Se cumplen tres años de la marcha de Galeano + (Video)

El 13 de abril de 2015 nos dejaba una de las plumas y de las voces más comprometidas de América Latina.

Le rendí un sencillo homenaje unos días después de su fallecimiento tras haber reflexionado sobre quién fue y lo que supuso Eduardo Germán María Hughes Galeano para América Latina y para la historia. Creo que tres años después de su marcha, se merece que le vuelva a dedicar aquellas palabras y algunas más para devolverle a una actualidad en la que sigue estando muy presente. Con mi admiración y respeto por uno de los personajes más relevantes de las letras en lengua castellana del último medio siglo.

El siglo XXI, paradójicamente el nombre de la editorial que ha publicado casi todos los trabajos del insigne autor uruguayo, no está siendo un gran siglo. Y no lo es en parte por pérdidas como la que supuso para la historia y la crítica social la marcha de Galeano. Como se recoge en su libro póstumo “El cazador de historias”, las pequeñas pulgas siguen soñando con su perro ideal y los nadies no han conseguido ser alguien.

Galeano fue primeramente dibujante y periodista. Trabajó en el semanario uruguayo Marcha, compartiendo páginas con otras ilustres plumas como Juan Carlos Onetti o Mario Benedetti. Decía que se hizo periodista para entrar en la realidad, porque sentía pasión por las noticias de carne y hueso.

Su prosa me ha guiado desde que leí, cuando era estudiante de sociología en la Complutense, aquel imperecedero “Las venas abiertas de América Latina”, el texto que Hugo Chávez le regaló en una ocasión a Barack Obama para que se instruyera sobre el continente.

A su muerte le escribí desde las entrañas, en un lugar que no encontraba y en el que se me juntaban los pensamientos con los sentimientos y estos con las vísceras y ellas con el dolor y todo ello con la alegría. Dolor egoísta porque ya no nos hablará más de la necesidad de la utopía y su sentido para que sigamos caminando, y alegría generosa por contar con las letras de sus libros y las palabras de sus mensajes que nos han acompañado y acompañarán siempre.

Eduardo Galeano fue una de mis entrevistas que reposarán para la eternidad en el tintero. Aunque siempre estaba dispuesto a conversar y a participar en cuantos eventos le invitaban, no era fácil conseguir entrevistarle. En 2008, después de años de intentarlo y a través de la responsable de prensa de su editorial en España, accedió a concederme una entrevista. Pese a estar en Madrid, las múltiples obligaciones y compromisos le hicieron responderme que tenía que ser por correo electrónico y centrarse principalmente en ese texto. Siempre me he peleado con las entrevistas por cuestionario o a través de otros medios que no sean la presencia física que te permite compartir miradas, gestos, voces y silencios. Así que no la hice y él me respondió que entonces me tocaba ir a Montevideo a hacérsela. Nunca llegó a darse ese momento.

Le he leído y le he seguido siempre que he podido. Le vi en La Habana en 1999 cuando leyó su “Libro de los abrazos” en la Casa de las Américas en el marco del Congreso Cultura y Desarrollo; en Rivas Vaciamadrid en 2006 durante el II Foro Social Mundial de las Migraciones, aunque en esa ocasión mandó su intervención grabada en vídeo; en la Casa de América de Madrid en 2008 cuando presentó sus “Espejos”, y le volví a ver y a escuchar en el Círculo de Bellas Artes en Madrid en 2009 cuando le entregaron la medalla de oro de esa institución cultural.

He recurrido a sus textos en multitud de ocasiones, he compartido sus ideas y aquellas críticas que hacía, desde los tiempos de la teoría de la dependencia, a las desigualdades, a la tecnología y a ese desarrollo que producía en su viaje alrededor del mundo más náufragos que navegantes. De hecho añado su derecho de soñar a la Declaración Universal de los Derechos Humanos cuando les hablo de este tema a mis estudiantes. Lo llamo el artículo especial y lo expreso así:

  1. Toda persona tiene el derecho de SOÑAR. 2. Un derecho moral, irrenunciable e intangible de la ciudadanía mundial. 3. Conlleva imaginar que tenemos todos aquellos derechos que nos merecemos y que, a veces, nos niegan.

Esta declaración de treinta más un artículos la acompaño con el video en el que lee, con fondo musical de piano, su texto “El derecho al delirio” que forma parte del libro “Patas arriba, la escuela del mundo al revés”.

