Para comprender el resultado de las elecciones presidenciales en Venezuela

El resultado de las elecciones presidenciales en Venezuela sirve a la performatividad de los discursos en juego: al del Gobierno, al de la oposición abstencionista y al de la que sí se presentó.

Lo que ocurrió estaba previsto en los escenarios bosquejados. Pero en Venezuela las cosas sorprenden porque cambian las formas de presentarse y las interpretaciones terminan trastocando el panorama. Lo del domingo pasado fue sorpresivo porque no hubo derrotados y alimentó tendencias en la misma dirección que traían los actores antes del evento, como si se tratase de una pelea con ganadores y sin perdedores. Luz verde para que todas las tendencias pisen el acelerador.

El primer escenario previsto era el triunfo de Maduro. Pero sorprendió el 68%, una tasa que por alta puede resultar poco creíble, siempre y cuando no se conozca el resultado de la abstención: no se esperaba una tan elevada, se ubicó en el 52% cuando en las recientes presidenciales apenas superó el 20%. Sumó al asombro la decisión de Henri Falcón de desconocer los resultados, porque aunque apenas llegó al 21% de votos, con el llamado contencioso se mantuvo como líder de la oposición electoral en un momento en el que el resto de líderes de la oposición se encuentran en el extranjero.

Estamos en presencia de un resultado que sirve a la performatividad de los discursos en juego. Sirve al gobierno para decir que arrasó y que, por primera vez, un presidente saca un porcentaje tan alto sobre sus competidores. Sirve a la oposición radical, abstencionista, puesto que más de la mitad del padrón electoral prefirió abstenerse y tendrá herramientas discursivas para hablar de “deslegitimación” del proceso. Finalmente, sirve a la oposición electoral, quien no ha reconocido el triunfo de Maduro debido a las “irregularidades” que tuvieron lugar en la jornada, con lo cual intentarán mantenerse en el espectro político demandando nuevas elecciones.

El triunfo estratégico de Maduro se basó en lanzar a la oposición al terreno de la abstención y mover una maquinaria electoral mínima. El triunfo de la abstención se basa en ratificar que la vía debe ser extraelectoral y ofrece oxígeno a los gobiernos del mundo que quieren intervenir en Venezuela. Otra vez en medio, la oposición electoral es la más golpeada, pero con su falta de reconocimiento al proceso electoral entra nuevamente en el juego de la oposición radical.

Amanecerá y Maduro continuará como presidente, y eso tiene como principal responsable al abstencionismo. Una breve comparación con las legislativas de 2015 -donde la oposición sacó 7.700.000 votos- indica que mantener la línea político-electoral hubiera permitido sacar al menos dos millones de votos de ventaja al oficialismo, que obtuvo 6.190.000. ¿Por qué no lo hicieron?

¿CÓMO LLEGÓ LA OPOSICIÓN AL ABSTENCIONISMO?

Desde que a tempranas horas comenzó el proceso electoral, fue evidente que las calles de las urbanizaciones de clase media y alta estuvieron vacías, y que igual suerte corrían otros centros electorales, donde muy pocas personas estaban efectuando el voto. Se planteaba un acatamiento de la línea abstencionista por parte de un buen sector de la oposición.

El resultado de este 20 de mayo no podrá comprenderse si se desconocen los pasos previos que llevaron a esta situación inédita en Venezuela, con respecto a la alta abstención y al elevado resultado del Presidente.

A comienzos de 2016, la MUD (Mesa de la Unidad Democrática, coalición opositora), en medio de un ambiente de victoria, inusitada frente al chavismo, comenzó a presionar por salidas rápidas. El presidente de la AN, Henry Ramos Allup, declaró que su idea era “sacar a Maduro en menos de seis meses”, lo que no estaba contemplado ni en la Constitución ni en las leyes. El Tribunal Supremo de Justicia declaró en desacato a la Asamblea Nacional el 9 de diciembre de 2016.

La oposición pisó el acelerador. El 9 de enero de 2017 la nueva directiva de la Asamblea Nacional, presidida entonces por Julio Borges, declaró la falta absoluta del Presidente y su abandono del cargo.

A partir de allí comenzó una pugna institucional que explotó durante el segundo trimestre de 2017 con la violencia de calle -“guarimbas”- como protagonista y con el liderazgo político opositor llamando a manifestaciones. Henrique Capriles, principal líder opositor, fue inhabilitado por la Contraloría General para cargos de elección, hecho que lo alejó de una estrategia política-electoral y lo sumó a los actores que promovían una salida violenta. Hasta allí llegó la estrategia electoral de la MUD.

MADURO SORPRENDE

Después de las mencionadas legislativas de 2015, la crisis económica se agudizó rápidamente y hubo desajustes institucionales que hicieron ver al gobierno en franco deterioro, no solo económico, sino político. Parecía venirse abajo.

Maduro emprendió una estrategia en alianza con los militares y la institucionalidad levantada durante el gobierno de Chávez y el suyo propio, que les fortaleció internamente ante las declaraciones de la oposición y sus aliados internacionales que subían su tono.

La respuesta a este levantamiento de calle de 2017 la diseñó Maduro por la vía de la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) y logró descolocar a la MUD (Mesa de la Unidad Democrática, coalición opositora) al punto de no saber cómo responder ante el llamado de elecciones de gobernaciones (septiembre 2017), alcaldías (diciembre 2017) y ahora presidenciales. En 2017 la ANC declaró improcedente el triunfo del opositor Juan Carlos Guanipa, por no haberse juramentado en su seno, mientras los otros cuatro gobernadores de oposición sí lo hicieron. Las diferentes tendencias de la oposición tuvieron respuestas disímiles y prefiguraron diversas vías que disolvieron el escenario electoral de un posible triunfo.

Aunque parezca debilitado por la alta abstención, el resultado se muestra suficiente para los planes de Maduro. Hace tres días la BBC titulaba un artículo: “Maduro ha mostrado ser un político más astuto de lo que muchos pensaban”. Ciertamente, muchos actores en el mundo van a entender tarde que la situación en Venezuela es más compleja que lo que perfilan las informaciones que giran en contra de Maduro y sobre la situación en Venezuela, o que hay factores de poder que deben tomarse en cuenta, como la misma oposición y sus procesos internos, y la hegemonía chavista dentro de las Fuerzas Armadas y buena parte de los sectores populares.

Grupo de Lima

¿QUÉ PASARÁ AHORA?

Maduro minimizará la importancia de la abstención y el reclamo electoral, sabrá neutralizarlo discursivamente y en la política interior. Pero aún desconocemos la respuesta de Estados Unidos y sus aliados, que de arremeter económicamente con un embargo o bloqueo pueden terminar de empujar a Venezuela hacia el abismo económico. Marco Rubio ha dicho hoy: “Maduro ha hecho lo que esperaba, mañana Estados Unidos responderá”. Pero también es cierto que Marco Rubio y un conjunto de funcionarios han realizado importantes amenazas desde hace mucho y aún no terminan de actuar directamente. ¿Es posible que esta vez sea diferente?

Con el resultado de la alta abstención, la oposición radical tiene más argumentos para esperar un Día D parecido al de Panamá en 1989. Mientras tanto, el gobierno ha logrado un nivel de atornillamiento que después de este evento está más cerca de procesos de “perpetuación atemporal”, como en Cuba y México. En ambos los partidos de gobierno han tenido la hegemonía total. En el caso de Cuba desde el año 59, y el PRI de México desde 1929, con un breve intersticio de cuatro años.

Ociel Alí López

* Sociólogo, analista político y profesor de la Universidad Central de Venezuela

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