Orgulloso de ser un pendejo + (Video)

El insigne Arturo Uslar Pietri fue protagonista de una particular historia en nuestro país. Durante una entrevista televisiva, el respetado escritor dijo la palabra “pendejo” para ironizar la situación de corrupción de aquel momento en Venezuela. La entrevista se realizó el día 16 de mayo de 1989, y sus palabras: “los ciudadanos honestos los no corruptos son, en algunos casos, calificados como pendejos. Los honestos somos pendejos”, crearon una explosión en la opinión pública venezolana.

El escándalo y posterior reflexión, generaron la institucionalización de la mencionada palabra en radio, TV y prensa. La presión de la sociedad por realizar acciones, gestó una marcha el día 15 de junio de 1989 denominada “La Marcha de los Pendejos“, con ella se entregaron documentos para exigir honestidad en la gestión gubernamental. Miles de personas caminaron por las avenidas de Caracas declarando a gritos, con pancartas y afiches que eran “pendejos”. Con esa acción se repudió la corrupción y a los corruptos en Venezuela en 1989.

En la historia anterior la autodesignación, el insulto a sí mismo es muestra de rebeldía, de honestidad, de valentía; porque el calificativo funciona por oposición. El fenómeno social generado creó la aceptación de la palabra en esas décadas y nos queda pendiente actualizar la reflexión acerca de los actos de corrupción en las siguientes gestiones de gobierno.

Este artículo es especial para mí, y lo escribo con el mayor gusto debido a que durante años he sido un gran admirador del ilustre Arturo Uslar Pietri. Sin embargo, no hablaré ni del escritor venezolano y mucho menos hablaré de corrupción política. Decidí escribir este pequeño artículo sólo para que reflexionemos como venezolanos y ciudadanos independientes.

Cuando analizamos el debido contexto de la ironía de Uslar Pietri, al usar la palabra “pendejo” en los medios de comunicación nacionales, podemos reconocer que esa simple palabra de la jerga venezolana, pudo describir una situación que hasta los años actuales vivimos en Venezuela, incluso puedo decir, en todo el mundo.

Venezuela está repleta de personas “vivas”, y desde pequeños se nos enseña en casa que debemos siempre ser “vivos” en todo. Definamos –bajo este contexto– la palabra: es aquella persona que a través de cualquier medio, trata de sacar provecho de cualquier situación. Persona “astuta”.

Veamos brevemente las siguientes situaciones:

* Vamos conduciendo nuestro carro por alguna avenida y cometemos alguna infracción de tránsito. Es presenciada por una autoridad, la cual nos coloca una multa. ¿Qué hace el “vivo”? Paga una cantidad menor de dinero a la autoridad y así éste no coloca la multa. ¿Qué hace el “pendejo”? Paga la multa.

* Necesitamos hacer algún trámite de cualquier tipo, y éste lleva tiempo. ¿Qué hace el “vivo”? Paga una palanca (alguien conocido dentro de la organización donde se realiza el trámite). ¿Qué hace el “pendejo”? Cumple los pasos necesarios para su trámite.

* Tu vecino colocó televisión de paga (TV por cable) y tú no tienes. ¿Qué hace el “vivo”? Se pega al cable del vecino. ¿Qué hace el “pendejo”? Llama a la empresa de Cable y solicita el servicio.

* En el transporte público sin asientos disponibles, se sube un anciano y tú estás sentado. ¿Qué hace el “vivo”? Se hace el dormido. ¿Qué hace el “pendejo”? Se levanta –así este cansado por el trabajo– y cede el puesto al anciano.

* ¿Qué hace el “vivo”? Lanza la basura en la vía pública para que “así los contratados para limpiar éstas áreas trabajen”. ¿Qué hace el “pendejo”? Exhorta al que lanzó la basura e incluso la recoge y la coloca en una cesta de basura.

Y así podemos pasar horas y páginas de este artículo, mencionando muchos ejemplos más. Vemos entonces que ser “pendejo” significa: cumplir las leyes, ser un buen ciudadano, respetar la autoridad, amar a este país, buscar la paz ciudadana, cumplir con el deber ser, entre otras cosas. Llevándonos esto a una completa paradoja: hacer las cosas como deben hacerse es ser pendejo. Por ello yo, Jorge Ostos estoy muy orgulloso de ser un pendejo.

Finalmente, vamos a meditar, a sentarnos por un momento y reflexionemos sobre cómo hacemos para cambiar el presente, entendiendo que ese cambio debe darse primero a nivel personal, que dejemos de actuar como salvajes y comencemos a renovar nuestra manera de pensar como venezolanos. Esto tampoco tiene que ver con el nivel académico o económico, todas las personas actúan de la misma manera. Hay una frase común la cual repetimos incansablemente que dice “Aquí somos así”, pero debemos hacer un alto y analizar sobre si la manera como estamos actuando es la correcta y de no ser así, comenzar a cambiar. Nuestro país va a progresar en la medida que haya mayor igualdad entre los ciudadanos.

