The Guardian: periódico británico liberal

El libro de Alan Rusbridger se llama: Noticias de última hora. Rehaciendo el periodismo y porque es importante hoy. Es como una memoria del exeditor del periódico británico The Guardian sobre un periodo de 20 años y su paso por la revolución de los medios comunicacionales y como los diarios británicos de gran formato trataron de no perder sus lectores. The Guardian es diferente de los otros periódicos porque no tiene dueño como tal sino que es dirigido por un comité que actúa como tipo de fondo fiduciario. Es interesante el origen y misión del periódico catalogado políticamente como “liberal”.

John Edward Taylor

El fundador de The Guardian fue John Taylor, un hombre de negocios de la ciudad de Mánchester quien peleaba por una reforma parlamentaria y quien estaba presente en lo que la historia llama la Masacre de Peterloo el 16 de agosto de 1819 en una plaza de Mánchester, cuando 60.000 personas pacíficas se congregaron para escuchar un discurso sobre la igualdad de derechos, el voto universal, la reforma parlamentaria y el fin del trabajo infantil. Los magistrados de la ciudad ordenaron a la milicia de interrumpir el mitin temiendo una insurrección. El resultado: 400 heridos y 11 muertos. El autor comenta que en ese época la frase “noticias falsas (fake news)” no había sido inventado pero Mr. Taylor sabía lo que iba a pasar… las autoridades iban a mentir sobre lo que pasó. Acertó; dijeron que actuaron en defensa propia, que fueron atacados por la chusma y que tuvieron que sacar sus espadas para defenderse. Taylor escribió una carta con su versión de los eventos y comprendió la importancia que tienen los “hechos” y gracias a él el país supo lo que realmente pasó aquel día. Dos años después fundó su propio periódico, The Manchester Guardian. Al casar los Taylor con los Scott, estos últimos se convirtieron en dueños del periódico. El primer editor C.P. Scott murió en 1932.

C.P. Scott

La familia decidió poner el periódico en fideicomiso en 1936, manteniendo la visión original de Taylor que The Guardian fuese un servicio público y la ganancia secundaria. El Comité Scott admitió que el periódico es un negocio pero pensaba que era una institución que debe reflejar e influir en la vida de toda una comunidad. No ha sido fácil para el periódico liberal porque, como a diferencia de otros periódicos británicos, enfrentó la impopularidad oponiéndose a la guerra que los britanicos libraron contra los colonos holandeses (Boers) en África del Sur, exponiendo la existencia de campos de concentración y también en 1956 condenando la aventura de los británicos en el canal de Suez contra Egipto. Después expuso las condiciones laborales en el África del Sur del Apartheid y corrupción en el Parlamento británico. Rusbridger proclama que como editor trató de ser fiel a la misión de los fundadores, de dirigir un servicio público.

El autor traza la dificultad de muchos broadsheets de no perder lectores ni entradas por avisos. Todos los medios impresos sufrieron con la llegada de los llamados medios sociales que poco a poco lograron captar las fabulosas sumas de dinero provenientes de los avisos. Como menos gente compra y lee periódicos impresos, los empresarios y agencias de publicidad llegaron a la conclusión que alcanzarían mas gente anunciando en los medios sociales. En fin muchos periódicos tiraron la toalla o trataron de sobornar lectores para sobrevivir. La reacción de la mayoría de periódicos abriéndose al mundo de Internet y publicando ediciones online era de no cobrar esperando captar audiencias para cobrar más adelante bajo el lema “reach before revenue (alcanzar antes de cobrar)”. Esfuerzos de cobrar por servicios online (pagar suscripciones) no han dado resultados.

Miguel Salazar en the Guardian Office

The Guardian no optó por suscripciones como The Times de Londres o The New York Times y al final salió con la idea de cobrar por grados de membrecía, es decir un monto anual por ser amigo del periódico o miembro pleno.

Durante su tiempo como editor Rusbridger puso el periódico como líder de periodismo investigativo. Con exclusivas como: “pincha escuchas” o piratería de celulares practicada por el tabloide The Sun del magnate mediático Richard Murdoch, las revelaciones de Wikileaks de Julián Assange, Los Papeles de Panamá y los emails de Snowdon y la captura de datos de Facebook por Cambridge Analitica. Pero quizás su logro más importante fue de convertir The Guardian en el tercer periódico más importante del mundo de habla inglesa con ediciones únicas para UK, Australia y EEUU.

Sin embargo, el libro no cobra su fracaso de Rusbridger en conseguir un puesto en el comité Scott por la oposición de la nueva editora y algunos periodistas del mismísimo Guardian.

Más análisis del libro la próxima semana y las contradicciones con la cobertura de The Guardian en Venezuela.

Patrick O´donoghue

Patrick.vheadine@gmail.com

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