¿Qué hacer con los venezolanos en Colombia?

Del otro lado de la frontera

“No le prometan a los venezolanos las cosas básicas que a los colombianos les han negado históricamente. No se burlen más de sus sueños y de los nuestros”

La crisis socio-política que atraviesa actualmente la hermana república de Venezuela impacta de forma directa a millones de colombianos en diferentes aspectos, el más notorio de ellos es la migración de venezolanos a nuestro territorio.

Según el informe de Migración Colombia, durante 2017 ingresaban al país alrededor de 2.180 venezolanos diariamente, completando así la cifra de 796.000 en todo el año ¡dato insólito y sin precedentes! Muchos de estos migrantes solo hacían tránsito hacia otros países mientras que unos 520.000 se quedaron en Colombia definitivamente. Si nos detenemos a pensar en la cifra, es comparable al número de habitantes de Bucaramanga, de ese tamaño es la problemática.

Pero, esto no es solo culpa de la crisis, pues muchos de los venezolanos que han llegado a Colombia lo hicieron engañados por unas supuestas garantías que les ofrecían funcionarios de nuestro país, engañados por discursos populistas que hoy están costando vidas y tragedias familiares.

Solo falta dar un repaso a las noticias para ver ese populismo incitando al exilio y prometiendo un país de puertas abiertas con oportunidades para todos, una tierra prometida de campos de leche y miel que no ha existido nunca y no ha estado al alcance siquiera de los nacionales.

No obstante, ahí estaban los noticieros colombianos, relatando la tragedia venezolana y poniendo al micrófono a esos políticos de derecha que sin ruborizarse prometían “recibir de brazos abiertos a todos los que no se aguantaran más el régimen de Maduro”. Por ese micrófono pasaron los Vargas Lleras, los Uribe Vélez, Ordóñez, Pastrana y cuanto político con aspiraciones electorales.

Entonces, empezaron a salir alcaldes como Peñalosa lanzándose al agua y diciendo: “[…] los venezolanos son hermanos; yo le recomendaría al Gobierno Nacional, al Congreso que expidiéramos una ley que cualquier venezolano pudiera tener la nacionalidad automáticamente, nosotros aquí los recibimos en los jardines sociales, en los colegios, les damos atención médica, como si fuera cualquier colombiano, aquí le damos la bienvenida a los venezolanos”.

Pero a los tres días veíamos en noticias como eran golpeados por la policía decenas de colombianos y con ellos muchos venezolanos que habían iniciado ventas ambulantes en el centro de la capital, mientras les eran quitadas sus pocas pertenencias, pisoteados y maltratados. ¡Así es Peñalosa, no se esperaba menos! ¡Con una mano les daba la bienvenida mientras en la otra mano ocultaba el bolillo con el que luego los reprimiría!

También pasó lo mismo con la ministra de Relaciones Exteriores María Ángela Holguín quien con tono populista dijo: “Le vamos a resolver la vida a todos los venezolanos que se vengan a vivir a Colombia”.

En un país medianamente serio el mismo Presidente debía solicitarle la renuncia a su ministra por mentirosa, ¿cómo se atreve a prometer resolver los problemas de los venezolanos si no ha sido capaz de resolver la infinidad de problemas que tenemos los colombianos? ¿Qué ha hecho la ministra para resolver la situación de miles de colombianos en el exterior para que les firmen un documento en una Embajada para poder trabajar? ¿Qué ha hecho por los niños que diariamente mueren en la guajira en territorio de frontera por física hambre? ¿Dónde estaba la ministra cuándo en el litoral pacífico y la frontera con Panamá aparecían diariamente muertos en casas de pique en un territorio dominado por el narcotráfico? Y peor aún, ¿qué hizo la ministra de Relaciones Exteriores para interceder por los más de 600 venezolanos que estaban hacinados y a la intemperie en un parque de Cúcuta antes de que deportaran a la mayoría de ellos regresándolos a su realidad?, ¿dónde estaba cuando habitantes enardecidos les lanzaron bombas incendiarias para que desalojaran el parque?

Ahora entendemos porque al finalizar el año la canciller cambiaba su discurso diciendo: “La llegada de venezolanos a Colombia ‘complica’ el posconflicto”. Entonces les trasladó la culpa de nuestros problemas a los vecinos caídos en desgracia, migrantes sin tierra. ¿Cómo creerle al Gobierno ante el uso del populismo y titulares mentirosos?

No estén prometiendo en nombre del país lo que no pueden cumplir y no jueguen con la crisis y los sueños de venezolanos que buscando un mejor futuro vienen a Colombia a padecer peores tratos que los sufridos en su propio país.

No le hagan ver al mundo que somos solidarios y capaces de recibir a la población venezolana cuando lo cierto es que acá en Colombia a diario siguen muriendo personas en las puertas de los hospitales esperando atención, donde millones se levantan a buscar trabajo sin encontrarlo, donde a los profesionales se les contrata como mano de obra barata sin reconocer sus estudios, el mismo país que se debate entre buenos y malos visceralmente. No le hagan el daño a los venezolanos de impedirles luchar por defender lo poco que tienen para que se vengan engañados a morir en medio de la indiferencia de los gobiernos, políticos corruptos y una sociedad que como la nuestra y por causa de todas esas carencias descritas anteriormente se acostumbró a la indiferencia. Un país que en sus propias luchas y desdichas arrincona a venezolanos en condiciones aún peores volviéndolos víctimas y victimarios para luego culparlos por todo lo que sale mal.

No le prometan a los venezolanos las cosas básicas que a los colombianos les han negado históricamente. No se burlen más de sus sueños y de los nuestros.

Nelson Villarreal

 

 

Un comentario sobre “¿Qué hacer con los venezolanos en Colombia?

  • el marzo 4, 2018 a las 8:08 pm
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    Una dura experiencia para los venezolanos. Sin embargo representa una magnífica lección que nos permite tomar conciencia de lo que significa ser un inmigrante. A estos, les hemos visto llegar por décadas a Venezuela, de diferentes nacionalidades y por diferentes motivos. Aún así, no podíamos saber lo que se siente hasta pisar tierra ajena, sentir lo que siente “el otro” en su realidad y ahora escuchar al que está en su tierra.
    Estamos viviendo un ciclo por el que ya han pasado los países ahora anfitriones de venezolanos migrantes. Sin duda un necesario entrenamiento para la fortaleza nuestra mente colectiva.

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