“La palabrota que ensucia la lengua termina por ensuciar el espíritu. Quien habla como un patán, terminará por pensar como un patán y por obrar como un patán. Hay una estrecha e indisoluble relación entre la palabra, el pensamiento y la acción. No se puede pensar limpiamente, ni ejecutar con honradez, lo que se expresa en los peores términos soeces. Es la palabra lo que crea el clima del pensamiento y las condiciones de la acción”.

Arturo Uslar Pietri

Sigamos luchando –así sea como pendejos– por el progreso y el desarrollo de nuestro hermoso país. No es trabajo solo de los gobiernos, también es trabajo de cada uno de nosotros, los herederos de Venezuela, tu Venezuela mi Venezuela.

¡Amemos a Venezuela!

La fábula del pendejo

Se cuenta que en una ciudad del interior, un grupo de personas se divertían con el Pendejo del pueblo, un pobre infeliz de poca inteligencia, que vivía haciendo pequeños mandados y limosnas. Diariamente algunos hombres llamaban al pendejo al bar, donde se reunían y le ofrecían escoger entre dos monedas: Una de tamaño grande de 400 reales y otra de menor tamaño, pero de 2.000 reales. Él siempre cogía la más grande y menos valiosa, lo que era motivo de risas para todos.

Un día, alguien que observaba al grupo divertirse con el inocente hombre, le llamó aparte y le preguntó si todavía no había percibido que la moneda de mayor tamaño valía menos y éste le respondió: Lo sé, no soy tan pendejo, vale cinco veces menos, pero el día que escoja la otra, el jueguito acaba y no voy a ganar más monedas.

Esta historia podría concluir aquí, como un simple chiste, pero se pueden sacar varias conclusiones: La primera: Quien parece pendejo, no siempre lo es. La segunda: ¿Cuáles eran los verdaderos pendejos de la historia? La tercera: Una ambición desmedida puede acabar cortando tu fuente de ingresos. Pero la conclusión más interesante es: Podemos estar bien, aun cuando los otros no tengan una buena opinión sobre nosotros mismos. Por lo tanto, lo que importa no es lo que piensan de nosotros, sino lo que uno piensa de sí mismo.

Clasificación de los pendejos

La situación de incertidumbre que vive Venezuela, ante el silencio del gobierno a tantos problemas que nos afectan, hizo posible que el doctor Arturo Uslar Pietri, al referirse a los niveles de corrupción que hay en nuestras instituciones, dividiera al país en corruptos y “pendejos”. Hoy, el ingenio popular, motivado quizás por las palabras de tan ilustre doctor, ha hecho posible una muy original y picaresca clasificación de los “pendejos”.

A continuación presentamos la “clasificación de los pendejos”:

Rutinario: Aquel que siempre hace las mismas pendejadas.

Exacto: Es el que llega primero a una cita donde nadie va y luego le reclaman que él no fue.

Original: Es el que logra ponerle a sus pendejadas un toque personal. Por eso decimos: “Esa pendejada no pudo hacerla sino Fulano”.

Identificado: El que de lejos parece y de cerca lo demuestra.

Irónico: Es el que deja que lo llamen inteligente, a sabiendas de que es un soberano pendejo.

Completo: Aquel que dice: “Yo de pendejo no tengo ni un pelo”.

Diáfano: El que es pendejo por dentro y por fuera, o sea, que además de serlo se le nota.

Eslabón perdido: Es el que cuando se encuentra a sí mismo, exclama: “Caramba, cómo soy de pendejo”.

A la medida: El que suele decir: “No soy más pendejo porque no soy más grande”.

Disfrazado: Cuando es más pendejo por dentro que por fuera, o sea, que a primera vista no se le nota lo pendejo que es.

El cincuenta por ciento: El que no es ni muy vivo ni muy tonto, sino medio pendejo.

Autónomo: El que comete todo tipo de pendejadas sin consultar con nadie.

Amnésico: Aquel que se olvida de que es un soberano pendejo y hay que estárselo recordando a cada rato.

Larga distancia: Aquel del que decimos cuando lo vemos venir: “Allá viene aquel pendejo”.

Ingenuo: El que además de serlo, cree en las pendejadas de los demás.

Optimista: El que piensa que todos somos tan pendejos como él.

Comparativo: El que piensa que no es tan pendejo como los demás.

Entre otras pendejadas, ¡Qué pendejada la mía!

