. Los científicos piden una prudente valoración caso a caso de cada producto o proceso antes de su difusión, para afrontar las preocupaciones legítimas de seguridad.

A tal fin se ha establecido que los diferentes organismos OGM (organismos genéticamente modificados) incluyen genes diferentes insertados en formas diferentes. Esto significa que cada alimento GM (genéticamente modificado) y su inocuidad deben ser evaluados individualmente y que no es posible hacer afirmaciones generales sobre la inocuidad de todos los alimentos GM.

Los alimentos GM actualmente disponibles en el mercado internacional han pasado las evaluaciones de riesgo y no es probable que presenten riesgos para la salud humana. Además, no se han demostrado efectos sobre la salud humana como resultado del consumo de dichos alimentos por la población general en los países donde fueron aprobados. El uso continuo de evaluaciones de riesgo según los principios del Codex y, donde corresponda, incluyendo el monitoreo postcomercialización, debe formar la base para evaluar la inocuidad de los alimentos GM.

Por ejemplo:

—En los Estados Unidos, aproximadamente el 85% del maíz que se cultiva dentro del territorio, ha sido modificado genéticamente. Muchos de los productos, especialmente de la marca Aun, que se encarga de producir alimentos de copos de maíz entero, tienen en su composición maíz modificado genéticamente.

La razón, además de la eventual disminución en los costos, por la que se modifica el maíz, es porque esto les hace resistentes al glifosato, es decir, un herbicida que se utiliza para matar las malas hierbas y que bajo una situación normal, también puede afectar a la producción.

Otros ejemplos importantes son la leche, la soya (creó una soja genéticamente modificada, aprobada en el 2010, que se destaca por tener un mayor nivel de ácido oleico y que se encuentra de forma natural en el aceite de oliva. Esta sustancia se trata de un ácido graso Omega 9 que tiene relación con la reducción del colesterol malo), la alfalfa, los tomates, la canola (más del 80% de su producción proviene de este método), la calabaza y el calabacín, la remolacha azucarera, el pan (Hoy día, el pan que se comercializa en todos los supermercados, provenientes de grandes empresas trasnacionales, posiblemente tenga un origen menos natural. De hecho, esto es probable, ya que el pan es considerado como uno de los alimentos transgénicos más populares.

Sin embargo, vale la pena aclarar que esto no se debe específicamente a que se le inyecten genes específicos al pan, sino más bien a la materia prima de éste, es decir, el trigo y otros cereales con los que se elabora) y la papa; gracias a la producción de papa a través de la ingeniería genética ahora cuentan con mayores niveles de minerales que las hacen más resistentes.

Leancy Clemente

leancyclemente@gmail.com/@leancyclemente

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!
A %d blogueros les gusta esto: