Vergüenza y dolor

Amando a su país no quita sentir vergüenza y dolor por algunas cosas que pasan. En cuanto a la República de Irlanda y la visita del papa Francisco varias semanas atrás, no se pudo ignorar la desilusión de muchos grupos sobre la actuación de los obispos, el clero y religiosos/as en el pasado y en el presente aún. El dolor de víctimas de sacerdotes pederastas que violaron a niños, niñas y jóvenes fue evidente en las denuncias y llamados al Papa de castigar a los criminales bajo el lema de “hechos, no palabras”. Las asociaciones de sobrevivientes no aceptaron las palabras de perdón o remordimiento y esperan acción por parte del Papa.

Antiguo convento en Tuam

Palpable el dolor de gente que pasaron por las instituciones administradas por congregaciones de monjas y hermanos religiosos. Pero quizás lo que más resaltó durante la visita fue el dolor sentido por la historia de lo que pasó en un pueblito de Irlanda llamado Tuam, donde se había descubierto los restos de infantes en un convento llamado hogar de madre e hijo. Fue una institución típica de la Irlanda de entonces que recibía a madres solteras con sus hijos “bastardos” rechazados por las familias y vecinos por razones religiosas. La Sra. Catherine Corless, una historiadora aficionada empezó a estudiar el caso. Una juez se interesó y a pesar de la oposición de la Iglesia y el Vaticano, abrió una investigación para saber la verdad. La ministra de la Niñez también comentó oficialmente al Papa sobre el caso de casi 800 niños que murieron en el hogar entre 1925 y 1961.

El periódico The Irish Times cuestionó en 2014 el aspecto sensacional que le dio la prensa y los tabloides a la historia alegando en titulares que las monjas habían “arrojado” las muertes en un tanque séptico. La historiadora se quejó que nunca utilizó la palabra “arrojado”. En su investigación la Sra. Corless dijo que entre 2011 y 2013 ella pagó cuatro euros por cada certificado de muerte que consiguió en los servicios públicos totalizando €3.184.

Catherine Corless

Según los informes oficiales los niños fallecidos entre aquel periodo murieron de una cantidad de enfermedades como tuberculosis, convulsiones, sarampión, influenza, bronquitis, meningitis y tosferina entre otras enfermedades, reflejando un período en Irlanda cuando la mortalidad infantil en general fue mucho más alta que hoy día, sobre todo en instituciones donde cualquier infección se convertía en epidemia. La historiadora descubrió que no había archivos de entierro de los niños y que no fueron sepultados en cementerios públicos locales; concluyó que muchos niños fueron sepultados en un lugar no oficial en el patio del hogar.

Cuenta en su investigación que el hogar antes era un asilo para pobres construido en 1840 y después de estar descontinuado el edificio, las monjas lo asumieron para fundar el hogar en 1925 hasta 1961. El edificio lo derrumbaron años después para construir una nueva urbanización y parque. La Sra. Corless se interesó cuando algunos niños locales saltaron la cerca y contaron que habían visto algunos esqueletos. La historiadora niega que hubiera unos 800 esqueletos en el pozo séptico y que no supiera de dónde sacaron los periódicos esa noticia. El tanque séptico existía cuando funcionaba la vieja casa de los pobres.

Protestas en Irlanda

La visita del Papa resucitó el período oscuro en la historia de Irlanda, donde predominaba el maltrato y abuso sexual en muchas instituciones que el Estado cedió a la Iglesia. No se puede culpar solo a la Iglesia y a su doctrina pervertida de sexualidad sin incluir la conchupancia y colaboración de funcionarios, médicos y políticos de la Irlanda católica. Dejaron el trabajo de bienestar a las congregaciones. Hubo gente que denunciaba el maltrato pero fueron silenciados. Las familias tampoco deben exculparse y pedir ignorancia; su sumisión al clero los vio lavarse las manos de hijas que daban a luz fuera del matrimonio. Aceptaron que la Iglesia y el Estado llevaran a los niños (y a las madres) poniéndoles en instituciones conocidas como lugares donde reinaba la disciplina y poca humanidad, mientras otras volvieron buscando las custodias de sus hijos pero las monjas se las negaron. Las congregaciones recibieron entradas económicas actuando como agencias de adopción para parejas católicas en EEUU etc., o enviando a los niños bajo su cuidado a fincas industriales en Australia y Canadá.

Conociendo las prácticas religiosas de la época todos los niños nacidos fueron bautizados y es difícil creer que las religiosas del hogar de madre e hijo en Tuam habían irrespetado los cuerpos de los niños muertos. Las asociaciones piden exhumación de los cuerpos y más dinero para terminar la investigación y saber realmente qué les pasó a los inocentes.

Como dije, el amor que tiene uno por la patria también se acompaña con dolor y pena y en el caso personal agradecimiento por haber evadido ese periodo negro de Irlanda.

Patrick O´donoghue

Patrick.vheadine@gmail.com

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