Christian Cazabonne

En conclusión

No nos queda más remedio que afiliarnos al Partido Único de Pendejos (PUP)

Si vamos a hacernos pendejos, hay que hacerlo bien, con categoría y conocimiento de causa, para que no nos hagan más pendejo de lo que somos.

El PUP es un partido democrático en el que todos debemos estar, porque dadas las circunstancias que estamos viviendo, no nos queda otro remedio que afiliarnos al PUP (Partido Único de Pendejos). Al hacerlo, le entregarán una credencial transparente con la siguiente leyenda: “El portador de la presente ha demostrado plena y satisfactoriamente haber cumplido con todos los requisitos y formalidades para ostentar el título de Pendejo Certificado; no es necesaria la foto del portador, su cara lo identifica plenamente.

El fundador del PUP

La organización denominada Pro Unificación de los Pendejos, mejor conocida por sus siglas, PUP, fue creada a finales de los años 40’s por un pícaro, genial y simpático filósofo popular que en vida llevó el nombre de Hermenegildo L. Torres.

Una de las características que distingue a esta organización es que cuando descubrimos la simpleza de su filosofía, la claridad de sus conceptos y lo práctico de sus consejos, nos induce a aceptar que todos tenemos cabida en el PUP, sin importar el ángulo desde el que se lo perciba.

Don Hermenegildo sabía que sólo cimentada nuestra existencia en una frase filosófica no era suficiente para cambiar el concepto sobre nuestra esencia y modo de vivir, así es que amplió la propuesta socrática y le dio un sentido ameno y picaresco a la cuestión aplicando el siguiente razonamiento: si Sócrates dijo: “Yo sólo sé que no sé nada”, por deducción lógica, puede inferirse que reconoció y confirmó… “Soy un pendejo”. Y si yo, tú, nosotros y ellos aceptamos que somos una cuerda de pendejos, entonces tendremos algo en común que nos hermane, nos iguala como grupo humano en el que todos cabemos, sin distinción de sexo, edad, religión, política, cultura, profesión, oficio. Etc….

La vida y la muerte son circunstancias, por antonomasia, que sitúan a todos los humanos en el mismo nivel. Pero además, el “PUP” nos ofrece una tercera manera de igualarnos: nos invita a aceptar con humildad y resignación no saber nada de nada, condición que nos acerca a todos y cada uno, más que cualquier otra razón o doctrina a una verdad incuestionable: “Yo soy un pendejo!”

El creador del PUP despoja de todo sentido ofensivo o doloso a esta palabra, y la emplea como sinónimo de ignorancia, torpeza, egoísmo, terquedad, arrogancia y mojigatería. Y, apoyándose desde el principio en la teoría socrática, que le marca un límite al saber o al conocimiento humano, hace gala de un sentido festivo, alegre y crítico, pero, al mismo tiempo, constructivo, enfatizando los errores más comunes del género humano. Una de las frases favoritas de don Hermenegildo L. Torres es, sin duda, ésta: “¡Por la dignidad de los pendejos!”, aunque también solía pronunciar con frecuencia esta otra: “¡Por un pendejo mejor!”.

El PUP ha sido fundado con la noble meta de contribuir a crear un ambiente saludable en el diario vivir, exhortando a sus miembros a la plena aceptación de su pendejez.

¡Qué propósito más noble que el de ver a todos los seres humanos como iguales! Sin razas, religión o preferencias sexuales. Todos simple y llanamente como pendejos.

Algunas de sus aseveraciones: “si los pendejos del mundo volaran, oscurecerían al cielo”. Otra: “si a todos los pendejos los encerraran en un corral” ¿Quién cerraría la puerta por fuera?

Según el diccionario de la Real Academia Española, “Pendejo” se le dice al pelo que nace en el pubis y las ingles, pero esta acepción está totalmente en desuso. ¿Quién de nosotros ha escuchado alguna vez a alguien decir que se rasuró sus pendejos púbicos?

Después de que un nutrido grupo de distinguidos miembros del PUP realizaron un extenso estudio y una profunda investigación con la ayuda de disciplinas como la gramática, las etimologías griegas y latinas, la lógica, la hermenéutica e, inclusive, la etiología llegamos a la conclusión de que “pendejo” es una bella, sonora y expresiva palabra, y que sólo aquellos que gozan de un alto índice cultural tienen la capacidad de comprender el alcance de su significado y de su trascendencia.

Además, también dedujimos que este término propicia y genera una mejor comunicación entre todos los seres humanos en nuestro planeta. Es por ello que ya ha comenzado su implementación en los diccionarios de todos los idiomas del mundo. Por lo pronto, los hablantes del esperanto ya lo han incluido en su léxico cotidiano con su carga semántica completa.

Gonzalo López Barradas

 

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