Turkmenistán, otro país rico en hidrocarburos al borde de la quiebra

Estanterías de supermercados vacías, colas para comprar comida, productos de contrabando, éxodo generalizado… La República de Turkmenistán es el cuarto país con las mayores reservas de gas natural, pero su gente está al borde de morirse de hambre, según publica el periódico ruso Izvestia.

Un verdadero régimen

Turkmenistán, que logró la independencia de la URSS en 1991, es uno de los países más herméticos del mundo. El Estado, muy autoritario, aplica una severa censura a todos los aspectos de la vida que algunos comparan con la de Corea del Norte. Si bien hace tres o cuatro años la intransigencia del régimen se compensaba con una economía próspera pese a los salarios bajos –la electricidad, la gasolina, el gas, el agua o incluso la sal los pagaba el Estado–, a Turkmenistán se le está acabando la fiesta.

Hacia septiembre la situación empeoró drásticamente. El presidente, Gurbangulí Berdimujamédov, dejó de subvencionar todos esos servicios básicos, lo que repercutió en la población y se unió a una tasa de cambio de la moneda del país –el manat turcomano– muy inestable respecto al dólar, explican en Izvestia. De los 9,8 manates por dólar de principios de 2018 se ha pasado a 18 manates por dólar a principios de octubre.

Asjabad Turkmenistán

Bocas que alimentar

Los productos de primera necesidad se están llevando la peor parte. En las tiendas de Estado, en las que los productos son mucho más baratos por ser subvencionados y donde los precios son fijos, las estanterías se están quedando vacías e incluso no hay suficiente harina para todos. Fuera de la capital, Asjabad, para comprar pan se necesita el pasaporte y hay colas de un mes para comprar harina. En los demás establecimientos es incluso peor.

“En las tiendas particulares no hay límite para la venta de alimentos, pero los precios están por las nubes. El kilo de harina kazaja ha pasado de costar 4,8 manates en marzo a ocho manates –unos 2,30 dólares– en octubre. Dos kilos de harina proveniente de Rusia en marzo costaban entre 21 y 26 manates y, en octubre, han pasado a costar 39, unos 11 dólares”, explican en Izvestia.

El precio de la carne también se ha disparado. El kilo de lomo de ternera cuesta 38 manates en las tiendas que no son del Estado. El kilo de mortadela vale 37 manates y, el de muslo de pollo 21 –unos seis dólares–. Por si fuera poco, no venden más de dos kilos de patas de pollo por persona.

Sin embargo, no solo la alimentación está sufriendo. El precio del tabaco también está por las nubes porque en las tiendas del Estado hace dos meses que no hay. Setenta manates -20 dólares- es lo que cuesta el paquete de tabaco en las demás tiendas. Además, se está acabando el dinero en efectivo en los cajeros.

Fuera de Asjabad la situación es más cruda. Como hay más escasez de alimentos, los turkmenos se desplazan en automóvil hasta la capital para comprarlos allí. En el camino de vuelta, los controles de policía detienen a aquellos autos con matrículas que no son de Asjabad y, si encuentran comida que se ha comprado en tiendas estatales, se les multa.

El Gobierno turkmeno no hace públicos los datos del desempleo, pero según los no oficiales el 60% de la población no tiene trabajo y el dependiente de una tienda cobra al mes fácilmente 142 dólares. A eso se le añade que solo permita salir del país a los mayores de 40 años.

¿Qué está pasando?

Las causas de la profunda crisis en la que está sumido Turkmenistán son varias. Una de ellas es la pesada carga en la que se han convertido los faraónicos proyectos de infraestructuras en los que se ha metido el Estado. En 2016 se abrió en Asjabad un aeropuerto con la forma de halcón que costó al país 2.300 millones de dólares. Los Juegos Asiáticos de 2017 que se celebraron en Turkmenistán costaron a la república 5.000 millones de dólares y otros tantos millones de dólares se gastaron para construir un complejo turístico a orillas del mar Caspio al que los turkmenos, valga decir, nunca van.

Sí, Turkmenistán es el cuarto país en reservas de gas natural, pero no tiene quien se lo compre. En el pasado se lo vendía a Rusia, Irán y China. Hoy solo se lo compra el gigante asiático. Rusia cerró su mercado en 2016 debido a un accidente en la parte turcomana del gasoducto Asia Central-Centro por el que los turkmenos responsabilizaron a Moscú.

En 2017, después de las acusaciones de impago de la deuda, los envíos a las provincias del norte de Irán cesaron. Así las cosas, el 94% de las exportaciones totales de gas turcomano se destina ahora a China. Podría ser una buena noticia si no fuese porque Turkmenistán tiene deudas pendientes con el país y porque las paga con el gas que exporta, subraya Izvestia.

Gurbangulí Berdimujamédov

Así las cosas, la situación en este país oriental “recuerda a la catástrofe económica” en Venezuela. El país es también rico en combustible fósil y aun así falta comida, hay disturbios masivos y la inflación supera porcentajes de decenas de miles.

A falta de poderlo hacer de otra forma, los turcomanos están haciendo como los venezolanos, explica Izvestia: “Están votando con las piernas, yéndose del país para buscar trabajo”. En un par de años abandonarán Turkmenistán 2,3 millones de personas, según la ONU. En un país con solo 5,5 millones de habitantes. El Gobierno sigue estando donde está, pero “el hambre y la pobreza pueden cambiar las cosas”, explica Izvestia.

“Hace mucho que exterminaron a la oposición secular, así que el discurso [contra el Gobierno] lo pueden acabar liderando los extremistas religiosos (…) A Berdimujamédov le será más difícil luchar contra ellos que contra la libertad en Internet y contra los canales de televisión extranjeros”, advierte.

Sputnik

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!
A %d blogueros les gusta esto: