PM atropella sin disculpas: ¡Brexit o muerte!

Es la lengua suelta la que domina la política en el Reino Unido (UK) esta semana con la reanudación de parlamento. Los diferentes partidos de oposición soltaron su ira contra Boris Johnson, primer ministro (PM) por suspender el parlamento. Los decibeles del antagonismo e insultos han crecido. Muchos miembros de la oposición, sobre todo los que han figurado más en los debates de la Cámara de Comunes para evitar una salida (Brexit) sin acuerdo el 31 de octubre reportan amenazas de muerte e incluso amenazas contra miembros de su familia. El lenguaje agresivo del primer ministro no ayuda en nada. No ofrece disculpas: sigue su táctica de presentar el problema como el de parlamento contra la voluntad del pueblo. Descalifica las acusaciones de los parlamentarios como “embustes” y la oposición como “traidora” y “entreguista”.

A favor del Brexit

Los que apoyan la salida, en su mayoría gente de edad y blanca, pecan de una mentalidad de “querer recuperar el país” pero la pregunta por supuesto es: ¿qué país quieren? Queremos un Reino Unido posguerra y blanco antes de la llegada de negros del Caribe, una época cuando prosperaban las industrias básicas produciendo para las colonias textiles, cerámicas, maquinarias y repuestos, e industrias básicas de minería y hierro, industrias que ya no existen gracias primero a la descolonializacion y el fenómeno llamado globalización. Las colonias independientes buscaron mercados más cercanos y las compañías británicas fueron incapaces de competir con la producción más barata de China y países del oriente. Exportaciones a las colonias cayeron y el país tuvo que recurrir a nuevos mercados y por la tanto, quiso entrar en el naciente Mercado Común de Europa. Ese grupo de ciudadanos que anhela el retorno al pasado creen que con Brexit aquellas industrias resucitaran.

Nigel Farage

Es comprensible el dolor y angustia de este sector: han visto muchas cosas de su cultura desaparecer y hordas de extranjeros entrar y transitar sin control alguno, inmigración sin freno fomentada por los últimos gobiernos que favorecieron la privatización de la economía. El problema es que este sector no quiere reconocer que el país ha cambiado y su propio rol en dejar que las cosas pasaron al votar por los gobiernos responsables porque han gozado de beneficios asegurando cierto nivel de vida. Rehúsan reconocer la emergencia de otra clase de trabajadores, extranjeros de la llamada “gig economy” traducida como “economía por encargo”, el turismo y hospitalidad. Sin duda en una futura elección se sabrá la fuerza o no de este sector con la suerte del Partido Brexit y su líder, Nigel Farage quien se ha vendido con éxito el mensaje que la Unión Europea (UE) es culpable por muchas de las cosas que está pasando ahora.

Boris Johnson

Mientras tanto, este gobierno sigue con los mismos escándalos y canalladas de siempre. Por ejemplo, una ministra admite públicamente que en tres ocasiones ha roto la decisión de parlamento de no vender más armas y repuestos militares a los saudíes. A pesar de las críticas del año pasado se ha notado un aumento de los ricos del mundo comprando las llamadas “visas de oro” pagando e invirtiendo cierta cantidad de millones en el país. El ministro para veteranos y personal militar ha sido acusado de romper el código ministerial trabajando para una compañía que gana cerca de $100.000 al año. Era director de una compañía que entrena personal militar jubilado en ciber-seguridad. El problema es que aquella compañía ha recibido dinero público de un fondo del gobierno que también fundó un start-up de una amiga de Boris Johnson cuando fungía como alcalde de Londres. La estadounidense recibió una beca de 100.000 libras; los tabloides han revolcado en el escándalo sugiriendo que la señorita le devolvió el favor. Johnson se deshace del problema alegando que a la gente le interesan más las soluciones a sus problemas. Para rematar una periodista acaba de acusar a Johnson de apretarle el muslo bajo la mesa durante un almuerzo veinte años atrás cuando él era editor de The Spectator. Escándalo tras escándalo y disculpa ninguna.

Priti Patel

Priti Patel, ahora ministra del interior está bajo la lupa de nuevo por sus relaciones con personajes israelíes y saudíes Tuvo que renunciar su cargo de secretario de estado del departamento de ayuda internacional en 2017 después de la revelación que atendió encuentros con políticos y hombres de negocios israelíes con intereses en África sin autorización de su gobierno británico. Su contacto es un hombre de negocios israelí que hizo su fortuna vendiendo helicópteros a Angola y discutieron, según un informe, inversiones en proyectos para construir viviendas en África. El saudí es socio de esta compañía israelí y le facilitó una invitación a asientos de lujo en club hípico Royal Ascot. El presidente honorario de los amigos conservadores de Israel organizó el viaje secreto de la ministra a Israel.

Patrick O´donoghue

Patrick.vheadine@gmail.com

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