¡Sexo… soporífero!

En un mundo donde los hombres presumen de tener poderes sobrenaturales de la cintura para abajo, que un sexólogo proclame que “los hombres no somos máquinas sexuales” es una verdadera confesión. Reconocer que pueden tener malas tardes por cuenta de flaccideces pasajeras o permanentes es un avance, máxime cuando en privado la impotencia es, quizás, una de las molestias que más preocupan a los varones adultos. La sola aceptación implica buscar la ayuda de especialistas y el uso de medicamentos; en ese terreno, su pareja puede serle de gran ayuda, claro, siempre y cuando ellos dejen de escudarse en disculpas tontas para esconder las fallas de sus astas.

La sexualidad es algo tan natural que ejercerla a cabalidad exige, además de claridad y sinceridad, la aceptación de que, por magos que se crean, está lejos de ser una tarea individual. ¿Quién mejor que la pareja para celebrarles sus triunfos o acompañarlos en sus frustraciones bajo las sábanas?

Once antídotos para una sexualidad desanimada

Algunas parejas encuentran que, independientemente de lo mucho que se aman, la pasión está en un punto bajo. El sexo, aunque no desaparece, disminuye… ¡y el aburrimiento se mete en la cama! Las cosas cotidianas los alejan de la sexualidad, la gimnasia del domingo es más importante que desayunar juntos en la cama y mirar tele es más atractivo mimarse en el living o pasear juntos a la luz de la luna. Ocurre, y mucho. Pero las cosas no necesariamente tienen que ser así. El sexo en una pareja que convive no tiene por qué ser aburrido, ¡y el desgano no tiene por qué ser el destino obligado de toda relación duradera! ¿Cuál es la solución? En principio, usar la cabeza y la imaginación, y probar con estos 11 consejos:

1. Concentrarse en los sentimientos placenteros y disfrutarse mutuamente. La falta de concentración en lo que está pasando puede ser un síntoma sutil del aburrimiento sexual. Cuando no nos concentramos, quedamos fuera de la escena y cuando quedamos afuera, es fácil sentirse desganado. El buen sexo requiere poder concentrarse en la situación con el otro y trascender la frontera del sí mismo. Muchas cosas pueden distraernos: culpa, vergüenza, las preocupaciones sobre el propio cuerpo, los conflictos del poder, el resentimiento, etc. Y la mejor manera de desprendernos de las distracciones es reconocer que están y dejarlas ir.

2. Tocarse y acariciarse más a menudo. Un buen primer paso es recrear mentalmente aquellos primeros encuentros apasionados y compararlos con lo que está pasando ahora. Encontrar cuáles son las diferencias y localizar qué está faltando. Proponerse un masaje sensual que permita contactarse con todas las partes del cuerpo y no dejar pasar la ocasión de acariciar, besar y tocar, aun cuando se esté en situaciones que no permitan un encuentro erótico.

3. Hacer una lista. Imaginen su última relación sexual y concéntrense en todos los detalles de lo sucedido. Luego, hagan una lista de tres columnas: en la primera, pongan las caricias que disfrutan y quieren conservar; en la segunda, una lista de caricias descartables y, en la tercera, una lista de las cosas que faltan y que les gustaría introducir en su vida sexual. Luego conversen ambos sobre los resultados. Presten atención a sus propios deseos y a los de su pareja, y traten ambos de incluir estos nuevos pedidos en las próximas relaciones.

4. Disfruten de los placeres de la vida. Piensen en convertir pequeñas cosas cotidianas en pequeños placeres sensuales. Elijan una actividad cada día tratando de convertirla en lo más sensual posible. En lugar de bañarse rápidamente, háganlo de modo de sentir el contacto del agua en su cuerpo y todo el placer que ello despierta. Lo mismo puede lograrse tomando un té, caminando, etc. ¡Focalizar en una actividad placentera todos los días puede ampliar la gama de placeres!

5. Cuiden y redescubran su cuerpo. Tómense un tiempo todas las semanas y aprovechen para mirarse al espejo, ver qué cosas necesitan hacer para aceptarse más y estar más cómodos en él. Encrémense, relájense, cuídense. Sentirte bien les va a ayudar a sentirse bien con el otro.

6. Dejen que la mente vuele. Pongan una música suave, cierren los ojos ¡y dejen que su mente se llene de imágenes eróticas! Las fantasías sexuales les ayudarán a relajarse y a disfrutar del placer sexual. En la medida en que experimenten con diferentes imágenes, ¡van a encontrar que algunas son más excitantes que otras! Las fantasías pueden tomar diferentes formas: desde muy románticas hasta muy explícitas. No son peligrosas; fantasear no significa concretarlas en la realidad. ¡Pero son un potente afrodisíaco que tienen a su disposición!

7. Dense permiso para sentirse sexys. Los sentimientos sexuales son una fuente de energía positiva. Si se desembarazan de viejas culpas, prejuicios y tabúes es posible que dejen salir a la persona sexy que existe en ustedes (¡la gente sexy busca oportunidades para estimular su erotismo, mantener relaciones sexuales y divertirse con el sexo!). ¿Por qué no quedarse en la cama una mañana del fin de semana disfrutando de la mutua compañía, ver juntos una película erótica, escaparse un fin de semana sin niños o dormir alguna noche en un lugar diferente?

8. Cuéntense un cuento. Compartir historias sexuales es una de las tantas actividades divertidas que pueden hacer. Los cuentos pueden ser inventados y disfrazados, propios o ajenos. En principio, buscar los más divertidos. Se puede empezar por situaciones infantiles y adolescentes. No asustarse si en el transcurso aparecen escenas dolorosas o complicadas que también es positivo compartir. Es interesante que sean breves e intercambiar historias. Que el otro también les cuente.

9. Jueguen. ¡Sin juego el sexo pierde su creatividad y ciertamente se torna aburrido! Y jugar es divertirse, hacer cosas infantiles, cosas que sólo la intimidad permite, ponerse ropas distintas, jugar a ser una persona diferente, recrear personajes. A algunos les gusta jugar al “doctor”, otros prefieren ser la “profesora y el alumno”, etcétera. Son también interesantes los juegos fuera del dormitorio, que no son específicamente sexuales, pero permiten a una pareja divertirse, reírse, hacerse trampas, competir, como jugar a las cartas, al tenis, al golf, etc.

10. Los afrodisíacos verbales. El lenguaje del amor es una parte importante del juego sexual. Los varones y las mujeres nos excitamos a menudo con palabras diferentes. Culturalmente, ellos están acostumbrados a palabras fuertes que a veces nos resultan incómodas, expresiones más directas o nombres vulgares de genitales y de partes del cuerpo. A muchas mujeres les excitan frases más románticas, piropos y cosas que les halaguen. Esto no quiere decir que siempre suceda así y que no puedan encontrar un lenguaje común, excitante para ambos. Los sonidos del amor, susurros, jadeos, suspiros son excitantes para ellas y ellos. Por otro lado, al producirlos también aumenta la excitación.

11. No olvidar el romance. Construir un romance es repetir las cosas que hacen los enamorados. Las cosas del amor cotidiano, la notita, los besos, las invitaciones especiales, la comida exótica, el llamado telefónico, etc. Mantener el clima del afecto y la seducción a veces da trabajo, pero el resultado es muy gratificante. ¡Coquetear y seducir, avanzar y retroceder, crea escenas y espacios para un nuevo encuentro! ¡Claro que es reconfortante encontrar la pasión perdida!

Fabricio Yarica

 

 

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