Galeano era nuestro Chomsky latino, pero con una prosa poética acerada y acertada que disparaba siempre al corazón de las injusticias. Cuando presentó “Espejos, una historia casi universal”, escribí para Tribuna que él “critica la hipocresía, la desmemoria y el olvido, y denuncia esos largos períodos de amnesia que sufre el Norte del mundo”, que con ese libro quería “pisar fuerte para dejar una huella que haga que la gente que hay dentro de los espejos de la historia, pero que la historia oculta, salga a la luz”.

Pero es que Galeano siempre peleó contra la amnesia y contra la mentira, siempre luchó por reconstruir la historia, siempre nos habló y nos escribió sobre los nadies, sobre los excluidos, sobre los vagamundos. En “Los hijos de los días”, en la fecha del 13 de abril vuelve a hablar de la memoria que los poderes ningunean y la historia esconde. El breve texto se titula “No supimos verte” y dice así:

“En el año 2009, en el atrio del convento de Maní de Yucatán, cuarenta y dos frailes franciscanos cumplieron una ceremonia de desagravio a la cultura indígena: –´Pedimos perdón al pueblo maya, por no haber entendido su cosmovisión, su religión, por negar sus divinidades; por no haber respetado su cultura, por haberle impuesto durante muchos siglos una religión que no entendían, por haber satanizado sus prácticas religiosas y por haber dicho y escrito que eran obra del demonio y que sus ídolos eran el mismo Satanás materializado. `Cuatro siglos y medio antes, en ese mismo lugar, otro fraile franciscano, Diego de Landa, había quemado los libros mayas, que guardaban ocho siglos de memoria colectiva.”

A lo largo de su vida y de sus obras, Galeano nos ha puesto el mundo patas arriba; nos ha enseñado a mirarnos en los espejos de la historia; nos ha mostrado los abrazos; ha hecho andar a las palabras; nos ha abierto las ventanas sobre el tiempo; nos narró los días y las noches de amores y guerras; nos contó, en 366 recuerdos, de las y los hijos de los días; nos voceó, cual cronista radiofónico deportivo, sobre una de sus pasiones, el fútbol al sol y a la sombra, y también nos cantó de nuestras canciones, de mujeres y de las memorias del fuego.

Me resultaría muy difícil elegir un solo texto suyo. Pero me gusta recordar lo que publicó en el periódico mexicano La Jornada en febrero de 2005, porque en “don Quijote de las paradojas” referencia a otro de mis personajes favoritos. Allí decía, entre otras cosas, “Está visto, y los ciegos lo ven, que cada persona contiene otras personas posibles, y cada mundo contiene su contramundo. Esa promesa escondida, el mundo que necesitamos, no es menos real que el mundo que conocemos y padecemos. Bien lo saben, bien lo viven, los aporreados que todavía cometen la locura del volver al camino, una vez y otra y otra, porque siguen creyendo que el camino es un desafío que espera, y porque siguen creyendo que desfacer agravios y enderezar entuertos es un disparate que vale la pena (…) Navega el navegante, aunque sepa que jamás tocará las estrellas que lo guían.”

En una de las múltiples entrevistas que le hicieron a lo largo de su vida declaró que “Sólo los tontos creen que el silencio es un vacío. No está vacío nunca. Y a veces la mejor manera de comunicarse es callando”. Él ocupa ahora un espacio que está lleno de sus palabras y sus silencios, que dicen más que callan.

Tras su muerte se afirmó que el mundo de la intelectualidad se había quedado huérfano, pero creo que no es cierto, precisamente somos muchas y muchos los que hemos “mamado” y “bebido” de los escritos suyos y pienso que hemos tenido mucha suerte de haber sido tan bien alimentados. Ha sido un honor contar con él. Que si orfandad, que si día luctuoso, que si… yo creo que hay que celebrarle como expresaba en ese derecho al delirio que nos proponía para adivinar otro mundo posible “la perfección seguirá siendo el aburrido privilegio de los dioses; pero en este mundo chambón y jodido, cada noche será vivida como si fuera la última y cada día como si fuera el primero”.

Así que, seamos celebrantes de haber tenido el enorme gusto de compartir su tiempo, de haberle visto, leído y oído.

Iñaki Chaves

 

 

 

 

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